Venezuela, en emergencia: ya son 1.450 los muertos por los terremotos
A cinco días del desastre, los rescatistas trabajan contra reloj en La Guaira. Hay más de 3.000 heridos, miles de familias afectadas y equipos internacionales, entre ellos argentinos, buscando sobrevivientes entre los escombros.
Venezuela sigue atravesando una catástrofe humanitaria tras los dos terremotos que sacudieron la costa norte del país. El último balance oficial elevó a 1.450 la cifra de muertos y confirmó más de 3.000 heridos.
Los sismos, de magnitud 7,2 y 7,5, provocaron graves daños en el estado La Guaira, la zona más golpeada por la tragedia. Allí, el régimen declaró el área de desastre y estableció control militar mientras continúan las tareas de rescate.
Según el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, los terremotos afectaron a miles de familias y dejaron edificios destruidos, hospitales dañados y barrios enteros sin condiciones seguras para volver a ser habitados.
Más de 30.000 funcionarios, entre bomberos, policías, militares, médicos, paramédicos y psicólogos, participan del operativo de asistencia. Además, el gobierno informó que más de 73.000 familias recibieron algún tipo de atención dentro del dispositivo de emergencia.
A cinco días del desastre, las horas son decisivas. Los especialistas advierten que, después de las primeras 72 horas, las probabilidades de encontrar sobrevivientes bajo los escombros caen de manera drástica. Aun así, los equipos continúan trabajando.
La ayuda internacional se volvió clave. Según los reportes oficiales, participan 2.624 rescatistas internacionales, 137 perros, vehículos especializados y toneladas de equipos, medicamentos e insumos quirúrgicos.
Entre los países que enviaron asistencia figuran Argentina, Estados Unidos, España, Chile, Colombia, México, Ecuador, Suiza, Italia, Países Bajos y El Salvador. En las últimas horas, la misión argentina logró rescatar a dos menores con vida gracias al trabajo coordinado de soldados y perros de búsqueda.
La emergencia también expuso la fragilidad estructural de Venezuela después de años de chavismo. En varios puntos de La Guaira, vecinos y voluntarios denunciaron que tuvieron que asumir por cuenta propia parte de las tareas de rescate. En Tanaguarena, familiares de víctimas presionaron a militares para que dejaran de custodiar la zona y se sumaran a remover escombros.
La situación social es crítica. En Catia La Mar, cientos de sobrevivientes permanecen en refugios improvisados, con servicios mínimos y apenas dos baños disponibles para grupos numerosos de damnificados.
La Organización Internacional para las Migraciones estimó que hasta 6,76 millones de personas podrían resultar afectadas por la emergencia. En paralelo, una evaluación preliminar del PNUD calculó daños por alrededor de u$s6.700 millones en viviendas, comercios y otros activos.
El desastre encuentra a Venezuela en un escenario de enorme deterioro económico, institucional y social. La tragedia natural golpea a un país que ya arrastraba una crisis profunda, con infraestructura debilitada, servicios colapsados y una población exhausta.
Mientras el régimen intenta controlar el territorio, los rescatistas siguen buscando vida entre los escombros. La prioridad ahora es salvar personas, asistir a los heridos y dar respuesta a miles de familias que lo perdieron todo.
La catástrofe todavía no terminó. Venezuela enfrenta horas decisivas y una reconstrucción que, por su magnitud, exigirá ayuda internacional sostenida y una respuesta mucho más eficiente que la que el chavismo suele ofrecer.
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