EE.UU. induce a que los dictadores comunistas de Venezuela abran su industria petrolera al capital privado
Venezuela pone fin al monopolio petrolero chavista y abre su industria al capital privado. La caída de Maduro, el alivio de sanciones y el regreso de empresas estadounidenses marcan el inicio de una nueva etapa económica y geopolítica para el país.
Venezuela dio un giro histórico en su política energética al aprobar una profunda reforma de su ley de hidrocarburos que pone fin, por primera vez en más de dos décadas, al monopolio absoluto de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). La medida, firmada por la presidenta interina Delcy Rodríguez, abre el sector petrolero a empresas privadas —incluidas compañías estadounidenses— y marca un punto de quiebre tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar de Estados Unidos a comienzos de enero.
La decisión llega en paralelo al alivio gradual de las sanciones petroleras por parte del gobierno de Donald Trump, que busca reactivar la devastada industria venezolana bajo un nuevo marco de control, inversión y supervisión internacional.
“Estamos hablando del futuro”
Al firmar la ley, Delcy Rodríguez sostuvo:
“Estamos hablando del futuro. Estamos hablando del país que vamos a dejar a nuestros hijos”.
Trabajadores petroleros celebraron la aprobación dentro del Palacio Legislativo, conscientes de que la supervivencia del sector —y del país— dependía de un cambio de rumbo.
La reforma petrolera venezolana representa el colapso definitivo del modelo socialista en su área más estratégica y consolida a Donald Trump como el actor central del rediseño político y económico del país.
Después de más de veinte años de control estatal, aislamiento y decadencia, Venezuela inicia una nueva etapa bajo la premisa que Washington dejó clara desde el primer día: sin apertura, no hay futuro; sin inversión privada, no hay petróleo; y sin orden, no hay soberanía real.
El fin del modelo chavista en el petróleo

La nueva legislación, aprobada de manera unánime por la Asamblea Nacional dominada por el oficialismo, revierte uno de los pilares centrales del chavismo: el control estatal total de la producción, comercialización y gestión operativa del crudo.
Bajo el nuevo esquema, empresas privadas podrán asumir la gestión técnica y operativa de los yacimientos, incluso cuando sean socios minoritarios de PDVSA, algo impensado bajo la ley vigente desde 2006, impulsada por Hugo Chávez.
Según el texto legal, las compañías deberán demostrar capacidad financiera y técnica, presentar planes de negocio aprobados por el Ministerio de Petróleo y operar a su propio riesgo y costo, rompiendo con décadas de ineficiencia, corrupción y desinversión estatal.
Trump, el factor decisivo

La reforma es leída tanto en Caracas como en Washington como una consecuencia directa de la presión ejercida por el presidente Donald Trump, quien desde su regreso a la Casa Blanca dejó en claro que el futuro del petróleo venezolano estaría ligado a una apertura real y verificable al capital occidental.
“Estamos hablando de transformar las mayores reservas de petróleo del planeta en prosperidad real para el pueblo venezolano”, dijo Trump este mes, al anunciar un plan de reconstrucción de la industria por más de 100.000 millones de dólares, con fuerte participación de empresas estadounidenses.
El propio Trump confirmó que grandes petroleras de Estados Unidos ya se encuentran en Venezuela realizando evaluaciones técnicas, y adelantó que “traerán riqueza tanto para Venezuela como para Estados Unidos”.
Alivio de sanciones y control de exportaciones
En simultáneo con la aprobación de la ley, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una licencia general que autoriza a empresas norteamericanas a comprar, vender, transportar, almacenar y refinar crudo venezolano, aunque la producción sigue bajo un régimen de control.
La Casa Blanca dejó en claro que Estados Unidos administrará los ingresos petroleros venezolanos de manera indefinida, liberando fondos solo para servicios esenciales como salud, seguridad, saneamiento y medicamentos, bajo estricta supervisión.
Según explicó el secretario de Estado Marco Rubio, los ingresos serán depositados inicialmente en cuentas internacionales —incluida Qatar— y Venezuela deberá presentar presupuestos mensuales para acceder a esos recursos.
Privatización, arbitraje internacional y alivio fiscal

Entre los puntos más relevantes de la reforma se destacan:
- Fin del monopolio operativo de PDVSA
- Acceso directo de privados a la comercialización del crudo
- Arbitraje internacional independiente, en lugar de tribunales venezolanos
- Reducción flexible de regalías, con un tope del 30% y posibilidad de bajarlas incluso a cero según el proyecto
- Mayor seguridad jurídica para evitar futuras expropiaciones
Estas garantías eran una condición clave exigida por compañías estadounidenses, muchas de las cuales perdieron miles de millones de dólares tras las nacionalizaciones forzadas del chavismo.
Un sector colapsado que busca resurgir
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero hoy produce menos del 1% del crudo global. La producción cayó de 3,4 millones de barriles diarios a cerca de 1 millón, producto de la mala gestión, el vaciamiento de PDVSA, la expulsión de técnicos especializados y la corrupción estructural del régimen anterior.
Analistas coinciden en que, sin capital privado, tecnología extranjera y reglas claras, la recuperación era imposible.
“El cambio era necesario y positivo, pero todavía existe discrecionalidad del poder ejecutivo”, advirtió el académico David Vera, aunque reconoció que la reforma “mejora sustancialmente el marco de inversión”.
La apertura petrolera se inscribe en un reordenamiento regional impulsado por Washington, que también impacta en Cuba, principal aliado energético del chavismo. Trump firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles a países que suministren petróleo a La Habana, tras cortar el histórico flujo de crudo venezolano a la isla.
Cuba que dependía de Venezuela para más de un tercio de su consumo energético, ya enfrenta apagones y desabastecimiento.
