La izquierda quiso sembrar el caos este martes en Buenos Aires con un paro total de subtes e intento de cortes de calles que la policía impidió

Myriam Bregman y Nicolás del Caño participaron de la protesta en el barrio porteño de Villa Urquiza, donde manifestantes intentaron bloquear el tránsito en medio de la paralización total de la red. La Policía de la Ciudad intervino y consiguió despejar la calzada.

Bregman paro de subtes

La izquierda volvió a intentar trasladar un conflicto gremial a las calles de la Ciudad de Buenos Aires. En medio del paro total que dejó sin servicio a las seis líneas de subte y al Premetro, un grupo de manifestantes buscó interrumpir el tránsito en Villa Urquiza, pero la Policía actuó para despejar la avenida y restablecer la circulación.

Los incidentes ocurrieron en la intersección de Triunvirato y Roosevelt, frente a la estación Juan Manuel de Rosas, cabecera de la línea B. Allí, manifestantes ocuparon la calzada mientras reclamaban por la situación de dirigentes sindicales detenidos durante un conflicto previo con las fuerzas de seguridad.

Entre quienes participaron de la protesta estuvieron los dirigentes del Frente de Izquierda Myriam Bregman y Nicolás del Caño, quienes intervinieron durante los momentos de mayor tensión entre los militantes y el cordón policial.

Los efectivos avanzaron para impedir que el piquete se consolidara sobre una de las principales arterias de Villa Urquiza. Hubo empujones, corridas y momentos de tensión, hasta que los manifestantes fueron desplazados hacia la vereda y la circulación pudo ser normalizada.

El episodio ocurrió en una jornada particularmente complicada para miles de porteños. El paro dispuesto por la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro paralizó por completo el servicio, obligando a los usuarios a recurrir a colectivos, taxis, aplicaciones y vehículos particulares.

La medida sindical se produjo después de incidentes registrados en la línea B y de la detención de dirigentes y delegados del subte. El conflicto original estaba vinculado, entre otros puntos, al rechazo gremial a la tercerización de determinadas tareas de mantenimiento y a una sanción laboral.

La conducción sindical respondió extendiendo el conflicto a toda la red, convirtiendo una disputa laboral en un problema para cientos de miles de pasajeros que necesitaban trasladarse para trabajar, estudiar o cumplir con sus obligaciones.

A ese escenario se sumó luego el intento de corte encabezado por militantes de izquierda. La protesta volvió a exponer dos modelos enfrentados sobre el uso del espacio público: mientras sectores políticos y sindicales consideran legítimo bloquear calles para amplificar sus reclamos, una parte creciente de la sociedad exige que las manifestaciones se desarrollen sin impedir la libre circulación.

La intervención policial evitó que el conflicto del subte terminara además con una avenida completamente bloqueada.

El episodio vuelve a colocar en discusión una práctica utilizada durante décadas por el kirchnerismo, organizaciones sindicales y partidos de izquierda: convertir a los ciudadanos que no participan de un conflicto en rehenes de protestas, paros y piquetes.

La libertad de manifestarse forma parte de cualquier sociedad democrática. La libertad de circular, trabajar y trasladarse sin ser obligado a participar de una protesta ajena también.

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