Se creará el cargo de Viceintendente en Rosario y Santa Fe: más gasto y control a concejos amparados en la autonomía

La “autonomía municipal” que impulsa Unidos en Santa Fe se vende como modernización, pero funciona como un caballo de Troya: habilita más cargos, más asesores y más gasto político. La creación del viceintendente en Rosario y Santa Fe no mejora la gestión; institucionaliza un comisario político para controlar los concejos y abrir una nueva caja financiada con impuestos, mientras los vecinos siguen esperando seguridad, obras e iluminación.

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Bajo el título seductor de “autonomía municipal”, el oficialismo santafesino —encabezado por la coalición Unidos para Cambiar Santa Fe— puso en marcha un proceso de reconfiguración estatal que, lejos de mejorar la vida cotidiana de los vecinos, consolida una estructura de gasto político sin precedentes. La reforma constitucional de 2025 y la nueva Ley Orgánica de Municipios no representan un avance institucional, sino una estafa a la sociedad, un kirchnerismo de buenos modales que busca blindar los privilegios de la casta política local moldeando el Estado a la medida de sus propios intereses.

La creación del cargo de viceintendente en Rosario y Santa Fe no responde a ninguna necesidad administrativa real. Es, lisa y llanamente, la apertura de una nueva línea de caja, un refugio para la burocracia partidaria que los santafesinos deberán financiar con más impuestos, menos servicios y mayor presión fiscal.


El pretexto de la autonomía para inflar la burocracia

La reforma del artículo 106 de la Constitución provincial, que reconoce la autonomía municipal, funciona como un auténtico caballo de Troya. Mientras el discurso oficial celebra la “libertad” de las ciudades para dictar sus propias Cartas Orgánicas, en la práctica se habilita la multiplicación de cargos, estructuras paralelas y verdaderas mini-gobernaciones en cada municipio.

La conversión de comunas en municipios autónomos obliga a pueblos pequeños a sostener aparatos legislativos y ejecutivos más complejos, costosos e innecesarios, ensanchando el peso del Estado sobre un sector privado ya asfixiado. En ese esquema, la viceintendencia aparece como el nuevo gran negocio de la casta santafesina.

No se trata de gestión, sino de control político. Unidos busca institucionalizar la figura de un verdadero comisario político al frente de los Concejos Municipales, rompiendo la independencia del Poder Legislativo local y transformándolo en una escribanía de lujo al servicio del intendente de turno.


Viceintendentes para controlar las cajas más grandes

Rosario y Santa Fe no fueron elegidas al azar. Son las dos cajas más grandes de la provincia y el epicentro del financiamiento político. Mientras los datos muestran que ambas ciudades tienen algunos de los concejos más caros del país, la respuesta del oficialismo no es ajustar el gasto, sino multiplicar secretarías, asesores y cargos jerárquicos.

Es una estafa a los vecinos: en lugar de ordenar el Estado, se agregan más sillas a la mesa del poder, mientras la ciudadanía sigue esperando seguridad, iluminación y obras básicas.


El viceintendente: un cargo de lujo para contener internas

La figura del viceintendente —que presidirá el Concejo Municipal— ha sido denunciada como un mecanismo de reparto de cargos entre los diez partidos que integran la coalición Unidos. Al imponer fórmulas conjuntas e indivisibles, se le quita al ciudadano la posibilidad de elegir libremente, obligándolo a votar un paquete cerrado diseñado en las oficinas partidarias.

El punto más grave es su facultad de desempate. Al presidir el cuerpo legislativo, el viceintendente tendrá la última palabra para aprobar aumentos de tasas o gastos discrecionales en concejos fragmentados. Esto lo convierte en un brazo directo del Ejecutivo, anulando cualquier atisbo de independencia legislativa.

Crear una viceintendencia implica sumar secretarías, asesores, choferes, partidas de protocolo y gastos superfluos que drenan recursos de las obras que los barrios realmente necesitan. Es una intervención política encubierta sobre el Poder Legislativo local.


La obscenidad del gasto legislativo en Rosario

Este nuevo cargo nace en un contexto de crisis de representación. Según informes de la Fundación Libertad (2025), Rosario ya ostenta uno de los concejos más caros del país:

  • Saturación de personal: el 68% del presupuesto legislativo se destina exclusivamente a sueldos y asesores.
  • Costo por concejal: cada edil le cuesta al vecino un promedio de $259 millones anuales.
  • Comparación escandalosa: mientras Córdoba gasta alrededor de $13.066 por habitante al año, Rosario trepa a $18.426, un 40% más.

Las prioridades están invertidas: mientras el pavimento, la seguridad y la iluminación escasean, las partidas de difusión y gastos discrecionales crecen por encima de la inflación.


Santa Fe capital: competir por quién gasta más

El despilfarro no es exclusivo de Rosario. La ciudad de Santa Fe compite palmo a palmo en la carrera por asfixiar al contribuyente. Según los mismos informes, el Concejo Municipal capitalino cuesta $705,4 millones por concejal al año, superando incluso a Rosario.

  • Presupuesto legislativo: $11.996 millones.
  • Comparación brutal: mientras sostener a 17 concejales cuesta casi $12.000 millones, el municipio destinó apenas $5.000 millones para arreglar calles en toda la ciudad.
  • Conclusión: la casta cuesta más del doble que tapar todos los pozos de Santa Fe.

La creación del viceintendente en este escenario solo profundiza la brecha entre una ciudadanía golpeada por la inseguridad y una dirigencia que se fabrica cargos a medida.


Una maniobra de Unidos para anclarse al poder

El proyecto para elegir viceintendentes en 2027 es una pieza clave de la estrategia de Maximiliano Pullaro y del armado político que también incluye a Pablo Javkin. El esquema busca:

  1. Blindar la sucesión: reelección del gobernador y fórmulas cerradas para atornillarse al poder.
  2. Controlar el quórum: eliminar el debate real y convertir los concejos en escribanías.
  3. Anular el castigo electoral: el votante no podrá rechazar a un viceintendente sin votar en contra del intendente.

El ciudadano como rehén

La creación de la viceintendencia y la reforma municipal reflejan a una dirigencia que prioriza su propia estabilidad por sobre el bienestar de los vecinos. Mientras Rosario y Santa Fe esperan seguridad, iluminación y servicios básicos, la política santafesina se dedica a diseñar cargos jerárquicos y sistemas electorales para garantizar su continuidad.

La autonomía debería ser una oportunidad para bajar impuestos y devolverle el poder a la gente, no para crear feudos políticos financiados por un bolsillo que ya no resiste más. La batalla por 2027 ya empezó, y el dilema es claro: seguir financiando la maquinaria de la casta o recuperar servicios, libertad y sentido común.

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Ludmila Radolovich
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