Fin de año sin luz en Rosario: calor, angustia y una EPE que gasta millones pero no puede sostener el servicio
En plena ola de calor, miles de vecinos del sur y suroeste de Rosario atraviesan fin de año sin energía eléctrica desde hace más de 24 horas. Mientras el gobierno provincial exhibe inversiones millonarias en “obra pública energética”, la realidad demuestra cables quemados, transformadores al límite y una empresa estatal incapaz de garantizar lo básico. ¿A dónde va realmente la plata?
Mientras gran parte del país se prepara para recibir el nuevo año, en Rosario —y especialmente en el sur y suroeste— las familias pasan la noche a oscuras, con casi 40° de sensación térmica y sin respuesta. El corte comenzó cerca de las 22 horas del 30 de diciembre y continúa hoy, dejando barrios enteros sin luz, sin ventiladores, sin heladeras, sin agua en muchos casos y con la angustia de no saber cuándo volverá el servicio.
La Empresa Provincial de la Energía (EPE), monopolio estatal del servicio en Santa Fe, no informó cortes programados ni un plan de emergencia transparente para la situación. Es la misma EPE que, cada año, anuncia inversiones récord en “modernización de redes”, nuevas subestaciones y un futuro “más confiable”. Sin embargo, los cables explotan cuando sube la temperatura, los transformadores colapsan cuando el consumo aumenta y la empresa se vuelve un silencio institucional cuando el servicio desaparece.

El discurso oficial vs. la realidad
En redes sociales y actos públicos, el gobierno provincial insiste en un relato:
“Nunca se invirtió tanto en la EPE como ahora. Santa Fe está realizando la mayor obra energética de su historia.”
Pero los rosarinos no ven estaciones nuevas: ven cortes.
No ven subestaciones modernizadas: ven cuadrillas que no llegan.
No ven eficiencia: ven una empresa que se esconde cuando falla.
Algo no cierra.
Si se invierten cifras históricas, ¿por qué el servicio retrocede?
Si se destinan millones, ¿por qué los barrios viven como en emergencia humanitaria cada verano?
La pregunta empieza a hacerse incómoda:
¿Estamos frente a un problema técnico o frente a un problema moral?
¿La plata está en los cables… o está en las cuentas?
¿Se gastan millones en infraestructura o en sueldos jerárquicos, contrataciones “amigas” y asesorías que no iluminan ni una cocina?

Monopolio estatal: pagar caro para vivir peor
Santa Fe tiene uno de los sistemas eléctricos menos competitivos del país.
La EPE no compite, no tiene incentivos de eficiencia y el usuario no puede elegir quién lo abastece.
Es el modelo perfecto para que pase lo que está pasando:
- Tarifas cada vez más altas
- Servicio cada vez peor
- Cero responsabilidad por resultados
- Cero alternativas para el usuario
Si una empresa privada fallara así, la competencia la deja fuera del mercado.
Si el Estado falla así, el vecino paga, calla y espera.
