Emergencia en Discapacidad: promulgada con responsabilidad fiscal

El Gobierno promulgó la Ley 27.793 y, en cumplimiento de las normas fiscales, suspendió su aplicación hasta que el Congreso asigne los fondos: orden y transparencia para terminar con las promesas sin presupuesto y priorizar ayudas reales y sostenibles.

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El Gobierno nacional promulgó la Ley 27.793, que declara la Emergencia en Discapacidad hasta el 31 de diciembre de 2026. Sin embargo, su aplicación quedó suspendida hasta que el Congreso determine y apruebe las partidas presupuestarias necesarias para financiarla.
Lejos de ser un freno, la decisión del Ejecutivo representa un paso firme hacia la responsabilidad fiscal y la transparencia en la gestión pública. Durante décadas, la política tradicional utilizó la causa de la discapacidad como un recurso electoral, prometiendo soluciones que jamás cumplió y montando un esquema plagado de clientelismo y corrupción. Hoy, con la libertad como bandera, se pone orden y se dice la verdad, incomodando a quienes lucraron con la mentira durante décadas pero brindando soluciones a quienes de verdad necesiten.

La Ley 27.793 fue aprobada por el Congreso tras el rechazo al veto presidencial. Establece la creación de una Pensión No Contributiva por Discapacidad para Protección Social, gestionada por la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), y garantiza cobertura médica básica para sus beneficiarios.

La norma también contempla:

  • Actualización mensual de aranceles para prestadores vinculados al sistema de discapacidad.
  • Compensaciones económicas de emergencia por diferencias de aranceles.
  • Fortalecimiento institucional de la ANDIS.
  • Creación de un ámbito de diálogo con organizaciones sociales y prestadores.

Sin embargo, cada una de estas medidas representa gastos de gran magnitud, que el presupuesto nacional vigente no contempla.

El Decreto 681/2025, que promulgó la norma, advierte que la aplicación de la ley demandaría en 2025 más de $3 billones, equivalente al 0,35 % del PBI.

El desglose oficial proyecta:
$2,16 billones para la nueva pensión no contributiva.
$574.200 millones para el programa Incluir Salud.
$278.323 millones en compensaciones de emergencia a prestadores.

Y para 2026, el costo escalaría a casi $5 billones, es decir, alrededor del 0,5 % del PBI.
Frente a estas cifras, el Ejecutivo fue categórico: no se pueden ejecutar compromisos sin especificar previamente de dónde saldrán los fondos.

La decisión no es una arbitrariedad política, sino el cumplimiento estricto de la ley. Estas leyes establecen que ninguna norma que incremente gastos puede aplicarse sin identificar fuentes de financiamiento:

Ley 24.156 de Administración Financiera:

  • Artículo 12: Toda ley que autorice gastos u otorgue beneficios tributarios deberá indicar expresamente las fuentes de financiamiento correspondientes.
  • Artículo 38: Cuando por ley se dispongan gastos no previstos en el Presupuesto vigente, deberá especificarse la fuente de los recursos que los financien.

Ley 24.629 (Normas Complementarias para la Ejecución del Presupuesto de la Administración Nacional):

  • Artículo 5: Toda ley que autorice o disponga gastos deberá prever en forma expresa el financiamiento de los mismos. En caso contrario, quedará suspendida su ejecución hasta tanto se incluyan las partidas correspondientes en el Presupuesto nacional.

De lo contrario, se incurre en irresponsabilidad y en un engaño hacia los sectores más vulnerables, a quienes se les promete lo que no se puede cumplir.
En otras palabras: se terminó la costumbre de sancionar leyes sin presupuesto y vender humo con causas sensibles como la discapacidad.

La herencia del sistema: clientelismo y abuso
El debate actual no puede desligarse de lo que ocurrió en las últimas décadas. Gobiernos anteriores convirtieron las pensiones por discapacidad en un festival de clientelismo, entregándolas en forma discrecional, la mayoría de las veces a personas que no cumplían con los requisitos reales.

Esa práctica generó dos consecuencias graves:

  1. Dilapidación de recursos en beneficios mal otorgados.
  2. Desprotección de quienes sí necesitaban asistencia, porque los fondos se desviaban a la mentira y la corrupción.

Hoy, quienes construyeron ese sistema fallido acusan al actual Gobierno de “no preocuparse por la discapacidad”. Pero la realidad es otra: ellos usaron la causa para hacer política; este Gobierno la ordena para que funcione de verdad.

Medidas concretas mientras el Congreso define el financiamiento
Mientras tanto, el Ejecutivo ya tomó medidas para asistir a los sectores más vulnerables mientras el Congreso define el financiamiento:
● Se destinaron $121.000 millones adicionales a la Agencia Nacional de Discapacidad.
● Se dispuso la actualización de aranceles a prestadores a partir del 1° de octubre.

Esto demuestra que el Gobierno atiende las urgencias inmediatas, pero sin hipotecar la estabilidad económica de todo el país.

La discusión sobre la discapacidad no es solo económica, también es política.
La casta que destruyó el sistema intenta hoy usar la discapacidad como bandera para atacar al Gobierno.
Ellos mintieron, despilfarraron y usaron a los vulnerables como excusa.
Este Gobierno dice la verdad, cuida los recursos y gobierna con responsabilidad.

El mensaje es firme: el equilibrio fiscal no se negocia. Solo con cuentas ordenadas el Estado podrá sostener políticas sociales reales que funcionen correctamente.

La Ley de Emergencia en Discapacidad ya está promulgada y se aplicará en cuanto el Congreso apruebe los fondos necesarios para financiarla. La diferencia con el pasado es que, esta vez, no se construyen promesas sobre la mentira, sino políticas sobre la base de la responsabilidad fiscal.

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Ludmila Radolovich
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1 pensamiento sobre “Emergencia en Discapacidad: promulgada con responsabilidad fiscal

  1. Excelente nota.
    Muy precisa, simple y con los conceptos muy claros.
    «La simplicidad es la maxima sofisticación» dijo alguien que sabia de sofisticación. (Leonardo Da Vinci)

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