España cierra su espacio aéreo a Estados Unidos e Israel mientras le abre los brazos al régimen terrorista de Irán
El gobierno de Sánchez prohíbe el sobrevuelo de aviones aliados pero acepta tratos preferenciales de la dictadura islámica que financia a Hezbollah, los hutíes y milicias en todo Oriente MedioLo que durante años pareció impensable se ha consumado este lunes: España, miembro de la OTAN y supuesto aliado de Occidente, cerró por completo su espacio aéreo a cualquier aeronave vinculada a la operación «Furia Épica», la campaña militar liderada por Estados Unidos e Israel contra el régimen terrorista de Irán. La medida no solo prohíbe despegues desde las bases de Rota y Morón, sino que también impide el sobrevuelo de bombarderos estadounidenses procedentes de Reino Unido o Francia, complicando directamente las operaciones militares de sus propios aliados en plena guerra.
Al mismo tiempo, y esto es lo verdaderamente revelador, el gobierno de Pedro Sánchez recibe con los brazos abiertos un trato preferencial de parte de la dictadura islámica iraní, que anunció que facilitará el paso de embarcaciones españolas por el Estrecho de Ormuz. Es decir, Madrid le da la espalda a Washington y Jerusalén mientras acepta favores del mismo régimen que financia a Hezbollah, arma a los hutíes de Yemen, sostiene milicias terroristas en Irak y ha lanzado cientos de misiles contra civiles israelíes y bases con soldados estadounidenses.
Sánchez castiga a las democracias y premia a la teocracia
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, intentó justificar la medida este lunes en la Cadena SER asegurando que el cierre responde a «la decisión de España de no contribuir en una guerra que va contra el derecho internacional». Lo que no explicó es en qué parte del derecho internacional encaja que un país de la OTAN sabotee activamente las operaciones de sus aliados mientras cultiva una relación privilegiada con un Estado que la propia Unión Europea ha sancionado reiteradamente por su programa de misiles balísticos, su financiamiento del terrorismo y su brutal represión interna.
Lo que durante años pareció impensable se ha consumado este lunes: España, miembro de la OTAN y supuesto aliado de Occidente, cerró por completo su espacio aéreo a cualquier aeronave vinculada a la operación «Furia Épica», la campaña militar liderada por Estados Unidos e Israel contra el régimen terrorista de Irán. La medida no solo prohíbe despegues desde las bases de Rota y Morón, sino que también impide el sobrevuelo de bombarderos estadounidenses procedentes de Reino Unido o Francia, complicando directamente las operaciones militares de sus propios aliados en plena guerra.
Al mismo tiempo, y esto es lo verdaderamente revelador, el gobierno de Pedro Sánchez recibe con los brazos abiertos un trato preferencial de parte de la dictadura islámica iraní, que anunció que facilitará el paso de embarcaciones españolas por el Estrecho de Ormuz. Es decir, Madrid le da la espalda a Washington y Jerusalén mientras acepta favores del mismo régimen que financia a Hezbollah, arma a los hutíes de Yemen, sostiene milicias terroristas en Irak y ha lanzado cientos de misiles contra civiles israelíes y bases con soldados estadounidenses.
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, intentó justificar la medida este lunes en la Cadena SER asegurando que el cierre responde a «la decisión de España de no contribuir en una guerra que va contra el derecho internacional». Lo que no explicó es en qué parte del derecho internacional encaja que un país de la OTAN sabotee activamente las operaciones de sus aliados mientras cultiva una relación privilegiada con un Estado que la propia Unión Europea ha sancionado reiteradamente por su programa de misiles balísticos, su financiamiento del terrorismo y su brutal represión interna.
Irán le abre Ormuz a España: el precio de la sumisión
La embajada iraní en Madrid confirmó que Teherán sería «receptivo a cualquier solicitud» del gobierno español para facilitar el tránsito de buques por el Estrecho de Ormuz, arteria por donde circula el 20% del petróleo mundial y cuyo cierre de facto ha disparado el barril de Brent de 70 a más de 115 dólares en cinco semanas.
Un petrolero tailandés y embarcaciones malasias ya cruzaron el estrecho tras coordinar con el régimen iraní. Ahora España se suma a ese selecto grupo de países que obtienen trato preferencial de una dictadura teocrática a cambio de distanciarse de la coalición occidental. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, aseguró no tener «constancia oficial» de ninguna medida específica, pero la realidad habla por sí sola: Irán premia a quienes le son útiles.
¿Y cuál es la utilidad de España para Teherán? Muy simple: cada vez que Sánchez condena la operación aliada, cada vez que cierra el espacio aéreo, cada vez que califica la ofensiva de «imprudente e ilegal», el régimen de los ayatolás obtiene legitimidad internacional y una grieta dentro de la OTAN que puede explotar propagandísticamente.
La izquierda española y su alineamiento con el islamismo radical
Esta no es una postura neutral ni pacifista. Es una elección deliberada de bando que responde a un patrón que lleva años consolidándose en la política española.
Este es el mismo gobierno que ha convertido a España en la principal puerta de entrada de inmigración masiva e ilegal desde el norte de África y Oriente Medio. El que ha relajado sistemáticamente los controles fronterizos. El que ha concedido regularizaciones masivas sin exigir integración cultural ni respeto a los valores constitucionales. El que ha permitido que barrios enteros de ciudades españolas se transformen hasta ser irreconocibles. El que mira hacia otro lado cuando se denuncia la proliferación de mezquitas salafistas financiadas desde el Golfo Pérsico.
Estados Unidos ya advirtió: las bases de Rota y Morón están en riesgo
La decisión de Sánchez tiene consecuencias concretas que van mucho más allá de lo simbólico. El senador republicano Lindsey Graham propuso el pasado 10 de marzo que el ejército estadounidense abandone las bases militares en los países de la OTAN que no colaboren en proteger el Estrecho de Ormuz. Trump respaldó la idea.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, afirmó que «no contempla» la retirada estadounidense de Rota y Morón. Pero la pregunta es inevitable: ¿por qué querría Estados Unidos mantener bases en un país que le impide usarlas precisamente cuando más las necesita? ¿Qué sentido tiene para Washington invertir cientos de millones de dólares anuales en instalaciones que solo puede utilizar cuando a Sánchez le parece conveniente?
Si España pierde la presencia militar estadounidense en su territorio, con todo lo que eso implica en términos de seguridad, empleo y proyección estratégica, habrá que agradecérselo directamente a un presidente que prefiere quedar bien con Teherán que honrar sus compromisos con sus aliados de toda la vida.
