El Aeropuerto de Rosario recién inaugurado, también hizo agua: pasillos anegados y empleados con secadores

La tormenta provocó acumulaciones de agua en sectores internos del Aeropuerto Internacional de Rosario. El personal tuvo que recurrir a secadores y trapos mientras se evaluaba el funcionamiento de los desagües. La escena golpeó de lleno a una terminal presentada recientemente como símbolo de modernización y obra pública.

Aeropuerto de Rosario inundado

El Aeropuerto Internacional Rosario «Islas Malvinas» se convirtió en una de las imágenes más elocuentes del temporal que afectó a la ciudad y su región. El agua ingresó y se acumuló en pasillos y otros sectores interiores de la terminal, donde trabajadores debieron utilizar secadores de piso y trapos para contener el anegamiento.

Las imágenes circularon rápidamente en redes sociales y causaron indignación. No se trataba de una instalación antigua abandonada durante décadas, sino de una terminal que atravesó recientemente obras de modernización y fue presentada por las autoridades del gobierno provincial de Maximiliano Pullaro como una infraestructura renovada, preparada para acompañar el crecimiento de la conectividad aérea regional. Sin embargo, la primera tormenta fuerte dejó sectores bajo agua.

Las áreas técnicas comenzaron a evaluar los inconvenientes en el sistema de drenaje ante el volumen de precipitaciones registrado en un periodo reducido. Hasta el momento no se confirmó que el episodio haya provocado una suspensión general de las operaciones, y el personal trabajó para mantener el funcionamiento del servicio.

La falta de interrupciones mayores, sin embargo, no elimina las preguntas. Una terminal aeroportuaria debe estar diseñada para soportar fenómenos meteorológicos intensos, especialmente cuando está ubicada en una región donde las tormentas fuertes forman parte de la dinámica climática habitual.

En la Ciudad de Rosario se habían acumulado cerca de 42 milímetros hasta el mediodía, mientras que en Funes, localidad lindera al aeropuerto, los registros oscilaron entre 80 y 90 milímetros. La precipitación fue intensa y estuvo concentrada en poco tiempo, pero había sido anunciada mediante alertas meteorológicas.

La imagen de empleados intentando retirar el agua manualmente expuso la distancia entre los anuncios oficiales y el funcionamiento real de la infraestructura. Las inauguraciones suelen estar acompañadas por discursos sobre modernización, conectividad y desarrollo. La calidad de una obra, no obstante, se comprueba cuando debe responder ante las condiciones para las cuales supuestamente fue construida.

No alcanza con señalar que cayó mucha agua en poco tiempo. Precisamente por su función estratégica, un aeropuerto necesita sistemas capaces de reducir el impacto de contingencias climáticas, proteger a pasajeros y trabajadores y sostener su funcionamiento sin soluciones improvisadas.

La terminal rosarina es una infraestructura clave para la conectividad de Santa Fe y para las aspiraciones de la región de recuperar rutas nacionales e internacionales. Cualquier problema que comprometa sus instalaciones, aunque no llegue a detener la operación, afecta esa estrategia y exige respuestas rápidas.

La tormenta no sólo inundó calles y barrios. También alcanzó uno de los edificios públicos más promocionados de los últimos meses.

Mientras la política suele medir las obras con show el día de la inauguración, los ciudadanos las evalúan cuando necesitan que funcionen. El aeropuerto de Rosario, la primera tormenta fuerte dejó este miércoles una fotografía difícil de disimular.

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