Fin de la era Woke en Star Wars: Kathleen Kennedy deja la conducción de Lucasfilm tras pérdidas millonarias

El adiós de Kathleen Kennedy tras más de una década al frente de Lucasfilm cierra una etapa marcada por la agenda “woke”, la fractura del fandom y el desgaste creativo. Con Dave Filoni al mando, Star Wars busca dejar atrás la ideología y recuperar la aventura, el canon y el espíritu original de George Lucas.

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El ciclo de Kathleen Kennedy al frente de Lucasfilm ha llegado a su fin. Después de más de una década , su salida marca el cierre de una etapa definida por una controvertida agenda de diversidad, una notable fractura con la base de fans tradicional y un rendimiento comercial y creativo decreciente. Con su partida, se abre paso una nueva era liderada por Dave Filoni, una figura forjada en el propio universo de George Lucas, que encarna para muchos la esperanza de un regreso a las raíces.

Kathleen Kennedy no fue echada públicamente, pero su salida responde a una decisión política y empresarial de Disney, presentada como “retiro” o “transición ordenada” para evitar el costo reputacional de un despido. Su contrato no fue renovado en los términos originales, Disney reordenó el liderazgo creativo y le quitó el control efectivo del rumbo de Star Wars. Que el poder creativo pase a Dave Filoni sería impensado si Kennedy siguiera fuerte internamente, y el “fin de ciclo” con el que se comunicó todo funciona como la fórmula clásica de salida forzada sin escándalo.

En 2012, tras la histórica adquisición de Lucasfilm por The Walt Disney Company por 4.000 millones de dólares, el propio George Lucas eligió a Kathleen Kennedy como su sucesora para presidir la compañía. La promesa era clara: expandir el universo Star Wars para una nueva generación. Sin embargo, lo que siguió fue una de las épocas más polarizantes en la historia de la franquicia.


Agenda “woke”: diversidad sí, ¿pero a qué costo?

Uno de los pilares más debatidos de la gestión de Kennedy fue su enfático impulso por la representatividad en personajes y equipos creativos, algo que ella misma defendió como esencial. “Mi creencia es que la narración debe ser representativa de todas las personas”, afirmó en su momento. Esta filosofía se tradujo en el apoyo a creadoras como Leslye Headland y en un casting que priorizaba la diversidad.

Sin embargo, esta decisión alimentó una reacción sin precedentes: fans totalmente decepcionados: “Has pateado a la base masculina de fans en los dientes… la historia relegó a personajes masculinos a payasos”. Otra corriente lo expresó con aún más dureza: “Tomaste una ópera espacial que era la cúspide de la fantasía juvenil y la convertiste en basura que odia a los hombres”. Estos comentarios, representativos de una parte vocal y furiosa del fandom, subrayan cómo el enfoque percibido como ideológico alienó a una porción significativa del público tradicional.

Las críticas no se limitaron a los foros. Figuras públicas como Elon Musk llegaron a tuitear que Kennedy ponía la franquicia en riesgo con “propaganda woke”, calificándola como “más mortal que la Estrella de la Muerte”. El debate trascendió el nicho para convertirse en un símbolo de la polarización cultural.


Primero los datos:

Una trilogía que perdió el rumbo y mil millones de dólares

Más allá de la controversia cultural, los números de taquilla y audiencia muestran una tendencia innegable: una pérdida sostenida de público y entusiasmo. La evolución comercial de la trilogía secuela es la prueba más contundente:

Star Wars: The Force Awakens (2015): Con una recaudación mundial de USD 2.070 millones, fue un fenómeno cultural impulsado por la nostalgia y la expectación.
Star Wars: The Last Jedi (2017): Cayó a USD 1.334 millones. A pesar del respaldo de cierta crítica, la película fracturó al fandom de manera irreparable, dañando la fidelidad de la audiencia con decisiones narrativas que muchos consideraron una traición al legado.
Star Wars: The Rise of Skywalker (2019): Descendió nuevamente a USD 1.077 millones. Este cierre fue acompañado por un mal boca a boca y una percepción generalizada de improvisación, evidenciando la falta de un plan coherente.

En términos industriales, el dato es demoledor: la trilogía perdió cerca de 1.000 millones de dólares en recaudación entre su inicio y su final, una anomalía para una saga que históricamente crecía o se mantenía estable.


Crítica especializada: incoherencia y agotamiento creativo

Medios económicos y culturales de referencia coincidieron en que The Rise of Skywalker no solo quedó por debajo de las expectativas, sino que expuso la ausencia de una planificación narrativa unificada. El diagnóstico fue claro: la prioridad de agendas temáticas y correcciones ideológicas sobre una arquitectura de relato sólida debilitó el compromiso emocional del público y agotó la fórmula.


Dave Filoni: ¿Una nueva esperanza?

Con la salida de Kennedy, el mando creativo recae en Dave Filoni, y la reacción de la comunidad no podría ser más esperanzadora. Filoni no es un ejecutivo externo; es un narrador que creció profesionalmente bajo la tutela del propio George Lucas.

Filoni fue elegido por Lucas en 2005 para desarrollar Star Wars: The Clone Wars. Desde entonces, su carrera ha sido un ascenso orgánico: de director a productor ejecutivo y, finalmente, a Chief Creative Officer, supervisando la cohesión narrativa de la franquicia.

Con “The Clone Wars” y “Rebels” Filoni revitalizó el canon, profundizó en personajes como Ahsoka Tano y creó arcos argumentales que los fans consideran más fieles al espíritu original que la trilogía secuela.

The Mandalorian: Junto a Jon Favreau, reconectó con el público masivo a través de una historia original que no dependía de la saga Skywalker, creando un fenómeno cultural con Grogu (Baby Yoda).

La comunidad de fans y la crítica especializada ven en Filoni la antítesis de los problemas de la era Kennedy. Se le valora por su coherencia narrativa, su respeto por el canon y su habilidad para crear personajes con profundidad emocional sin depender de un fan service forzado. Su exitosa colaboración con Jon Favreau es vista como el modelo a seguir: un equilibrio entre solemnidad, aventura y humor que se echó en falta en la pantalla grande.


Un futuro renovado: el fin de la ideología progre y el regreso a la aventura

Con Filoni al mando, el futuro de Star Wars parece realinearse con su esencia. Los próximos estrenos, como la película The Mandalorian & Grogu (2026) y Star Wars: Starfighter (2027), serán la prueba de fuego.

Kennedy queda como ejemplo de un Hollywood empecinado en imponer una agenda progresista woke que no logra conectar con la masividad social: se intentó usar el arte y el cine como vehículo de agenda política, incluso apoyándose en héroes de películas de niños y actores mundialmente conocidos, pero el público respondió al revés: les dio la espalda. En un mercado cultural multinacional, la conclusión es sencilla: los cambios culturales reales nacen de abajo hacia arriba, y cuando se intenta imponerlos desde arriba —con guión ideológico y billetera— lo que se termina imponiendo es el desgaste y en lugar de imponer la agenda, manchan la reputación de los artistas.

Kathleen Kennedy fue satirizado por South Park por su ideología progresista extrema

¿Qué puede pasar ahora? ¿Y el tema del financiamiento “externo” (Soros/fundaciones)?

A partir de ahora, el nuevo mando creativo buscará reconectar con la demanda popular: historias más sólidas, menos “bajada” y más épica. Sobre si esto seguirá siendo impulsado o sostenido por fundaciones u organismos internacionales (incluidas las menciones a redes ligadas a George Soros), lo decisivo no es el nombre propio sino el resultado: si el rumbo se mantiene atado a financiamientos o incentivos que premian agenda por encima de la demanda, seguirá perdiendo terreno frente a la espontaneidad del requerimiento popular. En cambio, si Disney entiende la señal y vuelve a poner al público en el centro, la marca puede recuperar la potencia que la hizo mito.

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