Pullaro no quiere estar expuesto y creó un nuevo cargo: debutó su «vocera provincial»

Lejos de acercar la gestión a la ciudadanía, la medida de agregar una “vocera” parece profundizar la distancia entre el poder político y las demandas sociales, queda a la vista un gobierno que evita exponerse y que opta por intermediarios en lugar de dar la cara ante la situación que atraviesa la provincia.

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Virginia Coudannes fue presentada oficialmente como vocera del gobierno de Santa Fe. Hasta hace apenas unos días se desempeñaba como secretaria de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad, y ahora debutó en su nuevo rol dentro del ámbito del Ministerio de Gobierno, con la tarea de comunicar en nombre de toda la gestión provincial.

Sin embargo, la decisión de otorgarle un rol que trasciende la mera vocería del gobernador Maximiliano Pullaro y la posiciona como portavoz integral del gobierno no solo genera malestar: profundiza una crítica estructural cada vez más extendida. 

En un contexto de fuerte tensión fiscal, caída de recursos y reclamos sociales en aumento, la creación de nuevos cargos políticos aumenta sin importar las consecuencias y crear una vocera es claramente una señal de desconexión con la realidad. Mientras se exige austeridad hacia afuera ,especialmente a trabajadores estatales y sectores productivos, hacia adentro el Estado provincial sigue expandiendo su estructura con funciones que muchos consideran superpuestas o prescindibles.

No se trata únicamente de comunicación. La designación de una vocera con injerencia transversal en toda la administración implica sumar otro nivel burocrático, con costos asociados, en un momento donde la provincia enfrenta serias dificultades financieras. El contraste es evidente: mientras se habla de ordenar las cuentas públicas, se multiplican los cargos políticos; mientras se niega la realidad de los problemas de la provincia, el gobierno ensancha su propio aparato y mientras mucha gente busca respuestas en el gobernador añaden otro intermediario.

El nuevo esquema, además, le otorga a Coudannes un protagonismo inusual: no solo participará de las reuniones de gabinete convocadas por el gobernador, sino también de los encuentros de trabajo de cada ministerio. Esto no solo centraliza el discurso oficial, sino que también diluye responsabilidades políticas. En lugar de dar la cara, los ministros quedan relegados y el mensaje se filtra a través de una figura intermedia, lo que debilita la transparencia y la rendición de cuentas.

Desde el gobierno justifican la incorporación bajo el argumento de aportar “frescura y renovación” a la comunicación. Pero esa explicación resulta difícil de sostener frente a la gravedad del contexto. 

La provincia no enfrenta un problema de “estilo comunicacional”, es deber del gobernador salir a dar la cara las veces que fuere necesario, cosa que no sucedia y ahora aún menos, se suma la situación de seguridad, educación y salud que atraviesan situaciones críticas, con indicadores preocupantes y respuestas que no logran estar a la altura de las circunstancias.

Este giro en la estrategia ya se había empezado a ver en las últimas discusiones paritarias, donde los voceros tradicionales ,los ministros, fueron reemplazados por funcionarias de segunda línea, como la secretaria de Función Pública, Malena Azario. Lejos de aportar claridad, ese cambio dejó la sensación de un gobierno que evita exponerse y que opta por intermediarios en momentos donde se requiere liderazgo directo.

A esto se suma un dato aún más preocupante: la recomendación del propio Ministerio de Seguridad de reducir la exposición pública del gobernador. En una provincia atravesada por problemas estructurales y urgencias cotidianas, la decisión de que el principal responsable político se muestre menos no solo es cuestionable, sino contraproducente. Cuando la situación exige presencia, conducción y respuestas, el repliegue del gobernador y la delegación de la palabra en nuevas figuras refuerzan la percepción de vacío político.

En definitiva, la creación de esta vocería no parece responder a una necesidad real de gestión, sino a una lógica de construcción discursiva que prioriza el control del mensaje por sobre la resolución de los problemas. 

Y en un escenario donde la provincia atraviesa una situación crítica, sumar cargos, ampliar la estructura estatal y reducir la exposición del liderazgo político no solo resulta inoportuno: expone con mayor claridad las prioridades de un gobierno que parece más enfocado en administrar su imagen que en transformar la realidad.

¿Es conveniente que el principal responsable político se repliegue en un momento crítico?

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Ludmila Radolovich
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