Fluir: cultura, trabajo, creatividad y libertad

La teoría del “flujo” permite pensar la relación entre creatividad, realización personal y libertad individual. Cuando el entorno permite que las capacidades humanas se desarrollen sin coerción, el bienestar colectivo puede surgir como consecuencia de individuos libres capaces de crear, trabajar e innovar.

Cultura trabajo creatividad

Hace poco tiempo leí a un autor que pueden encontrar en Wikipedia, con un nombre bastante difícil de pronunciar: Mihály Csíkszentmihályi, psicólogo húngaro-estadounidense y profesor de Psicología en la Universidad de Claremont, California. Se destacó por sus trabajos acerca de la felicidad, la creatividad, el bienestar subjetivo y la diversión, pero su aporte más famoso fue la creación de la teoría del flujo.

En su trabajo seminal, Fluir: La psicología de las experiencias óptimas, Csíkszentmihályi esboza su teoría de que las personas son más felices cuando se encuentran en un estado de “fluir”: una concentración o absorción completa en la actividad o situación en la que están inmersas.

Esta idea es prácticamente idéntica a la sensación de “estar en la onda”. Puede decirse que es un estado óptimo de motivación intrínseca, en el que la persona está completamente inmersa en aquello que hace. Es algo que todos hemos percibido alguna vez y se caracteriza por una sensación de gran libertad, gozo, compromiso y habilidad, durante la cual las referencias temporales —la hora, la comida e incluso el propio yo— suelen quedar en segundo plano.

En una entrevista para la revista Wired, Csíkszentmihályi describió el fluir como “el hecho de sentirse completamente comprometido con la actividad por sí misma. El ego desaparece. El tiempo vuela. Toda acción, movimiento o pensamiento surgen inevitablemente de la acción, del movimiento y del pensamiento previo; es como si estuviéramos tocando jazz. Todo tu ser está allí y estás aplicando tus facultades al máximo”.

Para alcanzar un estado de fluir debe existir un equilibrio entre el desafío de la tarea y la habilidad de quien la realiza. Si la tarea es demasiado fácil o demasiado difícil, el flujo no podrá presentarse.

El estado de fluir también implica una especie de atención enfocada. Se ha observado que la meditación consciente, el yoga y las artes marciales pueden mejorar la capacidad de una persona para alcanzar ese estado. Entre otros beneficios, todas estas actividades permiten entrenar y mejorar la capacidad de atención.

En síntesis, el fluir puede describirse como un estado en el que la atención, la motivación y la situación se encuentran, dando como resultado una especie de armonía productiva o retroalimentación.

Estando en Europa, viendo de cerca las increíbles bellezas de todo tipo de arte expuestas por todas partes, especialmente en Florencia, Italia, y habiendo experimentado las consecuencias de la creatividad plasmada en esos increíbles palacios y monumentos históricos, pude comprender que el concepto de “fluir” estuvo muy presente en las mentes de quienes diseñaron, gestionaron, dirigieron o realizaron obras extraordinarias como el David de Miguel Ángel, entre cientos de creaciones de similar nivel.

También entendí que simples frases conceptuales pueden encerrar el mensaje de la posibilidad —o imposibilidad— de que exista el “fluir” en pocas o muchas personas.

Frases altamente conceptuales como la de Mussolini: “El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”, revelan el mensaje del “no fluir”, porque resulta imposible que muchas personas puedan alcanzar ese estado cuando se encuentran atrapadas en la ausencia de libertad individual.

Por el contrario, conceptos expresados en frases de Ayn Rand como “Potencialmente, el gobierno es la amenaza más peligrosa contra los derechos del hombre” o “Quien defiende sus propios derechos está defendiendo los derechos de todos” permiten imaginar que el fluir puede convertirse en un mecanismo inherente a una mayor cantidad de individuos dentro de una sociedad construida sobre esos principios.

La consecuencia lógica de muchos individuos utilizando el “fluir” como procedimiento creativo y de trabajo será la generación de mejores resultados para el conjunto. Así, a partir de otra teoría, llegamos nuevamente a una misma conclusión: libertad individual y bien común pueden ir absolutamente de la mano, siendo el segundo una consecuencia lógica de la primera.

El liberalismo es el camino correcto en la dirección adecuada para cualquier sociedad que valore el desarrollo constante y sostenido.

Miguel A. Morra
Miguel A. Morra
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