Laburar ni hablar: Quintela decretó asueto en La Rioja tras el triunfo de Argentina en el Mundial
El gobierno riojano suspendió la actividad durante la mañana para la administración pública provincial y las escuelas estatales después de la victoria de la Selección ante Argelia. La excusa oficial fue que “la alegría merece ser celebrada”.
La Argentina ganó, Messi brilló y en La Rioja decidieron que la mejor manera de festejar era no trabajar. El gobierno de Ricardo Quintela decretó asueto administrativo para la administración pública provincial durante la mañana, después del triunfo de la Selección argentina ante Argelia en el debut mundialista.
La medida también alcanzó a las instituciones educativas dependientes del Estado provincial, por lo que el festejo futbolero terminó convertido en una suspensión de actividades públicas. La decisión fue comunicada por el propio gobierno riojano a través de redes sociales minutos después del partido.
“La alegría de nuestro pueblo merece ser celebrada”, señalaron desde la administración provincial para justificar el asueto. También afirmaron que el fútbol forma parte de la identidad y la cultura popular, y que el triunfo de la Selección generó “un momento de felicidad colectiva que une a todo el país”.
El partido se jugó el martes por la noche en el Arrowhead Stadium de Kansas City y terminó cerca de la medianoche argentina, con victoria de la Scaloneta sobre Argelia. El resultado desató festejos en todo el país, pero La Rioja fue más allá, decidió trasladar la celebración al calendario estatal.
El contraste es inevitable. Mientras millones de argentinos tuvieron que levantarse igual para abrir comercios, tomar colectivos, ir a fábricas, atender negocios o cumplir con su jornada laboral, los empleados públicos riojanos recibieron una mañana libre por decisión del gobierno provincial.
El episodio vuelve a mostrar una lógica muy arraigada en parte de la política argentina: el Estado siempre encuentra una excusa para parar. Si hay crisis, se para. Si hay protesta, se para. Si hay festejo, también se para. Trabajar, en cambio, parece quedar siempre para el sector privado.
La decisión de Quintela encendió críticas porque llega en una provincia que depende fuertemente de fondos públicos y que arrastra problemas estructurales de empleo privado, productividad y desarrollo económico. En ese contexto, decretar asueto por un partido de fútbol expone una prioridad difícil de defender.
Nadie discute la alegría que genera un triunfo de la Selección. El fútbol argentino une, emociona y moviliza como pocas cosas. Pero una cosa es celebrar como ciudadano y otra muy distinta es usar el aparato estatal para suspender servicios, escuelas y actividad administrativa.
La administración pública no es una peña mundialista financiada por contribuyentes. Es una estructura que debería estar al servicio de los ciudadanos, especialmente en provincias donde muchas personas dependen de trámites, escuelas, atención estatal y servicios básicos.
El asueto también dejó una pregunta incómoda: quién paga la fiesta. La respuesta, como siempre, es el contribuyente. El comerciante que abrió igual, el trabajador privado que cumplió su horario, el monotributista que no puede decretarse feriado a sí mismo y el productor que no puede suspender la realidad por un resultado deportivo.
La cultura del asueto tiene un costo. No sólo económico, sino también simbólico. Cada vez que el Estado decide parar por una razón menor, refuerza la idea de que el empleo público funciona con reglas distintas a las del resto de la sociedad.
Quintela presentó la medida como una celebración popular. Pero la señal política fue otra: en una Argentina que necesita más trabajo, más productividad y más responsabilidad fiscal, una provincia gobernada por el peronismo decidió premiar el festejo con menos actividad estatal.
El triunfo de la Selección merece ser celebrado. Lo que no merece celebrarse es que el Estado vuelva a confundir emoción futbolera con permiso para apagar la administración pública.
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