Otro golpe al pesimismo: la inflación bajó a 2,1% y el verso se queda sin nafta

El dato confirma una nueva desaceleración y refuerza la apuesta oficial por el orden fiscal, la disciplina monetaria y el fin de la emisión descontrolada.

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La inflación volvió a dar una señal de desaceleración en mayo y cerró en 2,1%, según el último dato del Índice de Precios al Consumidor. En los últimos doce meses, la suba acumulada fue de 33,2%, un número todavía alto para una economía normal, pero muy lejos de la dinámica explosiva que la Argentina heredó después de años de déficit, emisión y descontrol monetario.

El dato vuelve a golpear de lleno al relato del caos. Mientras la oposición insiste en pronosticar un derrumbe permanente, los números muestran que la nominalidad sigue bajando y que el programa económico empieza a consolidar un sendero de mayor estabilidad.

La inflación de mayo marcó una nueva baja respecto de abril, cuando el IPC había registrado una suba de 2,6%. De esta manera, el índice volvió a perforar su registro anterior y quedó más cerca de la zona del 2%, uno de los umbrales que el mercado observa como paso previo para una desaceleración más profunda.

El Gobierno interpreta el dato como una consecuencia directa del ordenamiento fiscal y monetario. La decisión de cortar la emisión para financiar el déficit, sostener el equilibrio de las cuentas públicas y evitar atajos populistas permitió reducir la presión sobre los precios después de años en los que la inflación fue utilizada como una forma silenciosa de confiscar ingresos.

En la práctica, la inflación es el impuesto más cruel: castiga primero a quienes menos tienen, destruye salarios, licúa ahorros y vuelve imposible cualquier planificación familiar o productiva. Por eso, cada décima que baja no es sólo un dato técnico: representa un alivio para hogares, comercios y empresas que necesitan previsibilidad para tomar decisiones.

El índice acumulado en los últimos doce meses, de 33,2%, también muestra un cambio de régimen frente a la Argentina de inflación desbocada. Aunque el país todavía está lejos de estándares internacionales razonables, la tendencia confirma una fuerte corrección respecto de los niveles que se habían naturalizado durante la etapa de emisión sin control.

La baja se dio en un contexto donde distintos rubros continuaron ajustando precios, pero con una velocidad menor a la observada en los peores meses de la crisis. El proceso sigue siendo heterogéneo: algunos sectores mantienen incrementos por recomposición de costos, tarifas o servicios, mientras otros muestran mayor estabilidad.

Para el oficialismo, el desafío ahora es sostener la tendencia y evitar cualquier retroceso. La experiencia argentina muestra que la inflación puede volver a acelerarse cuando la política intenta resolver todos los problemas con gasto público, deuda, controles o emisión. Por eso, la hoja de ruta oficial se mantiene concentrada en sostener el ancla fiscal y evitar que el Estado vuelva a gastar por encima de sus posibilidades.

El dato de mayo también tiene impacto político. Durante meses, sectores opositores y economistas vinculados al viejo modelo advirtieron que el ajuste fiscal sólo podía derivar en una crisis social y económica irreversible. Sin embargo, la desaceleración de precios, la mejora de los bonos, la baja del riesgo país y la recuperación de algunos indicadores empiezan a discutir esa narrativa.

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