Estados Unidos incautó dos petroleros rusos vinculados al régimen de Maduro
Estados Unidos incautó dos petroleros rusos vinculados al régimen de Maduro, acusados de operar en la flota fantasma y de evadir sanciones mediante banderas falsas y apoyo ruso.
En una operación naval de alto impacto geopolítico, Estados Unidos incautó esta semana dos buques petroleros sancionados que formaban parte de la llamada “flota fantasma” utilizada para transportar crudo venezolano de manera ilegal. Los barcos, Bella 1 (rebautizado Marinera) y Sophia, estaban vinculados al régimen de Nicolás Maduro y operaban bajo banderas falsas o manipuladas, con apoyo indirecto de Rusia.
La operación, ejecutada por la Guardia Costera de Estados Unidos en coordinación con los Departamentos de Guerra, Justicia y Estado, se llevó a cabo en el Atlántico Norte y en aguas internacionales del Caribe, y marca una escalada decisiva en la estrategia de presión de Washington contra las redes de financiamiento ilícito del chavismo.
Una persecución transatlántica y un mensaje directo al crimen internacional
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, difundió imágenes del operativo y fue categórica:
“Los criminales del mundo están sobre aviso. Pueden huir, pero no pueden esconderse. Nunca cejaremos en nuestra misión de proteger al pueblo estadounidense e interrumpir la financiación del narcoterrorismo dondequiera que la encontremos.”
El caso más emblemático fue el del Bella 1, un buque que durante semanas intentó evadir a las autoridades estadounidenses mediante maniobras típicas de la flota oscura: cambio de nombre, pintura de una nueva bandera en el casco, alteración del registro y apagado de sistemas de identificación.
Según el Departamento de Justicia, el buque fue finalmente incautado en el Atlántico Norte bajo orden de un tribunal federal, luego de ser rastreado durante casi tres semanas por el patrullero USCGC Munro, incluso en condiciones meteorológicas extremas.
De Bella 1 a “Marinera”: el intento fallido de amparo ruso

Durante la huida, la tripulación del Bella 1 pintó una bandera rusa en el casco, cambió su nombre a Marinera y gestionó un registro de emergencia bajo pabellón ruso, alegando protección de Moscú. La maniobra fue acompañada por una nota diplomática del Kremlin exigiendo a Estados Unidos que dejara de perseguir la nave.
Incluso trascendió que Rusia envió al menos un submarino y otros activos navales para escoltar al petrolero, en un intento de disuadir la incautación.
Sin embargo, fuentes oficiales estadounidenses fueron tajantes: Washington no reconoce la nacionalidad rusa del buque, al considerar que el cambio de bandera fue fraudulento y realizado con fines ilícitos, lo que deja al barco sin protección legal bajo el derecho internacional.
Finalmente, el abordaje se realizó sin resistencia, confirmaron la Guardia Costera y la agencia Associated Press.
El rol de Venezuela y las sanciones del Tesoro
El Marinera había sido sancionado en 2024 por el Departamento del Tesoro por integrar una red dedicada al transporte de crudo iraní y venezolano, cuyos ingresos financian a la Guardia Revolucionaria iraní, Hezbollah y estructuras del régimen de Maduro.
El 21 de diciembre de 2025, cuando se dirigía a cargar petróleo en Venezuela, el buque rechazó un primer intento de abordaje en el Caribe y emprendió la fuga hacia el Atlántico Norte, dando inicio a la persecución.
Para Estados Unidos, el caso es paradigmático: un esquema transnacional de evasión de sanciones, con participación de actores estatales hostiles, que busca mantener a flote economías autoritarias mediante el comercio ilegal de energía.
Segundo golpe: EE.UU. incautó también el petrolero Sophia
Casi en simultáneo, Estados Unidos incautó el petrolero M/T Sophia en el Caribe, otro buque vinculado a Venezuela. Según funcionarios citados por The New York Times, el barco enarbolaba falsamente la bandera de Camerún, una práctica habitual de la flota fantasma.
Kristi Noem confirmó que ambos buques habían atracado en Venezuela o estaban en ruta hacia ese país, y difundió videos del abordaje como señal de advertencia global.
Antes de concretar la operación, Estados Unidos reposicionó activos militares en el Reino Unido, incluyendo:
- Aviones de vigilancia P-8 Poseidon
- Transportes estratégicos C-17
- Aeronaves V-22 Osprey
- Apoyo logístico desde bases en Mildenhall, Fairford y Lakenheath
Este despliegue demuestra que la incautación no fue improvisada, sino parte de una estrategia integral de control marítimo diseñada para cerrar las rutas de escape del petróleo sancionado.
La asfixia financiera al chavismo
La operación se enmarca en la asfxia total al chavismo decretado por el presidente Donald Trump el 16 de diciembre, tras la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue claro:
“Estados Unidos reforzará el bloqueo contra todos los buques de la flota oscura que transportan ilegalmente petróleo venezolano. Solo se permitirá el comercio energético legítimo y legal.”

Desde entonces, al menos tres petroleros vinculados a Venezuela fueron incautados o interceptados, mientras más de una docena apagaron sus radares y otros realizaron spoofing de GPS para ocultar sus trayectorias, según expertos de TankerTrackers.
Para Washington, el mensaje es inequívoco:
ni el cambio de bandera, ni la protección diplomática, ni la escolta militar rusa bastan para blindar el comercio ilegal de petróleo.
La incautación del Marinera y del Sophia consolida a Estados Unidos como garante del régimen global de sanciones, refuerza la presión sobre los restos del chavismo y expone las alianzas opacas entre Venezuela, Rusia e Irán.
En un contexto internacional tenso, la Casa Blanca apuesta por una estrategia sin ambigüedades:
cortar el flujo de dinero ilícito, imponer la ley en alta mar y dejar claro que el crimen transnacional no tiene bandera que lo proteja.
