Nuevo descarrilamiento en España deja un fallecido y 37 heridos: ya van tres accidentes ferroviarios en 48 horas
Un tren de Rodalies descarriló en Gelida (Barcelona) tras chocar contra un muro derrumbado sobre la vía: murió el maquinista y hubo 37 heridos, cinco de ellos graves. En la misma jornada se registró otro descarrilamiento en Girona sin víctimas. El episodio llega apenas 48 horas después del choque múltiple en Adamuz (Córdoba), que ya dejó 42 muertos y puso bajo escrutinio el estado de la infraestructura ferroviaria española.
La red ferroviaria española atraviesa días de máxima tensión. Este martes 20 de enero, un tren de Rodalies (línea R4) descarriló entre Sant Sadurní d’Anoia y Gelida, en la provincia de Barcelona, luego de impactar de frente contra un muro de contención que se desplomó sobre las vías tras varios días de lluvias intensas. El saldo fue trágico: murió el maquinista y 37 pasajeros resultaron heridos, con cinco en estado grave.
El primer aviso al 112 se registró a las 21:02. La mayoría de los heridos viajaba en el primer vagón, el más afectado por el impacto.
¿Hubo otro accidente “antes hoy”? Sí: segundo descarrilamiento en la R1
El mismo martes, y en medio del temporal, otro tren de Rodalies (línea R1) descarriló entre Blanes y Maçanet (Girona) tras golpear rocas caídas sobre la vía. En ese caso no se reportaron heridos, pero el hecho alimentó la percepción de un sistema que opera con márgenes cada vez más estrechos.
Cataluña paralizó la red: suspensión total de Rodalies
Tras el siniestro de Gelida, la Generalitat aceptó el pedido del sindicato de maquinistas SEMAF y se decidió interrumpir el tráfico ferroviario en toda la red catalana “hasta nuevo aviso”, para revisar cómo afectó el temporal a la infraestructura.
El cuadro meteorológico no es un dato menor: en la estación de Sant Sadurní d’Anoia se acumularon 100 litros en la última semana y 24 litros durante el mismo martes, según información citada por autoridades y bomberos.
El antecedente: Adamuz (Córdoba) con 42 muertos y una investigación que recién empieza
El nuevo episodio ocurre mientras España todavía procesa la tragedia del domingo 18 de enero en Adamuz (Córdoba). El choque y descarrilamiento de trenes de alta velocidad dejó un balance que, con el correr de las horas, se elevó a 42 fallecidos. Las tareas de rescate continuaban este martes con maquinaria pesada y grúas de gran porte para acceder a los vagones más dañados y recuperar cuerpos.
Vibraciones, límites de velocidad y advertencias previas
En paralelo al duelo y a la investigación, el foco se corrió hacia el mantenimiento. Este martes, Adif impuso una limitación temporal de velocidad a 160 km/h en unos 150 kilómetros del corredor de alta velocidad Madrid–Barcelona, tras avisos de maquinistas por irregularidades y vibraciones en la vía.
RTVE informó que SEMAF había advertido desde agosto de 2025 sobre “inestabilidades de rodadura y vibración” y reclamó reforzar el mantenimiento preventivo en un contexto de mayor tráfico por la liberalización del sector.
Rodiales: un servicio masivo sin mantenimiento
Rodalies no es un detalle periférico: articula una red de 1.200 kilómetros, mueve 127 millones de viajes al año y promedia 400.000 pasajeros diarios, que dependen de 271 trenes (algunos con medio siglo de vida).
El contraste se vuelve más incómodo cuando se lo cruza con los anuncios: Renfe sostiene que el Plan de Rodalies 2020–2030 busca un “punto de inflexión” inversor y recuerda que el plan anterior quedó mayormente incumplido, con solo 14% ejecutado.
Cuando el Estado participa en todo, no garantiza nada
Los hechos de Adamuz y Cataluña no prueban por sí solos una única causa común. En Gelida, la hipótesis principal apunta al derrumbe del muro por las lluvias; en Adamuz, la investigación recién comienza.
Pero el problema de fondo sí queda expuesto: un servicio crítico que se suspende por completo para verificar si es seguro revela una fragilidad que no se construye en una noche. Y ahí aparece la discusión política que atraviesa a España: años de gestión estatal con promesas de planes millonarios, pero con usuarios que siguen pagando la factura de la falta de mantenimiento fino, la burocracia y la postergación de inversiones clave.
Bajo el gobierno socialista del presidente Pedro Sánchez, la agenda pública viene marcada por grandes anuncios, reformas administrativas y un Estado cada vez más presente; sin embargo, cuando la infraestructura empieza a fallar, la pregunta se vuelve inevitable: ¿en qué se traduce, en la vida real, esa expansión del aparato público si lo básico —seguridad, mantenimiento y continuidad del servicio— termina colapsando ante cada crisis?
