“La República Islámica caerá”: el príncipe heredero iraní promete volver y desafía a Jameneí en medio de protestas históricas

Desde Washington, Reza Pahlavi aseguró que la República Islámica atraviesa su etapa final y prometió regresar a Irán para acompañar una transición democrática, mientras el régimen de Ali Jameneí intensifica la represión y deja miles de muertos en las calles.

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Reza Pahlavi, nacido en Teherán, es el hijo mayor del último líder de la dinastía Pahlavi, el sha Mohamed Reza Pahlavi, quien gobernó el país con el respaldo de Estados Unidos de 1941 a 1979, cuando fue derrocado por la Revolución Islámica que actualmente gobierna Irán.

En una de sus declaraciones más contundentes desde el exilio, Reza Pahlavi, hijo del último shah de Irán, aseguró que la República Islámica está entrando en su fase final y prometió regresar al país para acompañar una transición democrática, mientras las protestas masivas continúan sacudiendo al régimen de Ali Jameneí.

“La República Islámica caerá. No es una posibilidad, es un hecho. Voy a volver a Irán”, afirmó Pahlavi durante una conferencia de prensa en Washington.

El líder opositor sostuvo que el poder clerical encabezado por Jameneí ya no gobierna con legitimidad sino con terror, y denunció que la represión desatada por las fuerzas de seguridad demuestra la debilidad estructural del régimen. Organismos de derechos humanos estiman que más de 2.500 manifestantes han sido asesinados, aunque fuentes independientes advierten que la cifra real podría ser mucho mayor.

Protestas que desafían al poder religioso

Las manifestaciones, que comenzaron por la crisis económica y el colapso de la moneda, evolucionaron rápidamente hacia un rechazo frontal al sistema teocrático, con consignas directas contra el Líder Supremo. En numerosas ciudades, manifestantes corearon el nombre de Pahlavi, un hecho impensado años atrás y que refleja el desgaste profundo del poder clerical.

Desde el exilio, Pahlavi se posiciona como figura de unidad para una oposición fragmentada, aclarando que no busca imponer una monarquía sino liderar una transición hacia una democracia secular, con separación entre religión y Estado.

Duro llamado a la comunidad internacional

El príncipe heredero fue especialmente crítico con la pasividad internacional frente a Jameneí y su aparato represivo. Exigió acciones concretas para debilitar la capacidad de represión del régimen, incluyendo sanciones directas y medidas contra la cúpula de la Guardia Revolucionaria.

“El pueblo iraní ya está luchando en las calles. Ahora le toca al mundo dejar de mirar hacia otro lado”, sostuvo.

Pahlavi también instó a los países a expulsar a los diplomáticos del régimen, a los que acusó de actuar como extensiones de un gobierno “criminal y ilegítimo”.

Un régimen aislado y a la defensiva

Mientras Jameneí endurece el discurso y criminaliza incluso la mera presencia en las calles, crece la percepción de que el régimen ha perdido el control político y moral del país. El uso de ejecuciones aceleradas, juicios exprés y el apagón informativo refuerzan la imagen de un poder acorralado y sostenido únicamente por la violencia.

En contraste, Pahlavi insiste en que el futuro de Irán debe decidirlo su pueblo, sin clérigos ni dictaduras religiosas.

“No busco gobernar por imposición. Busco ayudar a liberar a Irán”, concluyó.

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Julián Sayago
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