Apagón en España y Portugal: cuando el Estado controla la energía, la oscuridad es inevitable

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El colapso eléctrico reaviva el debate sobre la centralización de infraestructuras esenciales y la urgencia de alternativas libres y descentralizadas.

En la tarde del lunes 28 de abril de 2025, un apagón masivo dejó a millones de personas sin electricidad en España y Portugal, afectando también a partes del sur de Francia. Según los primeros informes, una fuerte oscilación en el flujo de potencia provocó la desconexión de España del sistema eléctrico europeo, colapsando el suministro en cuestión de minutos.

En España, la gestión de la red eléctrica está en manos de la empresa estatal Red Eléctrica de España (REE). Por su parte, en Portugal, la responsabilidad recae en REN (Redes Energéticas Nacionais), compañía altamente regulada donde el Estado conserva fuerte influencia en su estructura y decisiones estratégicas. Ambas estructuras, en su carácter centralizado y burocrático, demostraron ser incapaces de prevenir o mitigar una disrupción de esta magnitud.

REE informó que el incidente no se debió a un ciberataque, como se temió inicialmente, sino a una falla técnica imprevista que desestabilizó el sistema. Aunque se activaron los protocolos de emergencia para restablecer el suministro, el servicio completo tardó horas en recuperarse y miles de usuarios continuaron afectados durante gran parte de la jornada.

Más allá del desconcierto inicial, el evento expone una verdad incómoda: la extrema vulnerabilidad de sistemas hipercentralizados y dependientes del control estatal o de grandes monopolios regulados. Una falla en un único punto —manejada bajo rígidos esquemas burocráticos— fue suficiente para dejar a oscuras a dos países enteros. Esta concentración del poder energético, lejos de garantizar la estabilidad que prometen los planificadores, ha puesto en evidencia sus enormes fallos estructurales.

Como advirtió Ludwig von Mises, «El problema con la gestión pública de las empresas es que elimina el incentivo para servir al consumidor de la manera más eficiente posible.» Bajo el mando estatal, las prioridades dejan de ser la innovación, la resiliencia y la eficiencia, y pasan a ser la obediencia a la burocracia y el mantenimiento del statu quo.

Los gobiernos de España y Portugal, junto a REE y REN, aseguraron que se implementarán “nuevas medidas de seguridad” para evitar futuros apagones, pero el patrón es claro: cada vez que se centraliza el control de recursos vitales, los ciudadanos quedan más expuestos a errores que no pueden prever ni evitar.

Desde una perspectiva libertaria, el apagón reafirma la necesidad urgente de avanzar hacia sistemas de generación eléctrica descentralizados, comunitarios y libres de trabas estatales. Tecnologías como paneles solares independientes, micro-redes gestionadas localmente y contratos privados de suministro flexible no solo ofrecerían mayor resiliencia, sino también liberarían a los ciudadanos de la dependencia de organismos ineficientes.

Recordando a Milton Friedman: «Nada es tan permanente como un programa temporal del gobierno.» Lo que empieza como una supuesta solución técnica a un problema, se convierte en estructuras estatales eternas, que terminan agravando las crisis que decían venir a resolver.

Mientras tanto, el gran apagón nos deja una enseñanza crucial: cuanto más dependemos de los Estados para asegurar nuestras necesidades básicas, más vulnerables nos volvemos cuando, inevitablemente, fracasan.

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