La inflación de 2025 cerró en 31,5% y marca el mejor dato en ocho años y un quiebre frente al modelo keynesiano

El IPC de diciembre fue 2,8% y el acumulado anual terminó en 31,5%, el registro más bajo desde 2017. Pese a una leve aceleración en el último tramo del año, el dato consolida la desinflación y refuerza la tesis del presidente Javier Milei: sin déficit y sin emisión para financiarlo, los precios dejan de correr como un incendio permanente.

Caputo MIlei

El dato: diciembre subió, pero el año terminó con el menor IPC en ocho años

El INDEC informó este martes 13 de enero de 2026 que la inflación de diciembre fue 2,8% y que 2025 acumuló 31,5%.
Es un número con peso político y económico: el 31,5% anual es el más bajo desde 2017, cuando el índice había cerrado en 24,8%.

Ahora bien, el cierre del año dejó una señal para mirar con atención: el 2,8% de diciembre implicó una aceleración frente a noviembre y se dio en un contexto típico de presión estacional por fiestas y ajustes de precios relativos.

Qué empujó los precios en diciembre

Según el desglose mensual difundido tras el dato oficial, las subas más fuertes se vieron en:

  • Transporte (4%)
  • Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%)
    y también incidieron Comunicación (3,3%), Restaurantes y hoteles (3,2%) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (3,1%).

Por categorías, Regulados (3,3%) encabezó el aumento, seguido por IPC núcleo (3%); Estacionales (0,6%) quedó muy por debajo.

La comparación que explica el “quiebre”: de 117,8% a 31,5%

La magnitud del cambio se entiende en perspectiva: 2024 había cerrado con 117,8%, de acuerdo con el propio INDEC.
En otras palabras: en un año, Argentina pasó de convivir con una inflación de tres dígitos a terminar con un registro anual comparable —en términos históricos recientes— con etapas “normales” dentro del desorden argentino.

El desabastecimiento era moneda corriente con la alta inflación

Milei y la discusión de fondo: inflación como impuesto y el fin del “modelo”

El dato no es solo un número: es una discusión ideológica que se vuelve contable. Durante décadas, el “piloto automático” fue el keynesianismo criollo: Estado que gasta por encima de lo que recauda, déficit crónico, financiamiento con deuda o emisión, y finalmente inflación como impuesto encubierto que licúa salarios y ahorros.

El gobierno del presidente Milei apostó a lo contrario: cortar la manguera del déficit y del financiamiento inflacionario. En esa línea, el ministro Luis Caputo celebró el resultado y lo atribuyó a un programa de estabilización basado en superávit fiscal, control de la cantidad de dinero y capitalización del BCRA.

Lo que viene: ojo con la inercia y con el cambio metodológico del IPC

Para 2026, el desafío no es solo “seguir bajando”, sino evitar que la inflación se reconfigure a través de:

  • tarifas y regulados,
  • servicios que vienen corriendo por encima de muchos bienes,
  • y la inercia que dejan años de indexación cultural y contractual.

Además, hay un punto técnico clave: el INDEC ya informó que la metodología del IPC basada en la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/2018 comenzará a difundirse con las variaciones de enero de 2026, por buenas prácticas estadísticas.
Esto no “inventa” inflación, pero sí puede mover ponderaciones y cambiar cómo se refleja el costo de vida según consumos actuales.

El 31,5% de 2025 no es el final del camino, pero sí un hito: confirma que la inflación no es un fenómeno místico ni una maldición eterna, sino el resultado directo de decisiones fiscales y monetarias. Y deja una enseñanza incómoda para el viejo consenso estatista: cuando el Estado deja de financiarse rompiendo la moneda, la inflación empieza —por fin— a ceder.

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