Allanamientos, fuga frustrada y un entramado millonario: el caso Faroni expone el circuito oculto de la AFA y sus vínculos con el kirchnerismo

Allanaron la casa de Javier Faroni en el marco de una causa que investiga desvío millonario de fondos de la AFA. El empresario, con vínculos políticos con Sergio Massa y relación directa con Claudio “Chiqui” Tapia, aparece en el centro de un esquema de manejos financieros opacos y circuitos paralelos de dinero vinculados a la conducción del fútbol argentino.

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Sergio Massa y Javier Faroni

La Justicia federal avanza sobre una de las investigaciones más sensibles de los últimos años en el fútbol argentino. Por orden del juez Luis Armella, fueron allanadas la casa del empresario Javier Faroni en Nordelta y las sedes de la AFA en Viamonte y Ezeiza, en el marco de una causa por lavado de dinero, triangulación de fondos al exterior y desvío millonario de ingresos institucionales a través de la empresa TourProdEnter LLC, que habría administrado más de USD 260 millones provenientes de contratos internacionales vinculados a la Selección Argentina.

El operativo judicial incluyó, además, la interceptación de Faroni en Aeroparque, cuando intentaba viajar a Uruguay en un vuelo privado. No quedó detenido, pero fue notificado de la prohibición de salida del país. Durante el procedimiento, habría intentado descartar un teléfono celular; los agentes recuperaron el chip, ahora bajo peritaje.

Las medidas fueron solicitadas por la PROCELAC y la fiscal Cecilia Incardona, y apuntan a desentrañar un circuito financiero que combina sociedades offshore, empresas fantasma, cuentas bancarias en Estados Unidos y transferencias millonarias sin trazabilidad clara, bajo la órbita de la conducción de la AFA.

Detrás del entramado aparece un triángulo político-empresarial que incomoda a varios sectores: Javier Faroni, Claudio “Chiqui” Tapia y Sergio Massa. Una relación que combina negocios, confianza política y poder acumulado en silencio, mientras parte del dinero del fútbol —patrimonio simbólico y cultural del país— habría terminado en circuitos privados, lujosos y difíciles de justificar.

TourProdEnter: la pieza central del esquema financiero

TourProdEnter LLC fue creada en Florida en 2021 y, en tiempo récord, se convirtió en agente comercial exclusivo de la AFA en el exterior. Esta empresa está registrada a nombre de la esposa de Faroni, Érica Gillette, que fue designada como agente comercial de la AFA en el exterior, con facultades para cobrar sponsors, administrar pagos internacionales y girar excedentes a la sede central. Sin embargo, buena parte de esos movimientos no habrían ingresado a las cuentas institucionales y habrían sido derivados a sociedades radicadas en Estados Unidos sin actividad real, algunas vinculadas a personas de bajos recursos utilizadas como prestanombres, lo que consolidó la hipótesis de un circuito paralelo de fondos.

Los registros bancarios obtenidos mediante medidas judiciales en Estados Unidos muestran movimientos por más de USD 260 millones en bancos como Bank of America, Citibank, Synovus y JP Morgan. Dentro de ese volumen se detectaron al menos USD 42 millones derivados a estructuras empresarias opacas, con trazabilidad fragmentada, transferencias cruzadas y pagos a firmas relacionadas con integrantes de la estructura dirigencial de la AFA. Los investigadores sostienen que el esquema pudo haber funcionado como un sistema de recaudación externa sin controles reales, con una administración privada de recursos que debían formar parte del patrimonio institucional del fútbol argentino.

La empresa manejó:

  • ingresos de sponsors internacionales (principalmente Adidas),
  • cobros de AFA Play y plataformas digitales,
  • recaudación de partidos y giras internacionales de la Selección.

Registros obtenidos por la Justicia estadounidense revelan movimientos por más de USD 260 millones en cuentas del Bank of America, Citibank, Synovus y JP Morgan.

Pero al menos USD 42 millones habrían sido derivados a cuatro sociedades radicadas en Florida sin actividad real, cuyos titulares serían personas de bajos recursos en Bariloche, presuntos prestanombres:

  • Soagu Services LLC
  • Marmasch LLC
  • Velp LLC
  • Velpasalt Global LLC

Para los investigadores, el circuito configura triangulación de fondos y lavado de activos.

Casa allanada de Faroni en Nordelta

Un empresario del círculo Massa que terminó manejando millones del fútbol

Antes de convertirse en pieza clave del esquema financiero bajo investigación, Faroni fue un nombre conocido en el mundo teatral, pero también en la política. Fue diputado bonaerense del Frente Renovador, el espacio de Sergio Massa, y luego integró el directorio de Aerolíneas Argentinas durante el gobierno de Alberto Fernández, un área estratégica controlada por el massismo dentro del dispositivo kirchnerista.

Ese recorrido político —lejos de ser un dato menor— explica en parte cómo terminó unido al corazón del negocio del fútbol argentino. Según reconstruyen fuentes judiciales, la confianza política lo acercó a la cúpula de la AFA, donde se consolidó un vínculo directo con Claudio “Chiqui” Tapia. De allí surge TourProdEnter LLC que en tiempo récord se convirtió en agente comercial y financiero de la AFA en el exterior.

El contrato le permitió a TourProdEnter cobrar sponsors, manejar ingresos de partidos internacionales, administrar pagos y, supuestamente, girar excedentes a la AFA. La Justicia ahora investiga qué porcentaje realmente llegó a la institución y qué parte habría sido derivada a sociedades sin actividad real, cuentas intermedias y estructuras financieras paralelas.

Relación con Tapia y delegación de poder sin controles

El vínculo entre Faroni y Claudio “Chiqui” Tapia fue clave para consolidar ese esquema. Bajo su conducción, la AFA delegó en TourProdEnter la gestión de una porción central de los ingresos internacionales del fútbol argentino, en un sistema que funcionó con opacidad contable, trazabilidad fragmentada y supervisión interna prácticamente nula. Los registros bancarios obtenidos mediante medidas de colaboración judicial en Estados Unidos muestran movimientos por más de USD 260 millones en cuentas del Bank of America, Citibank, Synovus y JP Morgan, y dentro de ese flujo aparecen transferencias por al menos USD 42 millones hacia sociedades fantasma controladas por supuestos prestanombres, además de pagos a firmas vinculadas a dirigentes del entorno de la AFA. Para los investigadores, el esquema revela una estructura económica informal que se consolidó bajo un liderazgo político que concentró poder y recursos sin rendición de cuentas.

Ese recorrido político explica su acceso privilegiado a contratos sensibles, su cercanía con Tapia y su inserción en un sistema donde negocios privados e influencia estatal avanzaron en paralelo. La causa no sólo pone bajo la lupa el manejo del dinero del fútbol, sino también una matriz de poder donde dirigentes y empresarios afines al kirchnerismo administraron recursos públicos e institucionales con discrecionalidad, redes offshore y beneficios privados.

Saqueo, poder y corrupción: el kirchnerismo y la degradación del fútbol y del Estado

Lo que emerge de esta causa no es solo un posible entramado de irregularidades alrededor de la AFA y sus operadores. Es el reflejo de un modelo de poder que marcó a fuego a la Argentina durante el ciclo kirchnerista: una lógica de apropiación del Estado, de captura de instituciones y de utilización de estructuras públicas y semipúblicas como herramientas de acumulación política, económica y territorial.

Durante años, el kirchnerismo construyó una red de poder que se extendió por ministerios, empresas estatales, universidades, medios, organismos de control… y también por el fútbol. No como política deportiva, sino como territorio de lealtades, negocios, favores y silencios. La cultura del “operador”, del gestor en las sombras, reemplazó a la gestión transparente. Lo que debía ser institucional se convirtió en patrimonial. Lo que debía servir al interés público terminó convertido en capital político y botín de facción.

El patrón se repite: concentración de decisiones, opacidad contractual, intermediarios innecesarios, fondos que circulan por fuera de los canales formales, gastos difíciles de justificar y un ecosistema de privilegios sostenido por vínculos partidarios y alianzas de conveniencia. No hablamos de hechos aislados, sino de una forma de gobernar. Una matriz de poder donde la cercanía al aparato político abría puertas, habilitaba negocios y blindaba responsabilidades.

En ese contexto, el fútbol no fue una excepción: fue una pieza más del engranaje. Una plataforma simbólica y económica que, lejos de estar al servicio de los clubes, los hinchas o el desarrollo deportivo, terminó contaminada por las mismas prácticas que deterioraron al Estado. El fútbol —patrimonio cultural de millones de argentinos— fue absorbido por la lógica del reparto, del amiguismo, del privilegio y de la discrecionalidad.

Si algo revela este escándalo es la consecuencia más grave de ese sistema: la naturalización del saqueo. La idea de que las instituciones no representan un bien común, sino un territorio disponible para facciones de poder. Y esa cultura política, promovida y tolerada durante años bajo la órbita del kirchnerismo, termina dejando un rastro de deterioro institucional, descreimiento social y corrupción enquistada.

Sayago
Julián Sayago
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