7 de octubre: memoria, libertad y una «pela» al socialismo
¿Qué se conmemora cada 7 de octubre en la Argentina y el mundo?
Es el Día Mundial del Algodón y se recuerdan, entre otros acontecimientos, los nacimientos de Enrique Pinti, el padre Carlos Mugica, Vladimir Putin y Thom Yorke, uno de los músicos británicos más influyentes de las últimas décadas.
También un 7 de octubre, en 1875, se aprobó la Ley de Telégrafos durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. En 2010, Mario Vargas Llosa recibió el Premio Nobel de Literatura.
En distintos lugares del mundo se celebra, además, el Día Mundial del Pelado, una fecha que busca homenajear y valorar a las personas que perdieron el cabello por razones genéticas, de salud o de edad, así como a quienes eligen llevar la cabeza rapada por una cuestión estética.
La conmemoración intenta romper con las burlas y con aquella visión antigua de la calvicie como un signo de vejez, para transformarla en un símbolo de identidad, confianza y estilo. La jornada también sirve para concientizar sobre la importancia de proteger del sol la piel expuesta y mantenerla hidratada.
Para quienes fuimos pelados desde jóvenes, queda una forma humorística de encontrarle algo positivo: sostener que los pelados somos los seres humanos más evolucionados, como suele mostrar una conocida ilustración sobre la evolución de la especie.
La palabra “pela” puede tener distintos significados según el contexto. Puede derivar del verbo pelar, utilizarse coloquialmente como sinónimo de dinero o referirse a una paliza o una derrota contundente.
Incluso en árabe existen diferentes equivalencias según el sentido: taqshir para la acción de pelar; flous para hablar coloquialmente de dinero; y darb o hazima para hacer referencia a una golpiza o una derrota.
Pero desde hace tres años, el 7 de octubre posee una connotación mucho más grave.
La masacre que inició la guerra
El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó desde la Franja de Gaza una serie de ataques coordinados contra Israel. La organización terrorista denominó a la ofensiva “Operación Inundación de Al-Aqsa”.
El ataque comenzó a las 6.29 de la mañana con el lanzamiento de miles de cohetes contra territorio israelí. Simultáneamente, miles de terroristas atravesaron la frontera mediante camiones, camionetas, motocicletas, excavadoras, lanchas y parapentes.
Las fuerzas de Hamás utilizaron explosivos para abrir brechas en la barrera fronteriza y drones para inutilizar torres de vigilancia, cámaras y sistemas de comunicación. De esa manera, consiguieron superar las primeras defensas y avanzar hacia bases militares, rutas y comunidades civiles.
Los atacantes ocuparon puestos militares, ingresaron en kibutzim y persiguieron a los jóvenes que participaban del festival de música Nova, cerca de Reim.
La ofensiva provocó la muerte de aproximadamente 1.200 personas, en su mayoría civiles, entre ellas 36 menores. Otras 251 personas fueron secuestradas y trasladadas hacia la Franja de Gaza.
En el festival Nova fueron asesinadas más de 360 personas. Familias enteras murieron dentro de sus viviendas, numerosas casas fueron incendiadas y decenas de comunidades quedaron destruidas.
El entonces presidente estadounidense Joe Biden describió lo ocurrido como la peor masacre de judíos en un solo día desde el Holocausto.
No fue una batalla convencional ni un enfrentamiento espontáneo. Fue una operación preparada con anticipación, destinada a asesinar civiles, tomar rehenes y provocar el mayor daño posible dentro de Israel.
La planificación del ataque
Hamás presentó la situación en la mezquita de Al-Aqsa como uno de los pretextos para justificar la masacre. Sin embargo, las investigaciones posteriores indicaron que la organización había decidido lanzar la ofensiva mucho antes.
Según las conclusiones de las investigaciones israelíes, los principales autores intelectuales fueron Yahya Sinwar, líder de Hamás en Gaza, y Mohamed Deif, comandante de las Brigadas Ezzeldin al-Qassam y de las unidades de élite Nukhba.
La planificación habría comenzado durante 2022, aunque la fecha definitiva se estableció durante 2023.
En los meses previos existieron distintas señales de advertencia. La inteligencia israelí detectó entrenamientos que reproducían ataques contra la frontera, maquetas de instalaciones militares y prácticas con parapentes.
También hubo movimientos sospechosos, reconocimientos sobre los puestos fronterizos y la activación de tarjetas SIM israelíes dentro de Gaza durante las horas anteriores al ataque.
Esas señales fueron subestimadas. Durante años, Hamás había construido una operación de engaño destinada a convencer a Israel de que no buscaba una guerra abierta y concentraba sus esfuerzos en administrar Gaza y desarrollar su capacidad misilística.
La organización aprovechó ese error de apreciación para preparar la ofensiva sin utilizar medios tecnológicos que pudieran ser interceptados. Las órdenes finales fueron transmitidas de boca en boca entre comandantes, jefes de batallón, responsables de pelotones y participantes del ataque.
Los terroristas recibieron armas, granadas, explosivos, ametralladoras, rifles y cámaras GoPro destinadas a registrar sus propias acciones.
También contaban con mapas detallados de las poblaciones, bases militares, rutas, escuelas y centros comunitarios. Algunas unidades tenían la misión de atacar instalaciones militares; otras debían tender emboscadas a las fuerzas israelíes; y un tercer grupo recibió la orden específica de secuestrar a tantas personas como fuera posible y trasladarlas rápidamente hacia los túneles de Gaza.
Tres oleadas y miles de atacantes
El ataque se desarrolló en sucesivas oleadas.
La primera comenzó con el lanzamiento masivo de cohetes y el avance de integrantes de las fuerzas de élite de Hamás contra las bases militares cercanas a la frontera.
La segunda se concentró en las comunidades civiles. Los terroristas ingresaron en viviendas, incendiaron edificios, asesinaron a sus habitantes y tomaron rehenes.
Durante la tercera oleada se sumaron nuevos miembros de Hamás, la Yihad Islámica Palestina y otras organizaciones armadas. También ingresaron habitantes de Gaza que aprovecharon las brechas abiertas en la frontera.
Los atacantes lograron tener durante varias horas el control operativo de distintas comunidades, carreteras y posiciones militares. La destrucción de los sistemas de comunicación y la muerte de numerosos comandantes demoraron la reacción coordinada de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Las imágenes comenzaron a circular inmediatamente. Los propios terroristas difundieron videos en los que aparecían disparando contra civiles, trasladando rehenes y conduciendo vehículos militares robados.
El uso de cámaras no fue accidental. La filmación del terror formaba parte de la operación: Hamás pretendía convertir el asesinato y la humillación de las víctimas en una herramienta de propaganda.
La cacería en el festival Nova
Una de las escenas más brutales se produjo en el festival de música Nova.
Miles de jóvenes se encontraban celebrando cuando comenzaron a sonar las alarmas. Primero intentaron protegerse de los cohetes. Poco después, terroristas armados aparecieron en motocicletas y camionetas y comenzaron a disparar contra quienes escapaban.
Algunos participantes huyeron por los campos. Otros se escondieron dentro de vehículos, refugios, baños y contenedores. Muchos fueron encontrados y asesinados. Otros fueron secuestrados y trasladados hacia Gaza.
Los ataques continuaron en Nir Oz, Be’eri, Kfar Aza, Netiv HaAsara, Sderot, Ofakim y otras localidades cercanas a la frontera.
En numerosas viviendas, las familias se encerraron en habitaciones de seguridad y sostuvieron las puertas con sus propias manos mientras los terroristas intentaban entrar.
Hamás declaró abiertamente que había tomado rehenes para utilizarlos como instrumentos de negociación y exigir la liberación de prisioneros palestinos detenidos en Israel.
La crueldad contra civiles no fue una consecuencia accidental del ataque. Formaba parte de su objetivo.
El respaldo de organizaciones socialistas
La ofensiva no fue ejecutada únicamente por Hamás y la Yihad Islámica Palestina.
Las Brigadas de Resistencia Nacional, brazo armado del Frente Democrático para la Liberación de Palestina, de orientación marxista, confirmaron su participación. El Frente Popular para la Liberación de Palestina, otra organización socialista, también expresó su apoyo y difundió imágenes de ataques contra instalaciones israelíes.
Este dato resulta especialmente significativo frente al intento posterior de determinados sectores de la izquierda internacional de presentar la masacre como una supuesta acción de “resistencia”.
Antes de que Israel iniciara su ofensiva terrestre sobre Gaza, organizaciones políticas, agrupaciones universitarias y dirigentes de izquierda ya marchaban en distintas ciudades para responsabilizar a las víctimas y justificar a los terroristas.
Convirtieron a los asesinos en militantes románticos, a los secuestradores en combatientes y al Estado atacado en el principal acusado.
La misma izquierda que sostiene hablar en nombre de los derechos humanos relativizó el asesinato de civiles, el secuestro de niños y la utilización de personas como mercancía política.
Las advertencias ignoradas y la responsabilidad israelí
La magnitud de la masacre también expuso graves fallas dentro del sistema de seguridad israelí.
Las señales disponibles no fueron interpretadas correctamente. La confianza excesiva en la tecnología fronteriza y la convicción de que Hamás no buscaba un conflicto abierto generaron una vulnerabilidad que la organización terrorista aprovechó.
Las autoridades militares enviaron refuerzos limitados durante la madrugada, pero no dimensionaron la ofensiva que estaba a punto de comenzar. Cuando los altos mandos comprendieron la magnitud del ataque, numerosas comunidades ya habían sido ocupadas.
Investigar esas fallas y determinar las responsabilidades políticas, militares y de inteligencia resulta indispensable para Israel.
Sin embargo, esos errores no modifican la responsabilidad principal de quienes planificaron, organizaron y ejecutaron la masacre. Una frontera mal defendida no convierte al agresor en inocente ni vuelve legítimo el asesinato de civiles.
Libertad individual frente al fanatismo
Buscar el motivo profundo por el cual puede ocurrir algo semejante en pleno siglo XXI constituye un enorme desafío. Más importante todavía es comprender cómo evitar que vuelva a repetirse.
Se habla de cuestiones religiosas combinadas o estimuladas por factores económicos. También de dirigentes que no comprenden que la libertad individual constituye uno de los cimientos fundamentales de las sociedades desarrolladas.
Desde la Revolución Gloriosa inglesa y la Revolución estadounidense, Occidente avanzó sobre una idea elemental: el individuo posee derechos anteriores y superiores al poder político.
La religión pertenece al ámbito personal. Cuando una doctrina religiosa busca controlar el derecho positivo de un país y determinar obligatoriamente cómo deben vivir todos sus habitantes, desaparece la concordancia entre la legislación estatal y los derechos naturales de los individuos.
En regímenes como el iraní, la religión fue convertida en una herramienta de dominación política. Mujeres y niñas permanecieron sometidas a un sistema que limita sus libertades, castiga la disidencia y financia organizaciones terroristas en Medio Oriente.
Hamás representa la expresión más brutal de esa combinación entre fanatismo religioso, autoritarismo y desprecio por la libertad individual.
El fracaso de las Naciones Unidas
Las organizaciones internacionales, particularmente la Organización de las Naciones Unidas, fueron creadas con la promesa de evitar nuevas guerras, defender los derechos humanos y encaminar progresivamente a las sociedades hacia la paz.
Sin embargo, pareciera que han fracasado de manera notoria.
La ONU demostró una extraordinaria capacidad para condenar a Israel y una llamativa incapacidad para impedir que dictaduras, regímenes autoritarios y organizaciones terroristas vulneren sistemáticamente los derechos más elementales.
La institución que debía defender a las víctimas terminó convertida demasiadas veces en un escenario utilizado para cuestionar a las democracias y proteger diplomáticamente a los regímenes que no respetan ninguna norma.
Mientras Israel lucha por su supervivencia, numerosos organismos internacionales lo colocan en el banquillo de los acusados y relativizan el terrorismo islámico.
El papel de Estados Unidos
Es evidente que, sin el poder económico y militar de Estados Unidos, el régimen iraní habría avanzado mucho más en su proyecto nuclear y en el financiamiento de organizaciones terroristas.
La llegada de una administración estadounidense decidida a enfrentar a los ayatolás impidió que una estructura autoritaria, que mantiene sometida a buena parte de su población, pudiera actuar sin consecuencias.
Algo similar ocurrió en América Latina.
El denominado socialismo del siglo XXI consiguió que más de siete millones de venezolanos tuvieran que abandonar su país, destruyó una de las economías con mayores recursos naturales del continente y convirtió al Estado en una maquinaria de persecución política.
La presión internacional sobre la dictadura venezolana no surgió de los organismos multilaterales, sino de la combinación entre el poder económico, la capacidad militar y la decisión política de Estados Unidos.
La experiencia demuestra que las instituciones internacionales emiten comunicados, pero las dictaduras retroceden únicamente cuando enfrentan consecuencias concretas.
América Latina comienza a cambiar
También resulta evidente que una parte importante de América Latina comenzó a abandonar la perspectiva socialista para avanzar hacia modelos más coherentes con la libertad económica, la propiedad privada y las instituciones republicanas.
Durante décadas, el socialismo latinoamericano prometió igualdad y produjo pobreza; prometió soberanía y generó dependencia; prometió justicia social y construyó castas políticas privilegiadas.
Ese modelo comienza a ser cuestionado por ciudadanos que ya no aceptan que el Estado decida cómo deben vivir, producir, trabajar o pensar.
Dentro de ese proceso existe una visión de principios elementales que fue impulsada desde el extremo sur del continente por Javier Milei.
El Presidente argentino llevó a los principales foros internacionales una defensa abierta de la libertad individual, la propiedad privada, el capitalismo y el derecho de Israel a existir y defenderse.
En un mundo donde demasiados dirigentes eligen la ambigüedad para no incomodar a las burocracias internacionales, Milei decidió hablar con claridad.
Presentó a la Argentina como un faro internacional de la libertad y rompió con décadas de neutralidad moral frente a las dictaduras, el antisemitismo y el terrorismo.
Para quienes defendemos la libertad individual, resulta un orgullo que el presidente de la Argentina esté dando, en todos esos escenarios, una verdadera “pela” al socialismo.
