La crisis de la bata blanca: arreglos entre Pullaro y los gremios que perjudican a los trabajadores de la salud y benefician a sindicalistas
El sistema de salud es, después de Seguridad y Educación, la caja y la estructura territorial más grande de la provincia de Santa Fe, el Gobernador Maximiliano Pullaro coloca figuras como Guillermo Álvarez,Sec. de Adm. del Ministerio de Salud de Sta Fe, Bruno Moroni, director del hospital Cullen y Diego Alegre, representante de la comunidad, ambos responden directamente a Pullaro y pactan con los gremios UPCN y ATE a espaldas de los trabajadores de la salud cosas que no benefician al personal sino que mantienen los privilegios de dichos gremios.
En la provincia de Santa Fe, el conflicto en el sistema de salud dejó de ser un reclamo salarial para convertirse en una crisis política estructural. Lo que comenzó como una discusión paritaria hoy expone un cuestionamiento frontal al estilo de conducción del gobernador Maximiliano Pullaro y a lo que los trabajadores describen como un esquema de poder cerrado, vertical y blindado.
La “crisis de la bata blanca” ya no interpela solo al Ministerio de Salud: golpea directo a la Casa Gris.
El sistema de salud es, después de Seguridad y Educación, la caja y la estructura territorial más grande de la provincia de Santa Fe, el Gobernador Maximiliano Pullaro coloca figuras como Guillermo Álvarez (Subsecretario de Tecnología y Planeamiento, ex empleado del hospital Cullen, pero operador todoterreno) quien ahora busca «ordenar» la caja política del ministerio siendo Sec. de Adm. del Ministerio de Salud de Sta Fe, que históricamente fue un loteo de diferentes sectores del socialismo y el radicalismo, con el objetivo de desarticular cualquier foco de autonomía hospitalaria, en el caso del Hospital Cullen en Santa Fe, en este conflicto resuena junto a Álvarez, los nombres de Bruno Moroni, director del hospital, Diego Alegre, representante de la comunidad, ambos responden directamente a Pullaro.


Si el director responde directo a Casa Gris y no a las necesidades del hospital, el control es absoluto.
El pacto de Pullaro con ATE y UPCN
La denuncia sobre los acuerdos cerrados tiene un sustento histórico en Santa Fe.
Históricamente, la personería gremial la tienen ATE y UPCN. Al cerrar paritarias con ellos (muchas veces a cambio de mantener cuotas de poder en las estructuras administrativas o ingresos de personal), el Gobierno logra legalidad, pero no legitimidad, llegan a acuerdos beneficiosos para ambas partes (gobernador-gremios) pero no para los trabajadores, incluso los hospitales tienen espacios físicos dentro del edificio, destinados solamente a los gremios, con gente presente que no cumple ninguna función y no se los ve trabajando, pero que el mismo personal de los hospitales define como “intocables” porque los defiende la provincia entre acuerdos.
Politización hospitalaria: gestión o control
Los médicos y trabajadores autoconvocados hablan de un proceso de politización de la estructura sanitaria. Sostienen que los hospitales dejaron de organizarse bajo criterios técnicos para convertirse en espacios de control político y gremial.
Entre los nombres señalados aparece Guillermo Álvarez, funcionario del Ministerio de Salud, a quien las bases identifican como uno de los operadores que “bajan línea” cuando surgen asambleas o protestas. También cuestionan la designación de Victoria Gervassoni en el Consejo de Administración, interpretada como un movimiento alineado más con lealtades partidarias que con antecedentes sanitarios.
La “pax gremial”: acuerdos sin consulta y sumas en negro
El quiebre más profundo se da entre trabajadores y dirigencias sindicales. Los autoconvocados denuncian que Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) firmaron acuerdos con diversas irregularidades:
- Acuerdos «entre cuatro paredes»: Los trabajadores autoconvocados denuncian que las decisiones se toman sin consulta real a las bases, quienes a menudo se enteran de los aumentos cuando ya están firmados, aumentos que como se menciona reiteradas veces, son en negro.
- Intercambio de favores: Se señala que, a cambio de la firma de paritarias que aceptan el ajuste, el Gobierno de Pullaro mantiene cuotas de poder para los gremios en estructuras administrativas, ingresos de personal y otras cajas políticas del Estado. De esta manera, Pullaro asegura gobernabilidad y los gremios sostienen su estructura interna y cargos administrativos que no dejan de crecer.
El punto más sensible, Sumas No Remunerativas: Es el truco contable preferido. Al ser «en negro», el Gobierno ahorra en aportes patronales y desfinancia la Caja de Jubilaciones y el IAPOS (la obra social provincial), que hoy está en una crisis de prestaciones sin precedentes. Es un círculo vicioso de ajuste que se repite tanto en el ámbito de salud, como en el de educación y en el policial.
La representación sindical quedó desdibujada, los trabajadores no se sienten representados y afirman que siempre votan cosas sin ser charladas con ningún personal y con las que nadie está de acuerdo, no se escucha al trabajador, al punto de que se está dando una desafiliación masiva.
La brecha salarial que enciende la mecha
La indignación también tiene números concretos.
Mientras los directores de hospitales de tercer nivel perciben alrededor de $4.000.000 mensuales y los subdirectores cerca de $3.200.000, trabajadores denuncian básicos que oscilan entre $50.000 y $170.000, dependiendo del cargo y la antigüedad.

La diferencia alimenta la percepción de una “casta sanitaria”: arriba, estructura jerárquica robusta y sueldos blindados; abajo, profesionales agotados, pluriempleo y guardias extenuantes.
El contraste no solo es económico, es simbólico: en plena crisis, se jerarquiza la conducción política mientras se ajusta la base operativa.
Amenazas como respuesta
Uno de los aspectos más graves son las denuncias de mensajes intimidatorios. El mensaje que perciben puertas adentro es claro: el que no se alinea, queda expuesto y la única respuesta que reciben los trabajadores de la salud autoconvocados para hacerse escuchar son: amenazas
La frase que circula en distintos efectores resume el clima:
“Fijate que acá hay gente que te puede cuidar un tiempo, pero el que te paga el sueldo es el Ministerio”
Y cuando se trata de algún trabajador vulnerable, abusan de ello y mandan mensajes al estilo de : “dejá de manifestarte o vas a perder la casita”, entre muchos otros.
Para los trabajadores, esto es el salario como herramienta de control, los gremios mandan , sus privilegios importan.
Señalan que cualquier intento de asamblea, cartel o declaración pública activa llamados, advertencias y recordatorios sobre jerarquías administrativas. La lógica replica el esquema de poder vertical que caracteriza a la gestión provincial: centralización, control, amiguismo y poca tolerancia a la disidencia interna.
En el centro del debate aparece una definición política de fondo:
¿El hospital es una institución pública al servicio de la comunidad o una extensión del poder del gobierno de turno?
Cuando desde la conducción se intenta frenar manifestaciones bajo el argumento de autoridad institucional, los autoconvocados responden con una consigna simple: el hospital es de la comunidad.
Designaciones, pauta y cargos que no figuran
El conflicto también suma denuncias sobre:
- Asistentes técnicos que no figurarían en el Boletín Oficial.
- Supuestos sobres, “bonos” y “extras” para cerrar acuerdos paritarios.
- Distribución de cargos políticos en hospitales y organismos vinculados a la salud.
- Pauta publicitaria millonaria como mecanismo de blindaje comunicacional

Proveniente del Tribunal de Cuentas de la Provincia. La información señala irregularidades en la asignación de pauta publicitaria estatal, con una concentración de pagos significativos hacia el medio «Aire de Santa Fe»
El desgaste del blindaje
Pullaro construyó su liderazgo sobre el relato de orden y eficiencia. Pero el conflicto sanitario muestra una grieta distinta: no es la oposición partidaria quien cuestiona y se levanta, sino trabajadores del propio Estado.
Hasta el momento, el silencio de la Casa Gris es ensordecedor. Pullaro ha optado por jerarquizar la política y la obediencia, mediante amenazas, dejando a los profesionales que sostienen el sistema en un estado de agotamiento físico, mental y económico. El conflicto, lejos de apagarse con parches salariales, parece ser el comienzo de una ruptura profunda entre la gestión política y la realidad de quienes ponen el cuerpo en el sistema público.
La pregunta ya no es solo salarial, es política:
¿Ya que no se está fortaleciendo la salud pública, se está consolidando un esquema de poder centralizado en la Casa Gris?

Será difícil limpiar el Estado de todas las lacras peronistas, Kukas, socialistas, radicales y zurdos, ya llevan más de 80 años en el poder, Pero tengo la firme convicción, que el pueblo, ya despertó, y lograremos, cambiar nuestro futuro, y sacar a las lacras enquistadas en la administración pública.