Evo Morales desata ola de bloqueos y violencia contra el gobierno democrático de Rodrigo Paz
La crisis boliviana ya provocó una fuerte tensión diplomática internacional luego de que el gobierno de Rodrigo Paz expulsara a la embajadora colombiana por las declaraciones de Gustavo Petro en apoyo a las protestas impulsadas por sectores ligados a Evo Morales. Mientras el país enfrenta violencia, bloqueos y desabastecimiento
La crisis política y social en Bolivia escaló este miércoles a un nuevo nivel, con enfrentamientos, bloqueos masivos, amenazas a personal médico, desabastecimiento y una fuerte tensión diplomática regional. Mientras el presidente Rodrigo Paz intenta sostener un programa de reformas económicas tras dos décadas de gobiernos socialistas del MAS, sectores afines al expresidente Evo Morales intensificaron las protestas para exigir la caída del gobierno.
La administración boliviana denunció ante la Organización de los Estados Americanos que existe un intento coordinado de “desestabilización institucional” impulsado por grupos políticos y sindicales ligados al viejo aparato del Movimiento al Socialismo (MAS), partido que gobernó el país durante casi veinte años.
El canciller boliviano Fernando Aramayo sostuvo que las movilizaciones “buscan debilitar al gobierno y romper el orden democrático”, en referencia a los cortes de ruta, las marchas violentas y los intentos de avanzar sobre edificios públicos en La Paz.
Un país paralizado por los bloqueos

La situación en Bolivia se deteriora día tras día. Los bloqueos ya afectan rutas estratégicas en Cochabamba, Santa Cruz, Yapacaní y San Julián, frenando el transporte de alimentos, combustible y medicamentos.
En varias ciudades comenzaron a registrarse faltantes graves de productos básicos. En La Paz, ciudadanos denunciaron largas filas para conseguir pollo, aceite, harina y combustible, mientras comerciantes alertan sobre aumentos extremos en los precios.
Sectores exportadores y transportistas denunciaron pérdidas millonarias y acusaron a los grupos movilizados de utilizar a la población como rehén político.
El presidente de la Cámara de Exportadores de Santa Cruz, Oswaldo Barriga, afirmó que los bloqueos “están destruyendo la economía de los bolivianos” y señaló que detrás de las protestas existen claros intereses políticos ligados al retorno del MAS.
Los transportistas también alertaron sobre una situación crítica. “Día que no trabajamos, no comemos”, sostuvo el dirigente Luis Añez, quien pidió intervención policial inmediata para liberar las carreteras.
Violencia y amenazas

La tensión alcanzó un punto alarmante cuando bloqueadores en Huayllani amenazaron con quemar vivos a profesionales de la salud.
Según las denuncias, una doctora, dos enfermeras y dos médicos internistas fueron retenidos por manifestantes, obligados a bajar de un vehículo y amenazados con ser incendiados junto al automóvil bajo acusaciones de filmar los piquetes.
Los agresores revisaron sus celulares, borraron archivos y los intimidaron hasta que una patrulla policial logró intervenir y rescatarlos.
El episodio generó fuerte indignación en sectores urbanos que comienzan a ver las protestas no como reclamos sociales espontáneos, sino como acciones de coerción política impulsadas por sectores radicalizados.
El gobierno de Paz sostiene que detrás de la crisis se encuentra la estructura política construida durante los años del MAS y particularmente el núcleo duro leal a Evo Morales.
Morales permanece oculto en la región del Chapare desde fines de 2024 y enfrenta acusaciones judiciales por presunto abuso sexual de una menor durante su mandato presidencial. Pese a ello, sus seguidores continúan movilizados y exigen su regreso político.
La administración boliviana considera que el expresidente intenta forzar un escenario de caos para recuperar influencia luego de haber sido inhabilitado para volver a competir electoralmente.
Para amplios sectores de la sociedad boliviana, el conflicto actual refleja la resistencia del viejo aparato político a perder privilegios luego de dos décadas de control estatal, sindical y territorial.
Crisis diplomática con Colombia

La situación interna derivó además en un conflicto diplomático regional.
El gobierno boliviano expulsó a la embajadora colombiana Elizabeth García y la declaró “persona non grata” tras las reiteradas declaraciones del presidente colombiano Gustavo Petro en apoyo a las protestas.
Petro calificó las movilizaciones como una “insurrección popular” y acusó al gobierno boliviano de responder a intereses geopolíticos externos.
La reacción de La Paz fue inmediata. El canciller Aramayo denunció “injerencia directa en asuntos internos bolivianos” y acusó a Petro de respaldar movimientos desestabilizadores.
La expulsión marca uno de los momentos de mayor tensión diplomática entre ambos países en los últimos años y evidencia el nuevo alineamiento internacional del gobierno de Paz, mucho más cercano a Estados Unidos y alejado del eje regional de izquierda que dominaron Morales, Maduro y Petro.
El respaldo de Washington
Mientras crece la presión callejera, el gobierno boliviano recibió un fuerte respaldo de Estados Unidos.
Funcionarios norteamericanos respaldaron públicamente a Rodrigo Paz y coincidieron en que existen intentos de desestabilización impulsados por sectores ligados al antiguo poder político del MAS.
Washington observa con atención el giro político boliviano luego de veinte años de predominio socialista y considera estratégico sostener al nuevo gobierno frente a los intentos de desorden interno.
La nueva administración boliviana además reanudó vínculos plenos con Israel y reforzó relaciones con Estados Unidos, alejándose de las alianzas tradicionales que el MAS mantenía con Rusia, Irán y Venezuela.
Un país dividido
Rodrigo Paz asumió hace menos de seis meses prometiendo estabilizar la economía más golpeada de Bolivia en cuarenta años. La eliminación de subsidios al combustible y el intento de ordenar las reservas estatales provocaron un fuerte impacto social inmediato, pero el gobierno sostiene que las reformas son necesarias para evitar el colapso definitivo heredado de años de gasto público y deterioro estructural.
Hoy Bolivia aparece atrapada entre una crisis económica severa y una batalla política de fondo: el choque entre el nuevo gobierno liberal y los sectores ligados al viejo modelo del MAS.
Mientras continúan los cortes, la violencia y las presiones internacionales, el país enfrenta uno de los momentos más delicados desde la caída política de Evo Morales.
