Soros financia con USD 250.000 a una ONG británica que presiona para silenciar medios conservadores
Documentos recientes revelan que la Open Society Foundations, la red globalista de George Soros, otorgó en 2023 un subsidio de 250.000 dólares al Center for Countering Digital Hate (CCDH), una organización con sede en el Reino Unido y EEUU que se dedica a presionar a plataformas y anunciantes para castigar a medios e influencers críticos del progresismo. El caso vuelve a exhibir cómo la censura se terceriza en ONGs “antiodio” financiadas por grandes fundaciones.
George Soros, billionaire and founder of Soros Fund Management LLC, pauses while speaking at an event on day three of the World Economic Forum (WEF) in Davos, Switzerland, on Thursday, Jan. 23, 2020. World leaders, influential executives, bankers and policy makers attend the 50th annual meeting of the World Economic Forum in Davos from Jan. 21 - 24. Photographer: Simon Dawson/Bloomberg via Getty Images.
¿Quién es el CCDH y por qué preocupa su financiamiento?
El Center for Countering Digital Hate (CCDH) es una ONG británico–estadounidense creada en 2018 que se presenta como una entidad dedicada a “frenar el odio y la desinformación” en redes sociales.
En la práctica, sus campañas se centran en:
- Señalar cuentas y medios a los que acusa de “odio” o “fake news”.
- Presionar a plataformas y anunciantes para que desmoneticen, restrinjan o directamente expulsen a esos actores.
- Integrar coaliciones como Stop Hate for Profit, que busca castigar económicamente a empresas que permitan contenidos que ellos consideran “problemáticos”.
Entre sus blancos habituales aparecen medios conservadores como The Daily Wire y figuras críticas del discurso oficial sobre clima, vacunas o inmigración.
El aporte de Soros: 250.000 dólares para “apoyo general”
Según documentación financiera revisada por medios como The National Pulse y Human Events, la Open Society Foundations (OSF) concedió en 2023 al CCDH una subvención de 250.000 dólares catalogada como “general support” (“apoyo general”).
Es decir:
- No se trata de un proyecto puntual, sino de dinero para sostener la estructura global de la ONG.
- El aporte se produjo en paralelo a las campañas del CCDH para presionar a anunciantes y big tech contra contenidos etiquetados como “odio” o “desinformación”, que en la práctica afectan sobre todo a medios e influencers de derecha.
La OSF, buque insignia del entramado globalista de Soros, presenta estos programas como parte de su lucha por “sociedades abiertas” y contra el “discurso de odio”. Sus críticos señalan que, en realidad, funcionan como una red de comisarios ideológicos que decide qué se puede decir y qué no en internet.
Censura tercerizada: cómo opera el “modelo CCDH”
El CCDH no tiene poder legal para cerrar cuentas ni medios. Su fuerza reside en otra cosa:
- Informes “técnicos”
Publica estudios y rankings donde lista a quienes considera “superspreaders” de odio o desinformación (por ejemplo, el famoso “Disinformation Dozen” contra referentes escépticos de las políticas Covid). Esos documentos se venden como “evidencia científica”. - Presión sobre anunciantes
Luego, la ONG contacta a grandes marcas y agencias de publicidad y las acusa de financiar odio por pautar en esos sitios. El objetivo es claro: quitarles ingresos a los medios que no se alinean con la agenda progresista. - Lobby sobre gobiernos y reguladores
Sus informes son usados por gobiernos y organismos internacionales como insumo para justificar regulaciones más duras sobre “discursos dañinos” en redes. El propio CCDH presume de haber influido en políticas públicas en Reino Unido, la Unión Europea y Norteamérica. - Alianzas con otras ONGs y fact-checkers
El modelo se completa con una red de organizaciones “antiodio” y “verificadores de datos”, muchas de ellas también financiadas por grandes fundaciones globalistas, que se legitiman entre sí y conforman un ecosistema cerrado de poder informativo.
Desde una mirada liberal, el resultado es un esquema de censura privatizada:
no hace falta que el Estado prohíba una opinión; basta con que una ONG bien financiada la tache de “discurso de odio” y logre que las plataformas y anunciantes la castiguen.

Bajo la lupa del Congreso de EEUU… pero blindado por la justicia
El crecimiento del CCDH no pasó desapercibido en la política estadounidense. En 2023, el presidente de la Comisión de Justicia de la Cámara de Representantes, Jim Jordan (Partido Republicano), abrió una investigación sobre el rol de ONGs como el CCDH en posibles esquemas de censura coordinada con el gobierno de Joe Biden.
Jordan pidió a la organización que entregara:
- comunicaciones con la Casa Blanca y agencias federales,
- intercambios con plataformas como Facebook, Google o X,
- y detalles sobre sus financistas y socios.
El CCDH negó cualquier acuerdo de censura gubernamental y se presentó como una ONG “no partidaria” que solo combate el odio.
Al mismo tiempo, Elon Musk y su empresa X (ex Twitter) demandaron al CCDH en 2023, acusándolo de manipular datos para dañar la reputación de la plataforma y espantar anunciantes.
En marzo de 2024, un juez federal de California desestimó la demanda, al considerar que el verdadero objetivo de X era “castigar” a la ONG por sus informes y que sus publicaciones estaban protegidas por la Primera Enmienda.
Es decir: mientras en el Congreso hay preocupación por la influencia de estas organizaciones en la censura de contenidos, en el terreno judicial se las protege como actores de “investigación y opinión”.
Opinión: Soros y el nuevo aparato global de censura “progresista”
Desde la óptica de El Liberador, el dato de los 250.000 dólares de Soros al CCDH no es un episodio aislado, sino un síntoma de algo mayor:
- La censura ya no se presenta con uniforme estatal, sino con logos de ONGs “por la tolerancia”, think tanks “contra el odio” y supuestos “verificadores de datos”.
- Ese entramado está financiado por grandes fundaciones globalistas, que concentran poder económico y cultural y lo usan para empujar una única visión del mundo: clima, género, migraciones, salud, política exterior… todo bajo el mismo catecismo ideológico.
- El resultado práctico es que se castiga, se silencia o se demonetiza cualquier voz que cuestione esa agenda, especialmente medios e influencers conservadores, libertarios o soberanistas.
En términos liberales, no se trata solo de un debate sobre “filtros” o “moderación”. Se trata de un problema de competencia y de captura del espacio público:
- Cuando unas pocas fundaciones multimillonarias financian a quienes deciden qué es “odio” y qué es “verdad”,
- y esas mismas organizaciones presionan a las plataformas donde se informa medio planeta,
- lo que tenemos es un oligopolio ideológico disfrazado de filantropía.
¿Y Argentina?
Aunque el CCDH sea británico y la OSF opere a escala global, el modelo ya se está importando al mundo hispano: fact-checkers financiados por fundaciones extranjeras, observatorios del “discurso de odio” que piden leyes cada vez más duras, y proyectos de regulación de redes que hablan de “desinformación” pero nunca aclaran quién define la verdad.
Para un país que intenta salir del estatismo, la lección es clara:
La libertad de expresión no se pierde solo con leyes mordaza; también puede ir muriendo a manos de ONGs bien financiadas que actúan como policía del pensamiento.
El caso Soros–CCDH deja al descubierto la arquitectura de ese sistema:
dinero globalista, ONGs que etiquetan, plataformas que obedecen y gobiernos que se benefician del trabajo sucio.
La respuesta, desde una perspectiva liberal, pasa por más transparencia sobre quién financia a quién, competencia real de medios e ideas, y una defensa firme del derecho a opinar sin ser expulsado del espacio público por un “comité del odio” con sello británico y cuentas pagadas en dólares.
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