La puesta en escena de Enrico: 500 metros de terraplén para desviar la mirada de la crisis hídrica del norte santafesino
En plena emergencia y con El Niño amenazando con más lluvias, Lisandro Enrico puso el foco en un terraplén de una obra nacional ubicado en La Capital, a cientos de kilómetros de las zonas más castigadas. Mientras tanto, las obras estructurales del norte siguen demoradas y la emergencia habilita mayor discrecionalidad para movilizar recursos públicos.
Con las lluvias nuevamente encima y El Niño amenazando con profundizar los excesos hídricos, el ministro de Obras Públicas de Santa Fe, Lisandro Enrico, encontró una imagen perfecta para construir un adversario: un terraplén de 500 metros perteneciente a una obra ferroviaria nacional paralizada.
Máquinas provinciales, declaraciones frente a las cámaras y un mensaje repetido: Nación no respondió y Santa Fe tuvo que hacerse cargo.
El problema es que esos 500 metros de tierra no están en Villa Minetti, Gato Colorado, Fortín Olmos ni Los Amores, ni explican la emergencia estructural de los Bajos Submeridionales.
Están entre Gobernador Candioti y Recreo, en el departamento La Capital, a cientos de kilómetros de buena parte de las zonas más comprometidas del norte provincial. El análisis técnico aportado a El Liberador señala que atribuir la vulnerabilidad de los departamentos 9 de Julio, Vera y General Obligado a esa estructura resulta inconsistente por la distancia geográfica y por la propia dinámica hídrica de los Bajos Submeridionales.
Por eso, el cuestionamiento no pasa por discutir si el terraplén debe sacarse.
Debe sacarse.
La pregunta es otra: ¿por qué Enrico convirtió una obstrucción localizada en el centro de la provincia en el gran símbolo de una crisis hídrica que tiene sus mayores consecuencias cientos de kilómetros más al norte?

El terraplén existe, pero no explica el desastre del norte
La estructura forma parte del Plan Circunvalar del Belgrano Cargas, una obra ferroviaria nacional que quedó inconclusa.
Tiene aproximadamente 500 metros de longitud, 30 metros de ancho y 3 metros de altura, y se encuentra entre Recreo y Gobernador Candioti. Hay, por lo tanto, una responsabilidad nacional concreta sobre una obra nacional paralizada.
Pero el propio informe técnico señala que el cauce principal del río Salado permanece liberado y que el efecto de esa estructura se concentra principalmente sobre el drenaje del valle local en el departamento La Capital.
En otras palabras: sacar el terraplén puede mejorar el comportamiento hídrico de esa zona. Lo que no hace es solucionar el norte santafesino.
Mientras las cámaras miran 500 metros, el norte tiene 1,3 millones de hectáreas comprometidas
La diferencia de escala es enorme.
Los informes describen más de 1,3 millones de hectáreas con saturación de suelos, lagunas temporales y pérdida de capacidad de drenaje, principalmente en el norte provincial.
También se estiman entre 400.000 y 700.000 cabezas de ganado afectadas, con productores obligados a trasladar hacienda hacia terrenos más altos, mientras caminos y rutas amenazan con dejar aisladas distintas poblaciones rurales.
Ese es el problema estructural.
Y no comenzó con un terraplén en Recreo.
Los Bajos Submeridionales constituyen una enorme región hídrica compartida entre Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero, caracterizada por pendientes extremadamente bajas y enormes dificultades naturales para evacuar rápidamente los excedentes.
Precisamente por eso existen desde hace años proyectos específicos para regular el agua.
Muchos todavía siguen pendientes.

Las obras de fondo siguen esperando
Mientras Enrico concentra la discusión política en el Circunvalar, el análisis técnico señala proyectos de una dimensión completamente diferente.
La Línea Paraná, diseñada para derivar excedentes hacia el río Paraná.
La Línea Golondrina, destinada a controlar caudales que descargan hacia la cuenca del Salado.
La Ruta Hidrovial Interprovincial, necesaria para coordinar el manejo hídrico entre provincias.
Los sistemas de reservorios, compuertas y defensas.
Y la Ruta Provincial Nº 3, donde siguen existiendo problemas de alteo, puentes y alcantarillado en sectores críticos como Cañada Ombú-Los Amores.
Son estas intervenciones las que pueden modificar estructuralmente el funcionamiento hídrico del norte.
Los 500 metros de La Capital, no.
Todo sobre la hora y con una emergencia que flexibiliza el manejo de recursos
Hay además otro problema para el relato del ministro.
El Niño no apareció por sorpresa.
Los pronósticos venían anticipando un escenario de mayores precipitaciones y el propio informe técnico advierte sobre lluvias superiores a lo normal asociadas a la fase cálida del fenómeno.
Sin embargo, cuando el agua ya comenzó a comprometer nuevamente al norte aparecen simultáneamente las máquinas, los anuncios, la limpieza acelerada de canales y la remoción del terraplén.
A esto se suma un elemento político que merece especial atención.
La Provincia declaró la Emergencia Hídrica para todo el territorio santafesino hasta el 30 de abril de 2027, facultando al Poder Ejecutivo a agilizar obras, realizar contrataciones directas y ejecutar partidas extraordinarias.
La emergencia no significa que desaparezcan los controles legales, pero sí amplía el margen de discrecionalidad y flexibiliza procedimientos ordinarios para movilizar recursos, incluso hacia municipios y comunas.
Por eso resulta indispensable conocer cuánto dinero se distribuye, a quién, bajo qué criterios y cómo se rendirá posteriormente, para evitar que una emergencia hídrica termine convirtiéndose también en una herramienta de asignación política de fondos públicos.
La pregunta entonces es inevitable:
si el riesgo era conocido desde meses antes y las vulnerabilidades estructurales desde hace años, ¿por qué buena parte de la respuesta vuelve a aparecer cuando el agua ya está encima?
900 kilómetros de canales tampoco reemplazan las obras
La Provincia también anunció la limpieza de aproximadamente 900 kilómetros de canales, acompañada por un importante despliegue de maquinaria.
La tarea es necesaria.
Pero el especialista diferencia claramente mantenimiento de infraestructura estructural.
Limpiar malezas, sedimentos y alcantarillas mejora el drenaje frente a precipitaciones moderadas. Ante eventos extraordinarios de 250 a 500 milímetros, esas tareas pierden eficacia si la cuenca no cuenta con suficiente capacidad de regulación, almacenamiento y descarga.
Las retroexcavadoras limpian lo existente. No reemplazan las obras que no se hicieron.
Nación tiene responsabilidades, pero no explica todo
Esto tampoco significa absolver al Gobierno nacional.
Nación tiene responsabilidad concreta sobre el Circunvalar ferroviario inconcluso y los propios informes reconocen que algunas grandes obras permanecen demoradas por falta de financiamiento nacional, mientras otras continúan todavía en etapa de proyecto.
Pero eso es muy diferente de transformar una obra nacional puntual en la explicación general de la fragilidad hídrica del norte santafesino.
La responsabilidad acumulada incluye a Nación, a las provincias involucradas y a sucesivas gestiones.
Lo cuestionable es que el gobierno de Maximiliano Pullaro pretenda poner ahora toda la atención sobre un terraplén ubicado en La Capital mientras las grandes obras del norte continúan sin completarse.
Una puesta en escena que no saca el agua del norte
Enrico consiguió una imagen poderosa.
Un terraplén abandonado.
Una obra nacional.
Máquinas provinciales.
Y un culpable sentado en Buenos Aires.
Pero mientras esa escena ocupa cámaras y titulares, el agua continúa acumulándose donde el problema es mucho más antiguo, más grande y más complejo.
La Provincia debe reclamarle a Nación cada obra y cada responsabilidad que corresponda.
Pero también debe explicar qué ocurrió con las obras provinciales e interjurisdiccionales que desde hace años deberían reducir la vulnerabilidad de 9 de Julio, Vera y General Obligado.
Debe explicar por qué la Ruta Provincial 3 continúa presentando puntos críticos.
Por qué las grandes líneas de descarga siguen incompletas.
Por qué los reservorios y sistemas de regulación no alcanzan.
Y, sobre todo, por qué gran parte de la respuesta vuelve a llegar sobre la hora, cuando el norte ya está bajo emergencia y se aproxima un escenario climático que amenaza con traer todavía más agua.
La remoción del terraplén puede ser correcta.
Convertir esos 500 metros de tierra en el gran responsable político de una crisis que afecta más de un millón de hectáreas es otra cosa.
El terraplén puede obstaculizar el agua en La Capital.
Pero no puede utilizarse como cortina de humo para tapar años de déficit estructural en el norte de Santa Fe.
