Cayó el gobierno de Bulgaria tras masivas protestas contra la corrupción y el alza de impuestos
El primer ministro de Bulgaria presentó su dimisión tras varios días de movilizaciones multitudinarias. La ciudadanía expresó un profundo cansancio frente a los reiterados casos de corrupción y frente a un presupuesto que contemplaba incrementos impositivos considerados excesivos. Las protestas dejaron en claro que la sociedad búlgara rechaza tanto la falta de transparencia como la creciente presión fiscal.
El gobierno de Bulgaria presentó su renuncia este jueves luego de varios días de protestas masivas que reunieron a más de 100.000 personas en el centro de Sofía y en otras ciudades del país. La presión popular estalló tras el anuncio del presupuesto 2026 —redactado por primera vez en euros— que incluía incrementos en impuestos, en contribuciones a la seguridad social y un aumento del gasto estatal, medidas que fueron interpretadas como un retroceso económico en la antesala de la entrada de Bulgaria a la Eurozona el próximo 1 de enero.
El primer ministro Rosen Zhelyazkov anunció la dimisión de su gabinete minutos antes de que el parlamento debatiera una nueva moción de censura. “Escuchamos la voz de los ciudadanos. Las decisiones de la Asamblea Nacional solo tienen sentido cuando reflejan la voluntad del pueblo”, afirmó el mandatario.
Un reclamo que desbordó las calles
Las movilizaciones comenzaron días atrás, pero estallaron con fuerza el último miércoles, cuando entre 50.000 y 110.000 manifestantes colmaron el centro de Sofía. La protesta se concentró en el corazón político del país, entre la plaza de la Independencia y la zona conocida como el Triángulo del Poder, donde se encuentran el parlamento, la sede del gobierno y la presidencia, proyectando en la fachada del parlamento mensajes como “Resignación” y “Mafia Out”.
Las protestas se habían iniciado semanas atrás por denuncias de corrupción y supuestos vínculos del gobierno con figuras cuestionadas como Delyan Peevski, sancionado por Estados Unidos y el Reino Unido. La publicación del presupuesto 2026 —que implicaba alzas impositivas para financiar un mayor gasto estatal previo a la adopción del euro— potenció el enojo social y lo volvió imparable.

El presupuesto que encendió la chispa: aumentos de impuestos, más gasto estatal y medidas para la Eurozona
La aprobación del presupuesto para 2026, redactado por primera vez completamente en euros, fue el punto de inflexión que convirtió el malestar social en una movilización masiva.
El presupuesto incluía:
- Subas de impuestos.
- Aumentos en las contribuciones a la seguridad social.
- Más gasto estatal para cumplir con los requisitos de la Eurozona.
- Carga fiscal adicional sobre empresas y dividendos.
- Reestructuración del gasto público sin reducción del tamaño del Estado.
La sociedad búlgara, golpeada durante años por bajos salarios, inflación y un nivel de pobreza que sigue siendo uno de los más altos de la Unión Europea, consideró que este paquete era un intento de trasladar a trabajadores y ciudadanos comunes el costo del ingreso al euro.
Lo que para el gobierno era un “presupuesto de transición hacia la estabilidad”, para la gente fue una señal de alerta: el Estado pedía más dinero sin ofrecer mejoras reales y sin frenar la corrupción.
La indignación escaló de tal forma que, hace apenas una semana, el gobierno se vio obligado a retirar el presupuesto, pero el gesto ya era insuficiente.
Un país en tensión antes de ingresar al euro
El gobierno de Zhelyazkov había sobrevivido a cinco mociones de censura desde enero. Sin embargo, esta vez el escenario era diferente. El propio presidente de Bulgaria, Rumen Radev, pidió públicamente la renuncia del gabinete, respaldando las marchas.
A pesar de la crisis política, la adhesión de Bulgaria a la Eurozona no está en riesgo, según adelantaron fuentes europeas. Sin embargo, el proceso avanza en medio de una fuerte desconfianza pública hacia las instituciones, tras años de inestabilidad política y siete elecciones nacionales en cuatro años.
La renuncia deberá ser formalizada este viernes ante el parlamento, que deberá convocar a las fuerzas políticas para intentar la formación de un nuevo gobierno provisional. Si no hay acuerdos, el país podría encaminarse nuevamente a elecciones.
El pueblo búlgaro marcó un límite
La caída del gobierno búlgaro deja una señal contundente: la sociedad ya no está dispuesta a tolerar ni la corrupción enquistada ni las subidas de impuestos que recaen siempre sobre los ciudadanos para sostener un Estado cada vez más costoso y opaco. Las marchas en Sofía demostraron que, cuando la clase política se desconecta de la realidad y avanza con medidas que castigan a trabajadores y jubilados mientras protege intereses oligárquicos, la gente responde con fuerza. Bulgaria entra en la Eurozona, pero lo hace con un mensaje inequívoco: sin transparencia y sin alivio fiscal, no hay estabilidad posible.
