Cristina quiso hacer campaña desde el balcón y la Justicia le recordó que está presa

El Tribunal intimó a la expresidente a respetar las reglas de su prisión domiciliaria después de que participara del despliegue de una bandera gigante desde su departamento de San José 1111.

Cristina Presa

La Justicia volvió a marcarle la cancha a Cristina Kirchner. A un año de haber quedado presa por la causa Vialidad, el Tribunal Oral Federal N°2 intimó a la ex presidente a cumplir con las reglas de su prisión domiciliaria, luego del despliegue de una bandera gigante desde el balcón de su departamento en Constitución.

La advertencia llegó después de que se colocara una bandera de grandes dimensiones mediante una estructura de cables tensores, extendida desde un edificio ubicado frente a San José 1111 hasta el balcón donde Cristina cumple su condena. Para el Tribunal, la exmandataria tuvo una participación activa en esa maniobra, lo que encendió una nueva alerta sobre los límites del beneficio.

La intimación fue realizada “bajo apercibimiento de ley”, una fórmula judicial que no es decorativa. En términos concretos, si se verifican nuevos incumplimientos, la Justicia podría imponer mayores restricciones o incluso revisar la continuidad de la prisión domiciliaria. La ex presidente conserva ese régimen, pero debe respetar las condiciones fijadas por el Tribunal.

El punto central es simple: la prisión domiciliaria no convierte al domicilio en una unidad básica ni al balcón en un escenario político. Cristina no está en su casa por decisión propia ni por una licencia partidaria. Está cumpliendo una condena firme a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, tras haber sido condenada por administración fraudulenta en la causa Vialidad.

Según la resolución, la advertencia apunta a que la condenada se abstenga de realizar conductas que puedan implicar un incumplimiento de las reglas impuestas para el cumplimiento de la pena. El Tribunal hizo foco en la utilización del balcón como parte de una actividad que excedió una manifestación espontánea de apoyo.

La diferencia no es menor. La Justicia ya había tolerado expresiones de militantes en las inmediaciones del departamento, siempre que no alteraran de manera significativa las condiciones del régimen domiciliario. Pero el despliegue de una bandera gigante, con intervención desde el propio balcón, fue leído como un salto cualitativo.

Cristina cumple su prisión domiciliaria con tobillera electrónica y restricciones específicas. En los últimos meses, su defensa ya había intentado flexibilizar las condiciones, pedir el retiro del dispositivo y ampliar márgenes de movilidad dentro del edificio. Esos planteos fueron rechazados por el Tribunal, que mantuvo el esquema de control vigente.

El kirchnerismo, como era previsible, intentó transformar cada límite judicial en un nuevo capítulo del relato de la proscripción. Pero el expediente dice otra cosa: Cristina fue condenada, la Corte dejó firme la sentencia y ahora debe cumplir reglas como cualquier persona alcanzada por una pena.

La discusión vuelve a exponer la dificultad del kirchnerismo para aceptar límites institucionales. Durante años, el espacio político que gobernó la Argentina confundió poder con impunidad. Ahora pretende convertir una prisión domiciliaria en plataforma de resistencia, balcón militante y show permanente para la tropa propia.

El Tribunal, sin embargo, volvió a poner un freno. La ex presidente puede cumplir su condena en su domicilio, pero no utilizar ese beneficio para montar actos políticos ni alterar la tranquilidad del entorno. La advertencia judicial también busca preservar la convivencia con los vecinos de la zona, que desde hace un año conviven con concentraciones, banderas, cánticos y operativos de seguridad.

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