AYSA tuvo superávit por primera vez en 17 años: el ajuste que sí funciona

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Por primera vez desde su reestatización en 2006, Aguas y Saneamientos Argentinos (AySA) logró cerrar un trimestre con superávit operativo, cortando una racha de 17 años de pérdidas sostenidas. Este hito contrasta fuertemente con la desastrosa gestión anterior de Malena Galmarini, quien dejó la empresa en rojo mientras se la vinculaba al “rey del cloro” y a múltiples denuncias por sobreprecios en la compra de vehículos. Bajo su mando, AySA dependía de constantes rescates del Estado nacional, administrado por su esposo Sergio Massa, que solucionaba el agujero fiscal a fuerza de deuda e impresión monetaria, mientras proveedores amigos del poder y funcionarios bien conectados se enriquecían a costa del contribuyente.

💸 Malena Galmarini y el legado de AySA: denuncias por sobreprecios, déficit crónico y corrupción

Durante su paso al frente de Aguas y Saneamientos Argentinos (AySA), Malena Galmarini dejó tras de sí un entramado de denuncias por mal manejo de fondos públicos, compras con sobreprecios y una empresa sostenidamente deficitaria, que dependía de millonarios subsidios estatales para subsistir.

Malena Galmarini fue la cara del desmanejo de Aysa

🚨 Denuncias por compras con sobreprecios

Una de las irregularidades más graves durante su gestión fue la compra de vehículos a precios significativamente superiores a los del mercado. Las investigaciones revelaron que se adquirieron unidades con sobreprecios que oscilaban entre el 30% y el 50%, beneficiando a concesionarios vinculados con círculos cercanos al poder. Estas operaciones encendieron las alarmas de organismos de control y dieron lugar a presentaciones judiciales que aún siguen en curso.

🧾 Manejo discrecional de fondos y contrataciones

Bajo el mando de Galmarini, AySA se convirtió en una usina de contratos para empresas amigas y consultoras sin antecedentes técnicos, muchas veces sin licitaciones competitivas. La falta de transparencia en la asignación de recursos fue una constante, y generó serias sospechas de favoritismo y corrupción administrativa.

📉 Una empresa crónicamente deficitaria

A pesar del enorme caudal de dinero público que recibió —más de $220.000 millones solo en 2023—, AySA operó todos los años con déficit, acumulando pérdidas millonarias. Para cubrir el rojo, se apelaba a subsidios estatales financiados con deuda e impresión monetaria, política sostenida desde el Ministerio de Economía, entonces dirigido por su esposo Sergio Massa. La gestión resultó en un combo explosivo: servicios estancados, infraestructura sin modernizar y una dependencia cada vez mayor del Estado nacional.

🧼 El vínculo con “el rey del cloro”

Durante su gestión también fue señalada por su cercanía con el empresario conocido como “el rey del cloro”, proveedor habitual de insumos para AySA. Varios medios y legisladores advirtieron que esta relación habría favorecido contrataciones direccionadas y pagos por encima de los valores de referencia del mercado.

🔚 Un modelo agotado

Galmarini dejó AySA con una estructura sobredimensionada, opaca y financieramente inviable, donde los recursos no se destinaban al mejoramiento del servicio, sino al clientelismo político, la compra de voluntades y el enriquecimiento de contratistas cercanos. Hoy, la empresa intenta recomponer su operatividad y equilibrio fiscal, con una nueva administración enfocada en el ajuste, la eficiencia y la transparencia.

📉 Qué cambió

Desde 2008, el Estado inyectó miles de millones de pesos para mantener a flote a AySA, en un esquema insostenible que drenaba recursos públicos. Sin embargo, en el primer trimestre de 2025, la empresa mostró resultados positivos gracias a un conjunto de medidas concretas impulsadas bajo la nueva gestión alineada con el programa económico del gobierno nacional:

  • 📈 Aumento de tarifas, con actualizaciones más acordes a la estructura real de costos, cortando con años de congelamientos populistas.
  • 🛠️ Revisión y ajuste del plan de obras, priorizando eficiencia y recortando proyectos innecesarios o sobredimensionados.
  • 🧾 Recorte de personal y gastos administrativos, eliminando cargos políticos y contratos redundantes que engrosaban el déficit.
  • 🧮 Transparencia en la gestión: se establecieron controles más estrictos sobre proveedores, contrataciones y adquisiciones.

📊 El impacto fiscal

Este giro en la conducción de AySA se traduce en un alivio directo a las arcas públicas, ya que por primera vez en años no fue necesario subsidiar a la compañía con recursos del Tesoro. El superávit operativo alcanzado es una señal de que la disciplina fiscal y el saneamiento de empresas públicas pueden ser una realidad cuando se aplican políticas racionales y responsables.

🔍 Una empresa más cerca del usuario… y del mercado

El modelo de gestión anterior, que mantuvo tarifas artificialmente bajas para ganar simpatía política, terminó dejando un servicio deteriorado, obras inconclusas y una empresa altamente deficitaria. La nueva etapa de AySA parece demostrar que la eficiencia, el ajuste y el orden son herramientas que, lejos de ser sinónimo de recorte, pueden transformar empresas públicas en organizaciones sustentables.

Y más aún: hoy, con cuentas equilibradas, mayor transparencia y operatividad mejorada, AySA se ha revalorizado notablemente, abriendo la posibilidad de una futura privatización en condiciones dignas. A diferencia del pasado, cuando estas empresas se entregaban por monedas y en ruinas, una AySA saneada podría venderse a buen precio, generando ingresos genuinos para el Estado y garantizando un mejor servicio para los ciudadanos.

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