La primera tormenta fuerte desnudó el abandono: Rosario y la región bajo agua

El temporal dejó calles anegadas, viviendas afectadas y problemas de circulación en Rosario, Funes, Villa Gobernador Gálvez, Roldán, Pérez y Arroyo Seco. En la ciudad cayeron 42 milímetros hasta el mediodía: una cifra que no debería bastar para paralizar barrios enteros. Fue la primera prueba importante desde las advertencias por El Niño y la infraestructura volvió a responder tarde y mal.

Parque inundado tras la lluvia

La primera tormenta fuerte de la temporada alcanzó para dejar al descubierto un problema que se repite cada vez que el cielo se oscurece sobre Rosario y el sur de Santa Fe: desagües insuficientes, canales desbordados, calles convertidas en cursos de agua y vecinos obligados a defender sus viviendas con los recursos que tienen a mano.

Durante la mañana del miércoles, la lluvia provocó anegamientos en distintos sectores de Rosario y en varias localidades del área metropolitana. Circularon imágenes de calles cubiertas por el agua en Funes, Villa Gobernador Gálvez, Roldán, Pérez y Arroyo Seco, mientras los municipios desplegaban operativos de emergencia y pedían evitar desplazamientos innecesarios.

En Rosario se habían acumulado aproximadamente 42 milímetros hasta el mediodía. La Municipalidad recibió al menos 70 reclamos vinculados con anegamientos y acumulación de agua.

No se trató de un volumen extraordinario para una tormenta de primavera. La intensidad y la concentración de las precipitaciones en un periodo corto complicaron el drenaje, pero ése es precisamente el tipo de episodio frente al cual debería estar preparada la infraestructura urbana.

La tormenta había sido anticipada. El Servicio Meteorológico Nacional había emitido alertas por lluvias intensas, actividad eléctrica, posible granizo y acumulaciones importantes. No hubo sorpresa meteorológica. Hubo, una vez más, falta de capacidad para absorber un fenómeno anunciado.

Funes, la postal más crítica

La situación fue más grave en Funes, donde se registraron entre 80 y 90 milímetros, buena parte de ellos en menos de una hora. Allí sí se produjo una descarga de gran intensidad que desbordó canales, cubrió calles y provocó el ingreso de agua en viviendas.

Entre los sectores afectados aparecieron las zonas 4 y 5, Los Troncos y distintos puntos próximos a los canales de desagüe. La calle Vélez Sarsfield quedó completamente cubierta por el agua, mientras que el paso ferroviario de Independencia y Presidente Perón debió ser interrumpido. También hubo establecimientos educativos que suspendieron sus actividades.

La velocidad con la que colapsó el sistema volvió a poner bajo discusión el crecimiento urbano de Funes. Durante años se autorizaron desarrollos inmobiliarios, nuevas urbanizaciones y una expansión acelerada de la superficie construida sin que las obras hidráulicas avanzaran al mismo ritmo.

El agua también ganó calles en Villa Gobernador Gálvez, Roldán, Pérez y Arroyo Seco. Los videos difundidos por vecinos mostraron automóviles avanzando con dificultad, calzadas completamente cubiertas y zonas donde resultaba imposible distinguir la vereda de la calle.

Cada localidad tiene particularidades propias, pero el patrón regional es reconocible: expansión urbana sin infraestructura suficiente, mantenimiento deficiente y sistemas de drenaje que quedan al límite apenas se produce una lluvia intensa.

El Niño recién comienza

La tormenta representó la primera prueba seria desde que comenzaron las advertencias sobre un periodo condicionado por El Niño y una mayor probabilidad de precipitaciones abundantes. El resultado no fue tranquilizador.

Las autoridades suelen atribuir los anegamientos a que cayó “mucha agua en poco tiempo”. La explicación meteorológica puede ser correcta, pero no alcanza como respuesta política. Las redes pluviales, los canales y las obras de contención existen justamente para enfrentar episodios intensos, especialmente cuando fueron pronosticados.

En Rosario, 42 milímetros bastaron para multiplicar los reclamos y complicar calles, viviendas y comercios. En Funes, una precipitación considerable encontró canales sin capacidad suficiente para evacuarla. En el resto del área metropolitana, volvió a repetirse una escena que los vecinos conocen demasiado bien.

El episodio dejó una advertencia clara. Si ésta fue apenas la primera tormenta importante del ciclo, los gobiernos municipales y provincial deberán explicar qué ocurrirá cuando lleguen lluvias más prolongadas.

El problema ya no puede presentarse como una fatalidad climática. El agua cae, pero que una ciudad se inunde depende también de cómo se planificó, qué obras se hicieron, cuáles se postergaron y cómo se mantienen las existentes.

La primera prueba llegó. Y la infraestructura del sur santafesino volvió a sacar una mala nota.

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