Revelan que Rusia realizó con China entrenamientos militares secretos
Documentos revelados por Reuters indican que Moscú autorizó en 2025 el envío de fuerzas rusas a bases chinas para recibir capacitación en defensa radiológica, química y biológica. La Unión Europea confirmó la existencia del programa y evalúa sus implicancias estratégicas.
La alianza entre Rusia y China volvió a quedar en discusión sobre la mesa en Occidente. Documentos consultados por Reuters revelaron que Moscú autorizó en 2025 un programa de entrenamiento militar secreto de fuerzas rusas en instalaciones del Ejército Popular de Liberación chino.
La decisión habría sido avalada personalmente por el ministro de Defensa ruso, Andrei Belousov, mediante un decreto interno que autorizó el viaje de una delegación militar a China para participar en ejercicios y capacitaciones especializadas.
Según el material citado, el programa incluyó un curso de tres semanas realizado en noviembre en una base militar de Beijing, con instrucción teórica y práctica sobre protección radiológica, defensa química, reconocimiento biológico y simulaciones vinculadas a sistemas de ventilación frente a eventuales contaminaciones.
La información es especialmente sensible porque involucra áreas consideradas estratégicas para cualquier fuerza armada moderna. No se trata de un intercambio protocolar ni de una visita diplomática: los documentos describen entrenamiento técnico en capacidades vinculadas a amenazas no convencionales.
Generales rusos y chinos involucrados
El acuerdo que habría sustentado el entrenamiento fue firmado el 2 de julio de 2025 por el mayor general ruso Rustam Khusainov y el coronel superior chino Sun Dayun.
La delegación rusa estuvo encabezada por el coronel general Rustam Muradov, subjefe de las fuerzas terrestres rusas. Del lado chino, el mayor general Li Jinsun participó en la apertura de uno de los cursos. También figura el mayor general ruso Vitaly Gerasimov, incluido en una capacitación en Bengbu, de acuerdo con la documentación revisada.
Los archivos incluyen fotografías de militares rusos en clases dictadas por instructores chinos, observando un modelo de reactor nuclear y participando de ejercicios de protección frente a escenarios de riesgo radiológico, químico o biológico.
Para funcionarios europeos citados por Reuters, el dato confirma un grado de cooperación militar más profundo entre Moscú y Beijing, justo cuando la guerra en Ucrania continúa tensionando el equilibrio de seguridad global.
China niega, Rusia esquiva
Ni el Ministerio de Defensa ruso ni el chino respondieron a los pedidos de comentarios sobre los documentos. En cambio, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China negó las acusaciones y las calificó como “totalmente infundadas”.
Beijing volvió a presentarse como un actor neutral frente a la guerra en Ucrania y como supuesto mediador de paz. Sin embargo, la revelación vuelve a poner en duda esa postura, en momentos en que Occidente observa con creciente preocupación el respaldo político, económico y tecnológico de China a Rusia.
Desde Moscú, el Kremlin evitó comentar el informe. Dirigentes vinculados a la defensa rusa rechazaron la versión y la atribuyeron a una operación de medios occidentales.
El argumento ruso apunta a minimizar el valor militar del entrenamiento chino. Funcionarios del régimen de Vladimir Putin sostienen que el ejército ruso, tras años de combate en Ucrania, no tendría nada que aprender de una fuerza que no participa en guerras abiertas desde hace décadas.
Europa confirma y evalúa medidas
La Unión Europea no tomó el caso como una versión más. La jefa de política exterior del bloque, Kaja Kallas, afirmó que Bruselas confirmó la existencia del entrenamiento militar a través de canales propios.
El bloque europeo ahora analiza las implicancias políticas, estratégicas y comerciales de esa cooperación, en un contexto donde ya sancionó a empresas chinas acusadas de apoyar el esfuerzo bélico ruso.
La discusión es delicada. Europa mantiene lazos comerciales importantes con China, pero al mismo tiempo observa cómo Beijing estrecha su coordinación con Moscú en áreas cada vez más sensibles.
El caso podría acelerar nuevas medidas contra compañías o entidades chinas vinculadas a la asistencia militar, tecnológica o logística al régimen ruso.
El eje autoritario frente a Occidente
La revelación refuerza una tendencia que preocupa a Estados Unidos, Europa y sus aliados: la consolidación de un eje entre Rusia, China, Irán y otros regímenes autoritarios que buscan disputar el orden internacional encabezado por Occidente.
Rusia aporta experiencia de combate, agresividad geopolítica y capacidad nuclear. China ofrece escala industrial, tecnología, financiamiento y una estrategia de largo plazo para expandir influencia global.
La cooperación en áreas radiológicas, químicas y biológicas agrega un componente especialmente inquietante, porque se vincula con capacidades defensivas y de respuesta ante amenazas de alto impacto.
En términos estratégicos, el mensaje es claro: Moscú y Beijing ya no sólo coordinan discursos contra Occidente, sino que profundizan vínculos militares concretos.
Una señal para el mundo libre
El informe llega en un momento en que la guerra en Ucrania sigue siendo el principal frente de choque entre Rusia y Occidente. Mientras Moscú intenta sostener su ofensiva, China busca evitar costos diplomáticos directos, pero mantiene una relación cada vez más estrecha con el Kremlin.
Para las democracias occidentales, la revelación obliga a mirar con menos ingenuidad el rol chino. La supuesta neutralidad de Beijing vuelve a quedar cuestionada frente a evidencias de cooperación militar con el régimen ruso.
El entrenamiento secreto muestra que la disputa global no es sólo económica ni comercial. También es militar, tecnológica y cultural.
Del otro lado, el mundo libre enfrenta un bloque autoritario que coordina recursos, información y capacidades. Y esa realidad exige respuestas firmes, alianzas claras y una política exterior sin ambigüedades.
La advertencia es directa: Rusia y China avanzan juntas, y Occidente ya no puede darse el lujo de mirar para otro lado.
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