Del bombardeo sobre Kiev a la sangre en Jersón: Putin enfría la paz mientras Trump y Zelensky preparan nuevas conversaciones
Un ataque masivo dejó muertos, decenas de heridos y a parte de la capital ucraniana sin calefacción, en la antesala de una nueva ronda de contactos con el presidente Trump. En paralelo, el presidente Putin volvió a marcar que no tiene apuro por cerrar un acuerdo. Y en Jersón —la ciudad que Ucrania recuperó en 2022— la guerra se siente sin metáforas: mercados, drones y artillería sobre civiles.
La guerra en Ucrania volvió a mostrar su mecánica más cruda: cuando se habla de “paz” en los despachos, el frente (y las ciudades) responden con fuego real.
Este sábado, Kiev soportó casi diez horas de alerta y un nuevo golpe combinado de drones y misiles rusos. Según reportes, el ataque incluyó del orden de 500 drones y 40 misiles, dejó al menos dos muertos y decenas de heridos, y dañó infraestructura civil al punto de provocar que un tercio de la ciudad quedara sin calefacción en pleno invierno.
El momento no es casual: el presidente Volodymyr Zelensky se prepara para conversaciones de paz con el presidente Donald Trump, con la presión de mostrar un camino viable que no sea rendición encubierta ni guerra eterna. Zelensky considera su propuesta “90% completa” y que se discuten garantías de seguridad, el futuro del Donbás y el esquema de reconstrucción.
Del lado ruso, el mensaje político también llegó sin filtro. En declaraciones difundidas por agencias rusas, el presidente Vladimir Putin volvió a insistir en que Ucrania “no tiene apuro” por alcanzar la paz y repitió la idea de que Rusia logrará sus objetivos “por la fuerza” si no hay acuerdo. Es una forma elegante de decir lo obvio: Moscú negocia con el dedo en el gatillo y con el calendario a su favor.
En ese tablero, Trump aparece como el factor decisivo de la etapa que viene. En las últimas semanas, el presidente estadounidense subió la presión pública sobre Zelensky para que acepte un plan “liderado por EE.UU.”, mientras Europa busca no quedar pintada en una negociación que define su seguridad por décadas.
Jersón: la ciudad liberada que sigue bajo castigo
Pero si Kiev es la vidriera, Jersón es el recordatorio de que “posguerra” todavía no existe.
Jersón fue la única capital regional que Rusia capturó y que Ucrania logró recuperar en su contraofensiva. En noviembre de 2022, Moscú anunció que había completado la retirada hacia la orilla oriental del río Dniéper. Desde entonces, esa geografía se volvió una condena: posiciones rusas relativamente cerca, y una ciudad expuesta a artillería, drones y bombas guiadas desde el otro lado del río.
Hace pocas semanas un cuadro de desgaste sostenido: ataques “relentless” que van vaciando la ciudad, negocios que cierran y una población que se achica drásticamente, con la vida cotidiana sometida al azar de la próxima explosión.
Y en Navidad, el golpe fue directo al corazón civil: un ataque al mercado en el centro de Jersón, que según autoridades locales mató a un trabajador e hizo destrozos en los puestos. La escena es tan simple como aterradora: donde hay compra-venta, hay gente; donde hay gente, hay impacto.
Esa es la parte que la diplomacia suele “limpiar” con eufemismos. Se habla de “infraestructura” y “objetivos”, pero el resultado es siempre el mismo: familias sin calefacción en Kiev, comercios cerrados en Jersón, y una sociedad que vive bajo una amenaza permanente.
La lectura política: cuando el conflicto se vuelve permanente, el Estado siempre crece
Hay un dato incómodo que atraviesa toda guerra larga: el conflicto permanente es el mejor argumento para que el poder se expanda (presupuesto, censura, control social, restricciones “temporales” que nunca vuelven del todo). Y del otro lado, la guerra también alimenta al aparato que dice combatirla: más coerción, más propaganda, más “razones de seguridad” para justificar lo injustificable.
Por eso, si de verdad se quiere hablar de paz, no alcanza con “firmar algo”: hay que mirar qué incentivos quedan parados después del acuerdo. Y hoy Putin —según su propio discurso— no transmite urgencia sino cálculo.
Mientras tanto, en Jersón no hay teoría: hay una ciudad que Ucrania recuperó, pero que Rusia sigue castigando. Y cada ataque a un mercado o a un barrio residencial es un mensaje: en esta guerra, la negociación no reemplazó a la violencia; convive con ella.
