Grupo terrorista musulmán de Nigeria secuestra a 300 niños de una escuela católica profundizando su yihad

Una escuela católica en Papiri (estado de Níger) fue escenario de uno de los secuestros escolares más grandes de los últimos años: 303 alumnos y 12 docentes fueron raptados; 50 escaparon y luego 100 fueron liberados, pero todavía faltan más de un centenar. La autoría no fue reivindicada, pero el hecho se inscribe en el mismo ecosistema que alimenta al norte nigeriano: bandas armadas, rutas de rescate y un tablero donde el yihadismo islamista y el crimen organizado se refuerzan mutuamente.

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El secuestro: cómo fue y qué se sabe

El ataque ocurrió la madrugada del 21 de noviembre en la escuela St. Mary’s Catholic School. Testimonios recogidos por la prensa describen una operación violenta: irrupción armada, amenazas, traslado al monte en motos y vehículos, y recaptura de chicos que habían intentado huir.

El presidente Bola Tinubu celebró la liberación de 100 estudiantes, pero el Estado evitó detallar el método (si fue operativo, negociación o rescate con pago). Esa opacidad, en Nigeria, no es un detalle: es parte del problema.

Dato clave: Esto fue “de los mayores” en los últimos años, pero no es el mayor secuestro escolar de la historia de Nigeria: en Kankara (2020) fueron raptados 344 alumnos (y Boko Haram lo llegó a atribuir, aunque con controversias).

“No es un hecho aislado”: Nigeria convive con dos fuegos

Nigeria enfrenta dos dinámicas simultáneas:

  • Bandas armadas que secuestran por rescate en el norte y noroeste (un negocio que se volvió industria).
  • Insurgencia yihadista islamista (Boko Haram e ISWAP) con capacidad militar real: ataques a bases, uso de drones y fuego pesado, y presión constante sobre Borno/Yobe y la cuenca del Lago Chad.

Y el punto que te interesa resaltar tiene sustento: hay evidencia de presencia/entramado de una facción de Boko Haram en el estado de Níger (Shiroro) y de su convivencia táctica con bandidos. Eso vuelve plausible que el secuestro masivo ocurra en un territorio donde la lógica terrorista y la criminal se superponen, aunque el hecho puntual todavía no tenga “firma”.

Otros ataques y secuestros recientes que muestran la continuidad del terror

Para dimensionar que esto no es “una excepción”, sino un patrón:

  • Chibok (14/04/2014): Boko Haram secuestró 276 estudiantes; el caso simboliza el inicio de la era moderna de secuestros escolares masivos.
  • Dapchi (2018): secuestro de 110 alumnas atribuido a Boko Haram.
  • Kankara (12/2020): secuestro de 344 alumnos; episodio masivo con atribuciones cruzadas y clima de terror escolar.
  • Kaduna (03/2024): más de 200 estudiantes y personal secuestrados (luego rescatados).
  • Kebbi (11/2025): secuestro de 25 alumnas y asesinato de una autoridad escolar (en la misma semana que Papiri).
  • Borno/Yobe (10/2025): ataques simultáneos con drones y fuego pesado contra posiciones militares.

El resultado es uno: una “relentless cycle of terror” (ciclo implacable) que ya dejó, según reportes, casi 1.800 estudiantes secuestrados desde 2014.

¿El Estado nigeriano es “cómplice”?

  • Fallas estructurales de protección (escuelas sin seguridad real, respuesta tardía, pocos arrestos).
  • Opacidad oficial sobre si hubo negociación o rescate con pago (lo que alimenta incentivos futuros).
  • Corrupción sistémica en instituciones y servicios de seguridad como riesgo permanente (señalado en reportes internacionales).
  • Incluso el propio sistema nigeriano de inteligencia financiera advierte sobre lavado de dinero vinculado a secuestros por rescate y pide combatir la corrupción en fuerzas de seguridad.

Más que “cómplice” (categoría penal), lo que muestran los hechos es un Estado débil, penetrable y muchas veces funcional al negocio del terror por acción u omisión.

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