Macron culpó a la ultraizquierda por los disturbios, pero evitó hablar de inmigración: Le Pen cuestionó su pérdida de autoridad
El presidente francés condenó los saqueos y responsabilizó a grupos de extrema izquierda y delincuentes, pero dejó afuera de su discurso el debate sobre inmigración e islam que impulsan Trump y sectores de la derecha. Marine Le Pen habló de una “crisis de confianza” y acusó al macronismo de haber perdido autoridad.
Emmanuel Macron rompió el silencio después de uno de los fines de semana más violentos de los últimos años en Francia.
En un mensaje televisado, el presidente responsabilizó a “extremistas de ultraizquierda” y delincuentes por los incendios, saqueos y ataques que acompañaron las protestas del sábado. También prometió que los responsables deberán responder por los daños ocasionados.
Macron distinguió a quienes marcharon pacíficamente por problemas vinculados con educación y poder adquisitivo de quienes utilizaron las concentraciones para destruir comercios y edificios públicos.
“¿Por qué incendiar el Ayuntamiento de Limoges?”, planteó el mandatario antes de afirmar que nada justificaba semejantes acciones.
La inmigración quedó afuera del discurso presidencial
Macron dedicó buena parte de su exposición al orden público, las fallas de inteligencia, el costo de vida y la necesidad de escuchar a jóvenes y sindicatos.
Pero no vinculó los hechos con la inmigración ni con el islam, dos cuestiones que volvieron a ocupar el centro de la discusión a partir de las declaraciones de dirigentes extranjeros y de la derecha francesa.
La omisión resulta políticamente relevante porque Donald Trump ya había atribuido las tensiones francesas a la inmigración masiva y sectores nacionalistas europeos vienen reclamando revisar las políticas de integración.
Las autoridades francesas, hasta ahora, sostienen que los principales protagonistas identificados detrás de la violencia fueron grupos de ultraizquierda y delincuentes, no una categoría étnica o religiosa.
Le Pen: “El poder macronista está agotado”
Marine Le Pen utilizó la crisis para atacar directamente al Gobierno.
La candidata presidencial de Reagrupamiento Nacional afirmó que Francia atraviesa una “crisis de confianza” que representa una amenaza para la democracia y responsabilizó tanto a la extrema izquierda como a un presidente que, según sostuvo, quedó “sin crédito ni autoridad”.
Su discurso llevó por título una fórmula clara: “Restablecer el orden. Devolver la palabra al pueblo. Abrir el camino del renacimiento”.
Le Pen viene además colocando desde hace años la inmigración y la asimilación cultural en el centro de su proyecto político. Su programa incluye mayores restricciones migratorias, prioridad nacional en determinadas prestaciones y una concepción más estricta de la laicidad.
Eso no significa que haya demostrado que la inmigración sea la causa inmediata de los disturbios actuales. Sí implica que la crisis vuelve a alimentar una discusión que Macron intentó mantener separada de su explicación oficial de los hechos.
Una crisis de autoridad antes de 2027
La dimensión política es enorme.
Macron no puede presentarse nuevamente a la Presidencia en 2027 y llega al final de su etapa con una profunda erosión de autoridad, dificultades fiscales y una Asamblea fragmentada.
Las imágenes de edificios públicos incendiados y saqueos masivos alimentan precisamente uno de los argumentos centrales de Le Pen: que el Estado francés conserva una enorme capacidad para cobrar impuestos y regular la vida económica, pero encuentra crecientes dificultades para cumplir una de sus tareas más elementales, garantizar seguridad y orden público.
Macron decidió poner el foco en la ultraizquierda y en los delincuentes. Le Pen pretende convertir la crisis en algo más amplio: un juicio político sobre casi una década de macronismo.
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