«Entrada libre», salvo para El Liberador: la izquierda bloqueó la cobertura del acto de Bregman en Rosario

El cronista Álvaro Taborda se acercó al Club Sportivo América para entrevistar a los asistentes de una actividad anunciada como «libre y gratuita». Militantes del PTS le impidieron ingresar y calificaron su sola presencia como una «provocación».

PTS Acto Bregman

La libertad de expresión terminó en la puerta del acto que Myriam Bregman encabezó este domingo en Rosario. Militantes identificadas con el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) impidieron que Álvaro Taborda, cronista de El Liberador, ingresara al encuentro para realizar su cobertura periodística.

La actividad se desarrolló en el Club Sportivo América, ubicado en Tucumán 2159, y había sido difundida públicamente como parte de la recorrida nacional de la referente del Frente de Izquierda.

Taborda se acercó al lugar con el propósito de escuchar a los participantes y recoger opiniones, como ya había hecho durante otras movilizaciones políticas. Sin embargo, antes de poder ingresar, fue interceptado por un grupo de militantes con pecheras del PTS.

La negativa no estuvo relacionada con la falta de espacio, una acreditación previa o alguna restricción general para la prensa. Según se desprende del intercambio registrado en video, el problema era la línea editorial del medio y las coberturas anteriores realizadas por el cronista.

Para la izquierda, presentarse ya era «provocar»

La secuencia expone con claridad el criterio aplicado por las encargadas del ingreso.

«Pero yo no estoy provocando«, planteó Taborda.

«Que vengas acá es provocar«, respondió una de las militantes.

Cuando el cronista preguntó por qué su presencia constituía una provocación, la contestación fue circular: «Porque es provocar«.

El periodista aclaró entonces que no estaba agrediendo ni insultando a nadie. Las militantes admitieron que el rechazo se debía a videos publicados anteriormente por El Liberador, especialmente la cobertura de la denominada «Marcha de la Bronca».

También cuestionaron una entrevista anterior en la cual el cronista había preguntado a distintos manifestantes qué harían si fueran presidentes durante 24 horas. Una de las respuestas obtenidas había sido “expropiar”.

Para las militantes, reproducir esa contestación y formular preguntas incómodas equivalía a actuar con intenciones provocadoras. Taborda explicó que se había limitado a consultar y publicar las respuestas de los propios participantes, sin impedirles desarrollar sus ideas ni introducir una opinión personal.

La discusión dejó así al descubierto el verdadero motivo de la exclusión: El Liberador podía escuchar las propuestas de la izquierda, pero no mostrarlas sin someterse previamente a su interpretación.

Un acto público con filtro ideológico

La situación resulta especialmente grave porque no se trataba de una reunión privada ni de una actividad reservada exclusivamente para afiliados. Era un acto político difundido públicamente, protagonizado por una diputada nacional y anunciado como de acceso libre.

Ninguna organización está obligada a coincidir con la línea editorial de un medio. Tampoco tiene que celebrar sus preguntas ni sentirse cómoda con sus publicaciones. Pero la democracia comienza precisamente cuando se acepta que periodistas, ciudadanos y adversarios políticos puedan observar, preguntar y publicar aquello que sus dirigentes preferirían no mostrar.

Horas antes del encuentro, Bregman había calificado de “antidemocrática” la reforma electoral impulsada por el Gobierno nacional. Sin embargo, en la puerta del acto encabezado por ella, sus militantes aplicaron un criterio bastante menos pluralista: la presencia de un medio crítico fue considerada una agresión en sí misma.

La contradicción es evidente. Quienes se presentan como defensores permanentes de los derechos, las libertades públicas y la participación política decidieron que esas garantías no alcanzaban a un periodista que no compartía su ideología.

El reflejo autoritario del pensamiento único

El episodio no constituye censura estatal ni puede equipararse en su dimensión con la persecución ejercida por una dictadura. Pero sí exhibe el mismo reflejo autoritario en una escala menor: considerar enemigo a quien pregunta, provocador a quien discrepa y peligroso a quien publica respuestas inconvenientes.

No resulta casual que esa conducta aparezca en sectores políticos que todavía romantizan a regímenes comunistas y suelen relativizar sus restricciones al pluralismo, la oposición y la prensa independiente.

En esos sistemas, los medios solamente son aceptados mientras funcionen como instrumentos de propaganda. El periodista deja de ser considerado un observador o un contrapeso y pasa a convertirse en un adversario que debe ser silenciado.

La cobertura realizada por el propio medio partidario del PTS destacó que, durante su discurso en Rosario, Bregman reclamó terminar con el bloqueo a Cuba. Cuestionar esa política internacional es legítimo. También debería serlo reclamar con la misma firmeza libertad de expresión, alternancia política y pluralismo para los ciudadanos cubanos.

La credibilidad democrática, después de todo, empieza por casa.

La libertad no estaba incluida

En las imágenes no se observa a Taborda insultar, amenazar ni agredir a ninguna de las personas presentes. El corresponsal argumenta, pregunta y defiende su derecho a realizar la cobertura mientras varias militantes permanecen delante de él e impiden su ingreso.

La escena también desmiente la idea de que la izquierda solamente rechaza a quienes buscan sabotear sus actividades. En esta oportunidad no hubo interrupciones, violencia ni intento alguno de alterar el acto. Bastó con que el periodista perteneciera a un medio libertario y hubiera publicado anteriormente respuestas incómodas.

Al cierre de esta nota, la organización del encuentro no había difundido una explicación pública sobre lo ocurrido ni aclarado quién tomó la decisión de impedir el acceso.

El episodio debería interpelar a Bregman y a los dirigentes del PTS que participaron de la actividad. Si realmente defienden una sociedad pluralista, corresponde que expliquen por qué sus militantes se arrogaron el derecho de seleccionar qué periodistas podían presenciar un acto abierto.

La actividad se promocionaba como «libre y gratuita». Gratuita pudo haber sido. La libertad, como demostró la propia izquierda en la puerta, no estaba incluida.

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