Villa Constitución: los concejales libertarios arrancaron su mandato atacando frontalmente los privilegios políticos
En la sesión de asunción, Matías Tomasi y Marianela de los Santos (La Libertad Avanza) rompieron el libreto clásico de aplausos y discursos vacíos: llevaron un pliego de reclamos concretos para recortar gastos, transparentar el Concejo y terminar con las “zonas de confort” de la política local.
La jura de los nuevos concejales en Villa Constitución parecía destinada a ser lo de siempre: discursos de ocasión, agradecimientos, selfies, abrazos, sonrisas, flores y reconocimientos cruzados entre dirigentes.
Y durante varios minutos, fue exactamente eso. Los ediles salientes y entrantes fueron tomando la palabra para saludar, agradecer a la familia, al partido y al vecino, en una escena más parecida a una ceremonia interna de autopremiación que a una instancia institucional de trabajo público.
Hasta que les tocó el turno a los concejales de La Libertad Avanza, Matías Tomasi y Marianela de los Santos. Ahí el clima cambió.

De la jura al trabajo: Tomasi llevó a la sesión el reclamo que votaron los vecinos
Lejos del tono emotivo y autocomplaciente, Tomasi –jefe de bloque libertario– decidió usar su primer discurso no para agradecer sino para exigir cambios.
El mensaje fue claro: si la mayoría de los villenses eligió la opción libertaria para terminar con los privilegios de la política, ese mandato debía empezar a cumplirse desde el minuto uno, en el propio recinto donde se decide el gasto público local.
Por eso, en lugar de hablar de sí mismo, Tomasi empezó a hablar de los vecinos, del dinero de los contribuyentes y del funcionamiento del Concejo. Y plantó una serie de propuestas concretas para ser tratadas en las primeras sesiones:
- Fin del alquiler del inmueble del Concejo: Tomasi cuestionó que el Concejo Deliberante funcione en un edificio alquilado a precio elevado, y fue más allá: rechazó de plano la idea –ya conversada en la política local– de comprar ese inmueble por unos 500 mil dólares. Propuso, en cambio, usar oficinas municipales en desuso para sesionar, como gesto mínimo de austeridad y respeto por el esfuerzo fiscal de los vecinos.
- Eliminar la palabra “Honorable” del Concejo: apoyado en el sentido original del término, recordó que honorable no remite a quienes administran fondos públicos y quitan de ahí dinero para pagarse a sí mismos. Esa acción no representa honor ni mucho menos ser digna de respeto. Es decir, alguien honorable presta un servicio no por dinero, sino por prestigio, reconocimiento o vocación,
- Fin de los “recesos eternos” y trabajo real todo el año: Tomasi denunció que el Concejo ha tenido lapsos de inactividad de casi tres meses, mientras los problemas de la ciudad no tienen vacaciones. Reclamó que se trabaje todos los días que haga falta y se sesione con mayor frecuencia, “para justificar el sueldo y el rol de representación” que la ciudadanía les delegó.
- Un Concejo abierto de verdad a los vecinos: criticó que el órgano deliberativo no se viva –en los hechos– como una casa abierta a los ciudadanos. Planteó la necesidad de abrir las puertas, facilitar el acceso y promover la participación, para que el Concejo deje de ser una burbuja política y se convierta en un ámbito de control y debate ciudadano real.
- Comisiones grabadas y transmitidas: uno de los puntos más fuertes fue el pedido de que las reuniones de comisión puedan ser grabadas y transmitidas, para que los vecinos vean cómo se discuten los proyectos, quién defiende qué, quién se opone y quién simplemente calla. Es decir, colocar luz donde la política local siempre prefirió operar a puertas cerradas.

Resistencia suave, pero primer triunfo: el oficialismo recoge (a medias) el guante
Las intervenciones libertarias no pasaron desapercibidas. La nueva presidente del Concejo, Carla Bertero de Unidos, visiblemente incómoda por el golpe directo al statu quo, respondió, luego de unas palabras de elogio al gobernador Maximiliano Pullaro, con una frase que buscó desactivar la crítica: “Se trabajará, y eso ya nos hace honorables”.
La réplica dejó ver dos cosas al mismo tiempo:
- Un desconocimiento (o subestimación) del origen y sentido del término “honorable”, que no tiene que ver solo con “trabajar”, sino con la renuncia a los privilegios y al uso discrecional de los fondos públicos.
- Un reconocimiento tácito de que habrá más trabajo y sesiones extraordinarias, algo que, en los hechos, supone una primera victoria política para Tomasi en su debut: el simple hecho de plantear el tema ya obligó al oficialismo a prometer más actividad y menos descanso.
De bastión peronista a laboratorio libertario
Villa Constitución fue, durante décadas, un reducto históricamente peronista, moldeado por una lógica estatista y proteccionista que convivió con el deterioro social y comercial de la ciudad, el declive de empresas locales y la persistencia de la pobreza y la informalidad.
La irrupción de La Libertad Avanza en el Concejo –y el tono del discurso inaugural de Tomasi– marcan un quiebre simbólico:
- Se terminó la tradición de la jura como fiesta de la política para la política.
- El costo de la política local, los privilegios y la opacidad pasaron a estar en el centro de la escena.
- Y el bloque libertario dejó claro que viene a alinearse con la línea nacional del presidente Javier Milei y de la diputada Romina Diez: menos gasto político, más transparencia y un mensaje directo a la casta municipal.
La sesión de jura fue, esta vez, algo más que una foto institucional: fue el primer round de una disputa de fondo entre la vieja cultura política del “Honorable Concejo” y una nueva fuerza que llegó prometiendo recortes, control y fin de los privilegios.
Si la presión libertaria se sostiene en el tiempo, Villa Constitución podría convertirse en un caso testigo de hasta dónde está dispuesta la política local a resignar privilegios… o a defenderlos con uñas y dientes.
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