Ver no es observar: memoria para no repetir la decadencia

Mirar hacia adelante no significa olvidar lo ocurrido. Una sociedad capaz de observar su propia historia, reconocer errores y recordar las consecuencias de determinadas decisiones políticas dispone de mejores herramientas para no volver a recorrer el mismo camino.

Ver y observar_ tablero de investigación

La diferencia entre “ver” y “observar” radica en el nivel de atención e intención que ponemos en cada acción.

“Ver” es un acto pasivo, natural y muchas veces involuntario. Ocurre cuando la luz y las imágenes llegan a nuestros ojos y el cerebro simplemente capta aquello que está frente a nosotros sin necesariamente analizarlo.

“Observar”, en cambio, es un acto voluntario, consciente y detenido. Implica mirar con atención para analizar, estudiar detalles, recabar datos o comprender cómo funciona algo.

El ser humano se diferencia del resto de los animales por su capacidad de razonamiento, que le permite organizar su vida hacia adelante recordando lo que ocurrió anteriormente para intentar mejorar lo que viene. Ese mecanismo constituye una parte central del desarrollo de la humanidad.

Muchos dicen: “Miremos hacia adelante”. Y tienen razón. Pero la posibilidad de construir algo mejor depende también de recordar lo sucedido para tomar decisiones coherentes.

Por ejemplo, mucha gente en Argentina podría decir:

  • Viví la época en que secuestraban, robaban bancos, asesinaban y ponían bombas.
  • Viví la dictadura que ustedes mismos contribuyeron a generar.
  • Los vi huir a Europa y a la Patagonia.
  • Los vi junto a Menem.
  • Los vi junto a De la Rúa.
  • Los vi junto a Duhalde.
  • Los vi privatistas en los 90.
  • Los vi nacionalistas y después nuevamente privatistas.
  • Los vi negar la inseguridad diciendo que era solamente una “sensación”.
  • Los vi empezar pobres y terminar ricos.
  • Los vi tirar bolsos con millones de dólares sobre el muro de un convento durante la madrugada.
  • Los vi por las cámaras de “La Rosadita”, contando durante jornadas enteras millones de dólares que colocaban en enormes bolsos.
  • Vi a personas cercanas a la familia del poder enriquecerse de formas difíciles de explicar: miles de hectáreas, maquinarias, vehículos, propiedades en Miami, helicópteros y aviones.
  • Los vi apropiarse políticamente de la idea de la AUH.
  • Los vi inaugurar tres veces un mismo hospital sin que estuviera terminado.
  • Los vi arrear gente a los actos previo acuerdo de pago y entrega de alimentos, fenómeno del que surgiría la expresión “choriplanero”.
  • Los vi anunciar un tren bala.
  • Los vi inaugurar una canilla.
  • Los vi inaugurar frente a las cámaras hasta un banco de plaza.
  • Los vi dibujar el índice de inflación hasta llevarlo a cifras inverosímiles.
  • Los vi mirar para otro lado frente a la muerte de Fuentealba y la desaparición, en democracia, de Julio López.
  • Los vi hacer lo mismo frente a la desaparición y muerte de Facundo Astudillo Castro.
  • Los vi aplaudir a Milani y a Milagro Sala.
  • Los vi vetar el 82% móvil para los jubilados.
  • Los vi deteriorar la salud, la educación y la seguridad.
  • Los vi utilizar organismos como la AFIP para perseguir adversarios y construir carpetas desde los servicios de inteligencia.
  • Los vi utilizar recursos del BCRA, las AFJP, el PAMI, la ANSES, el Banco Provincia, el IOMA y el IPS.
  • Los vi multiplicar las plantas de empleados públicos sobre el final de diferentes mandatos.
  • Los vi crear puestos públicos con denominaciones cada vez más extensas y funciones difíciles de explicar.
  • Los vi menospreciar a la Fragata Libertad.
  • Los vi celebrar la muerte de un fiscal de la Nación.
  • Los vi insultar al papa Francisco y posteriormente acercarse a él, recibir rosarios y concurrir en grupos al Vaticano.
  • Los vi golpear y escupir a quienes pensaban diferente.
  • Los vi utilizar la historia de un “gendarme carancho”.
  • Los vi cerrar el acceso al dólar mediante controles cada vez más restrictivos.
  • Los vi decir que en Argentina “había menos pobres que en Alemania”.
  • Los vi utilizar políticamente el nombre de Santiago Maldonado, quien murió ahogado en la Patagonia.
  • Los vi defecar dentro de la Catedral Metropolitana.
  • Los vi afirmar en Harvard que “un país con una inflación mayor al 25% estallaría hasta las nubes”.
  • No los vi entregar los atributos presidenciales.
  • Los vi prometer un 20% a los jubilados y después no cumplirlo.
  • Los vi ajustar sobre jubilados y personas con discapacidad.
  • Los vi vacunando de manera privilegiada a amigos del poder.
  • Vi cómo gestionaron la pandemia: encierro para todos, negocios fundidos y fiestas en Olivos.
  • Los vi politizar la muerte de Maradona.
  • Los vi mantener prácticamente cero paros frente al gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa.
  • Los vi militar al ministro Massa mientras se emitían cantidades extraordinarias de dinero sin respaldo, dejando una inflación altísima al gobierno de Milei.
  • Los vi involucrados una y otra vez en episodios de corrupción.
  • Los escuché mentir una y otra vez.
  • Los veo desplazarse en Audi y Mercedes, con choferes, guardaespaldas y todo tipo de asistentes.

Pero también hubo cosas que no vi.

No los vi condenar con la misma firmeza las desapariciones y muertes de opositores al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, ni denunciar sistemáticamente a las dictaduras de Cuba y Nicaragua. No los vi en la tragedia de Once, no los vi en las inundaciones de La Plata y Luján y no los vi devolver los fondos de Santa Cruz.

Sí los vi —y los sigo viendo— utilizar una retórica que presenta la salida anticipada de Milei como una alternativa política legítima cuando su gobierno afecta intereses, estructuras de poder y cajas que durante décadas estuvieron fuera del alcance de cualquier reforma profunda.

No me lo dijeron Lanata, los Leuco, Feinmann, Rossi, Baby Etchecopar ni Viale. Yo lo vi, lo viví y lo padecí.

Pero no lo “vi” simplemente como un acto pasivo. Lo observé como “un acto voluntario, consciente, detenido y con atención para analizar, estudiar los detalles, recabar datos o comprender cómo funcionan”.

Y después de observarlo llegué a mi propia conclusión: el peronismo fue una enfermedad crónica de la política argentina y el kirchnerismo llevó muchos de sus peores vicios hasta niveles extremos, atravesados por corrupción, clientelismo y concentración de poder.

Miremos hacia adelante. Y si quienes cometieron delitos quedan atrás, juzgados, condenados cuando corresponda y obligados a devolver aquello que la Justicia determine que fue obtenido ilícitamente, muchísimo mejor. Significará que el desarrollo como sociedad comienza a transformarse en un proceso beneficioso, coherente y capaz de acelerar la mejora colectiva.

Durante casi un siglo acumulamos decadencia hasta que, en 2023, una parte importante de la ciudadanía experimentó un “darse cuenta”: recordar, razonar y utilizar esa memoria para mirar hacia adelante.

El liberalismo es el camino correcto en la dirección adecuada.

Miguel A. Morra
Miguel A. Morra
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