El campo mete cosecha récord y Milei ratifica bajar la mochila de retenciones
El secretario de Agricultura de la Nación, Sergio Iraeta, reafirmó que el Gobierno avanzará con una baja gradual de la carga impositiva sobre el agro.
El Gobierno nacional ratificó que la reducción de retenciones forma parte de una hoja de ruta más amplia para aliviar la carga impositiva sobre el campo y liberar el potencial productivo del sector. El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Sergio Iraeta, defendió en una entrevista radial este miércoles el rumbo oficial y aseguró que la baja de derechos de exportación seguirá siendo un compromiso central de la administración de Javier Milei.
La señal llega en un momento clave para el agro argentino. Después de años de presión fiscal, controles, cepos y castigo a quienes producen, el sector vuelve a mostrar su capacidad para generar alimentos, divisas, empleo e inversión. Para el Gobierno, el camino es claro: menos impuestos, más previsibilidad y un Estado que deje de ponerle el pie encima al productor.
Iraeta destacó la reciente reducción de retenciones aplicada a algunos cultivos y la presentó como un paso en la dirección correcta. En particular, remarcó la baja de dos puntos para el trigo y el cronograma anunciado para la cosecha gruesa, dentro de un proceso gradual de disminución de la carga tributaria.
El funcionario sostuvo que el objetivo del Gobierno es avanzar en una reducción sostenida de impuestos, especialmente de retenciones, una de las cargas más cuestionadas por el sector agropecuario. Se trata de un tributo que castiga directamente a quien exporta, produce y genera dólares genuinos para el país.
La discusión no es sólo fiscal. Es productiva. Con menores retenciones, el campo puede invertir más, ampliar tecnología, mejorar rindes, retener vientres, comprar maquinaria, fertilizar, contratar servicios y aumentar la escala. En una economía que necesita dólares, no tiene sentido ahogar al sector que más rápido puede generarlos.
El funcionario también celebró los resultados de la campaña. Según señaló, «la Argentina alcanzó niveles récord en trigo y girasol, mientras espera muy buenas cosechas de soja y maíz. Aunque reconoció que el clima acompañó, remarcó que el verdadero motor fue el esfuerzo de los productores, que invierten, trabajan y asumen riesgos».
Ese punto es clave para entender el cambio de mirada. El campo no necesita relatos ni subsidios eternos: necesita reglas claras, caminos, crédito, infraestructura, menor presión impositiva y libertad para producir. Cuando esas condiciones empiezan a aparecer, los resultados llegan.
Otro tema sensible es el conflicto aceitero, que mantiene paralizada parte de la actividad en momentos de fuerte movimiento en los puertos. Iraeta indicó que las negociaciones continúan en el marco de la conciliación obligatoria y expresó su expectativa de que las partes logren un entendimiento para normalizar tareas de estiba, descarga y operatoria portuaria.
La preocupación oficial tiene fundamento. Con una cosecha voluminosa y puertos trabajando al máximo, cualquier bloqueo o conflicto prolongado afecta la logística, demora exportaciones y golpea el ingreso de divisas. En un país que necesita vender más al mundo, frenar la actividad en los puertos es pegarse un tiro en el pie.
El Gobierno también impulsa cambios en el régimen de biocombustibles. En ese sentido, explicó que existe un proyecto de ley para ordenar el sistema, elevar los cortes de biodiésel y bioetanol, transparentar la formación de precios y avanzar hacia un esquema más eficiente.
La reforma resulta especialmente relevante para provincias productoras como Santa Fe y Córdoba, donde el complejo de biocombustibles tiene peso industrial, empleo privado y capacidad exportadora. El sistema actual, según la mirada oficial, quedó trabado y no logró aumentar los cortes ni generar una dinámica competitiva.
El objetivo es pasar a un régimen más claro, con licitaciones y reglas que permitan mejorar la eficiencia del sector. Para el Gobierno, la actividad puede ser una herramienta estratégica si se ordena y se aleja de esquemas cerrados, discrecionales o poco transparentes.
Al mismo tiempo, se refirió a la ganadería y a la apertura de nuevos mercados. Según planteó, diversificar destinos comerciales permite que el mercado traccione la producción y genere incentivos para invertir. La lógica es simple: si el mundo demanda carne argentina y el productor tiene señales claras, aumentará la oferta.
El funcionario vinculó los problemas actuales de precios y oferta de carne con dos décadas de malas políticas ganaderas. Durante años, la intervención estatal, los cierres de exportaciones y las reglas cambiantes dejaron al rodeo estancado en torno a los 50 o 52 millones de animales.
Con un escenario más favorable, los productores empiezan a retener, invertir en genética, comprar toros, mejorar instalaciones y preparar el camino para aumentar la producción. Pero esos procesos llevan tiempo. La ganadería no responde de un día para el otro: requiere previsibilidad, inversión y confianza.
La lectura de fondo es contundente. El campo argentino puede volver a ser uno de los motores de la recuperación si la política deja de tratarlo como enemigo fiscal. La baja gradual de retenciones, la apertura de mercados, la reforma de biocombustibles y la normalización de la logística portuaria forman parte de una misma agenda: liberar producción.
