La ultraizquierda española dejó en llamas a Bilbao durante una violenta jornada de protestas

Una movilización contra el comunicador Vito Quiles terminó con encapuchados incendiando vehículos y contenedores, atacando una moto policial y saqueando comercios. El acto de Quiles había sido suspendido horas antes por riesgo de violencia, pero los disturbios se produjeron igualmente y dejaron 19 detenidos, siete de ellos menores.

Bilbao

La ciudad española de Bilbao vivió este lunes una nueva jornada de violencia callejera después de una movilización convocada por la ultraizquierda contra un acto del comunicador Vito Quiles. Lo que comenzó como una protesta autodenominada “antifascista” terminó con autos incendiados, saqueos, mobiliario destruido, ataques contra la Policía y 19 personas detenidas.

Quiles tenía previsto realizar una actividad cerca de la Universidad de Deusto, pero decidió cancelarla después de hablar con responsables del dispositivo de seguridad de la Ertzaintza. Según explicó, los agentes le habían advertido sobre un “riesgo muy elevado” de altercados, por lo que optó por no presentarse.

La suspensión no frenó la violencia. Grupos de encapuchados comenzaron a quemar contenedores y al menos media docena de automóviles, mientras una motocicleta de la Policía Municipal fue atacada y prendida fuego.

También se registraron saqueos en establecimientos comerciales y destrozos sobre el mobiliario urbano. La Policía vasca informó finalmente que 19 personas fueron detenidas, entre ellas siete menores, y que otras tres quedaron bajo investigación por su posible participación en los incidentes.

El acto fue cancelado, pero la violencia continuó

La secuencia resulta especialmente significativa porque el evento que originó la protesta nunca llegó a realizarse. A pesar de que Quiles había anunciado oficialmente su cancelación, varios centenares de radicales permanecieron en las calles y continuaron provocando incidentes durante horas.

El lehendakari Imanol Pradales calificó los hechos como “intolerables e inaceptables” y denunció que grupos organizados buscaron deliberadamente generar caos. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, fue todavía más directo al referirse a quienes protagonizaron los destrozos: “No son antifascistas, son auténticos fascistas”.

Los disturbios vuelven a colocar en discusión un problema recurrente en distintas ciudades europeas: grupos que reivindican causas políticas y utilizan la intimidación o la violencia como método para impedir actos, conferencias o expresiones que consideran inadmisibles. El principio democrático de libertad de expresión pierde sentido cuando la amenaza física termina determinando quién puede hablar y dónde puede hacerlo.

La Universidad de Deusto había suspendido preventivamente sus actividades y cerrado el campus horas antes ante el riesgo de incidentes. Las autoridades retiraron incluso contenedores de las inmediaciones y desplegaron decenas de vehículos policiales, pero el operativo no impidió que los radicales desplazaran los disturbios hacia otras calles del barrio.

Bilbao cerró así una tarde en la que un acto político fue cancelado por razones de seguridad y, aun sin celebrarse, la violencia terminó imponiéndose igualmente en las calles. Para una democracia liberal, la conclusión es elemental: ninguna ideología convierte en legítimos el incendio de propiedad privada, el saqueo o la agresión como herramienta para silenciar al adversario.

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