Argentina goleó 3-0 a Argelia con un hat-trick histórico de Messi, que ya está por encima de toda leyenda
El capitán argentino jugó su primer partido mundialista como campeón vigente, se convirtió en el primer futbolista en disputar seis Copas del Mundo, alcanzó a Miroslav Klose como máximo goleador histórico del torneo y, a días de cumplir 39 años, volvió a demostrar que todo lo que se diga sobre él queda corto.
Argentina arrancó el Mundial 2026 con una goleada contundente ante Argelia por 3-0, pero la noche no quedará marcada solamente por el resultado. Quedará escrita para siempre como otra página imposible en la carrera de Lionel Andrés Messi, el hombre que ya no entra en la categoría de leyenda porque parece haberla superado.
El capitán argentino convirtió los tres goles del partido, firmó su primer hat-trick en una Copa del Mundo y se llevó la pelota en una noche cargada de símbolos. No fue un partido más: fue su debut mundialista como campeón vigente del mundo, como ídolo absoluto de la Argentina, como emblema universal del fútbol y como el jugador que sigue rompiendo límites a una edad en la que otros ya miran la historia desde afuera.
Messi se convirtió en el primer futbolista de la historia en disputar seis Mundiales, una marca que resume no solo talento, sino vigencia, disciplina, inteligencia competitiva y una relación con la pelota que desafía al tiempo.
A días de cumplir 39 años, también se transformó en el jugador más longevo en convertir un gol en una Copa del Mundo, agregando otro récord a una carrera que ya parecía no tener más espacio para nuevas hazañas.
Pero todavía había más.

Con sus tres goles ante Argelia, Messi llegó a los 16 tantos en Mundiales y alcanzó a Miroslav Klose como máximo goleador histórico de la competencia. El récord que durante años pareció reservado para especialistas del área, delanteros de otro molde y goleadores de época, ahora también lleva el nombre del mejor jugador de todos los tiempos.
Messi no solamente juega la historia: la reescribe cada vez que toca la pelota.
Argentina fue superior de principio a fin. Dominó el ritmo, manejó la pelota, encontró espacios y golpeó cada vez que Messi decidió que el partido debía inclinarse definitivamente. Argelia resistió mientras pudo, pero quedó sometida ante una Selección que mostró autoridad de campeón y ante un capitán que todavía conserva esa capacidad única de convertir un partido importante en una obra personal.
El primer gol abrió el camino. El segundo liquidó cualquier ilusión argelina. El tercero transformó la noche en un documento histórico. Para cualquier otro futbolista, un hat-trick mundialista sería el punto más alto de su carrera. Para Messi, fue otra prueba de que sigue compitiendo contra su propia grandeza.
Lo extraordinario de este hombre es que ya no alcanza con enumerar récords. Se puede decir que ganó todo. Se puede decir que fue campeón del mundo. Se puede decir que tiene Balones de Oro, Copas América, Champions, títulos locales, goles imposibles, asistencias de museo y noches eternas. Se puede decir todo eso y aun así sentir que falta algo.

Porque Messi no es solamente una estadística. Es una forma de entender el fútbol. Es la diferencia entre jugar bien y transformar el juego. Es el futbolista que convirtió la genialidad en costumbre y la costumbre en patrimonio mundial.
Todo lo que se pueda explicar sobre Messi queda corto frente a la realidad de verlo jugar.
Este debut de Argentina en el Mundial 2026 tuvo la serenidad de un campeón y la emoción de una despedida que nadie quiere nombrar. Cada partido suyo en esta Copa se vive con una mezcla extraña: orgullo, admiración y conciencia histórica. La sensación de estar mirando algo que no se va a repetir.
Messi ya no necesita demostrar nada, pero sigue demostrando todo. No necesita agrandar su mito, pero lo agranda. No necesita nuevos récords, pero los rompe. No necesita otro Mundial para ser el mejor de la historia, pero empieza este torneo como si todavía tuviera cuentas pendientes con la eternidad.
Argentina ganó 3-0. Messi hizo los tres. Jugó su sexto Mundial. Igualó a Klose. Se convirtió en el goleador más longevo del torneo. Se llevó la pelota. Y volvió a dejar una certeza que atraviesa generaciones, camisetas y fronteras:
Lionel Messi no es una leyenda. Es algo superior. Es el mejor de la historia.
Compartí esta noticia