El milagro económico de Milei: la actividad alcanza niveles históricos
A comienzos de abril, la economía argentina enfrentó nubarrones: la demora en cerrar el acuerdo por 20.000 M USD con el Fondo Monetario Internacional y el giro proteccionista anunciado por Donald Trump habían disparado el riesgo país hasta rozar los 1.000 puntos, mientras la inflación repuntaba y sembraba dudas sobre el llamado “milagro económico”. Sin embargo, el rápido restablecimiento de la confianza tras la firma del programa con el FMI y la liberalización cambiaria han permitido un vuelco notable: el riesgo país se derrumbó hasta 710, una señal contundente de que los mercados vuelven a apostar por Argentina.
El acuerdo con el FMI no solo destrabó la salida ordenada del cepo cambiario —Argentina hoy dispone de suficientes dólares para absorber toda la base monetaria amplia—, sino que contó también con un respaldo inédito desde Washington. Días atrás, Estados Unidos confirmó su predisposición a ofrecer una línea de crédito contingente en caso de un shock externo adverso, reforzando el blindaje financiero del país frente a tensiones globales.
En la economía real, la recuperación sigue a pleno rendimiento. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en febrero un crecimiento de 0,8% mensual y 5,7% interanual, acumulando diez meses consecutivos de alzas. Según Juan Ramón Rallo, que analiza la serie desestacionalizada, el nivel de actividad rozó un índice de 152, próximo a los máximos históricos de dos décadas atrás.
Este impulso coincide con la revisión al alza del crecimiento de Argentina por parte del FMI en su informe Perspectivas Económicas Mundiales. La proyección para 2025 subió de 5,0% a 5,5%, medio punto por encima de lo estimado en enero y muy por encima del 2,8% que se espera a nivel global. Esa brecha sitúa a Argentina como una de las economías emergentes con mejor desempeño, incluso cuando EE. UU. y la Unión Europea se conforman con crecimientos por debajo del 2%.
La base de este despegue radica en el paquete de reformas lanzado tras la asunción de Javier Milei a fines de 2023. Una consolidación fiscal drástica, que transformó un déficit primario crónico en superávit, ha funcionado como ancla creíble, eliminando la necesidad de financiarse con emisión monetaria y atenuando las presiones inflacionarias. De modo paralelo, la desregulación de mercados y la liberalización de precios han corregido distorsiones históricas, mejorando la asignación de recursos y elevando la eficiencia productiva.

La estabilidad cambiaria también es fruto de un entorno predecible: al levantar los controles de capital y generar incentivos para la inversión, local y extranjera, se ha reducido la demanda especulativa de divisas y se ha favorecido el ingreso neto de capitales frescos.
En materia de inflación y empleo, el FMI proyecta una desaceleración clara: la tasa anual de inflación pasará de un 219,9% en 2024 a 35,9% en 2025, para situarse en 14,5% en 2026. El desempleo, a su vez, bajará del 7,2% en 2024 al 6,3% en 2025 y al 6,0% en 2026. La cuenta corriente, con un superávit del 1% del PIB en 2024, registrará un déficit del 0,4% este año y del 0,3% en 2026.
La directora del FMI, Kristalina Georgieva, destacó “los impresionantes logros iniciales” de estas políticas, aunque advirtió que persisten desafíos estructurales y vulnerabilidades externas. El reto hoy es consolidar esta senda de crecimiento, garantizando que la rápida desinflación y la sólida recuperación se traduzcan en mejoras reales para los hogares y empresas.
En definitiva, Argentina transita actualmente un ciclo virtuoso: las medidas de libre mercado y disciplina fiscal empiezan a dar sus frutos, validando la apuesta por un Estado reducido y una economía abierta. Mantener este rumbo será clave para afianzar el cambio y asegurar que el “milagro” deje de ser una ilusión para convertirse en un patrón sostenible de desarrollo.
