Pérsico admitió que perdió la calle y pidió «sacar ya» a Milei: quiere una salida caótica
El jefe del Movimiento Evita reconoció que las organizaciones sociales perdieron capacidad de presión bajo la política antipiquetes. Además, anticipó una estrategia de desgaste contra el Gobierno y respaldó a Axel Kicillof para suceder al Presidente.
El dirigente piquetero kirchnerista Emilio Pérsico desató una fuerte polémica al reconocer el debilitamiento de los movimientos sociales desde la llegada de Javier Milei y manifestar abiertamente su deseo de provocar una salida caótica del actual Gobierno.
“Lo que yo quiero es sacar ya a Milei y que se vaya lo más desordenadamente posible”, afirmó el jefe del Movimiento Evita durante una entrevista concedida a Tomás Méndez.
La declaración excedió ampliamente una crítica habitual contra la administración libertaria. Pérsico no se limitó a plantear una derrota electoral en 2027, sino que habló de profundizar el desgaste político e impedir que el oficialismo pueda completar una transición ordenada hacia otra candidatura.
El dirigente aseguró que durante el próximo año y medio el Gobierno sufrirá un fuerte deterioro y sostuvo que el peronismo deberá aprovechar ese escenario para reconstruir su unidad.
La pérdida del poder piquetero
Pérsico también reconoció que las organizaciones sociales ya no poseen la misma capacidad de movilización y condicionamiento que tuvieron durante administraciones anteriores.
Según su interpretación, el Movimiento Evita conserva su estructura territorial, pero perdió contundencia porque Milei “tomó la calle militarmente”. Con esa expresión cuestionó la política aplicada por el Gobierno para impedir bloqueos de calles, accesos y rutas.
En los hechos, su lamento deja al descubierto una transformación central producida desde diciembre de 2023: los movimientos piqueteros dejaron de controlar el espacio público y de utilizar la interrupción del tránsito como herramienta para obtener recursos, cargos o concesiones políticas.
La aplicación del protocolo antipiquetes, la actuación de las fuerzas de seguridad y la decisión de descontarles a las organizaciones los costos de los operativos redujeron considerablemente una metodología de presión que durante años perjudicó a trabajadores, comerciantes y ciudadanos ajenos a las protestas.
Pérsico descartó impulsar un enfrentamiento directo con las fuerzas federales, pero atribuyó la menor presencia callejera de su espacio a las causas judiciales contra dirigentes sociales y a la firmeza adoptada por el Gobierno.
De administrar planes a admitir el fracaso
Las declaraciones adquieren especial relevancia por el pasado del dirigente. Pérsico se desempeñó como secretario de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social durante la presidencia de Alberto Fernández, mientras continuaba al frente del Movimiento Evita.
Desde ese cargo tuvo una participación central en la política social del kirchnerismo y en la administración del programa Potenciar Trabajo, cuyo funcionamiento otorgó a las organizaciones piqueteras un enorme poder territorial.
El sistema permitía que agrupaciones vinculadas con el oficialismo intervinieran sobre cooperativas, unidades productivas y beneficiarios de los planes. De ese modo, dirigentes con acceso directo al Estado también controlaban estructuras que recibían recursos procedentes del propio Estado.
Durante la entrevista, Pérsico reconoció que la política de transferencias sociales encontró un límite y no consiguió resolver estructuralmente la pobreza. Su autocrítica llega después de que esas organizaciones administraran durante años una parte considerable de la asistencia destinada a los sectores vulnerables.
La gestión de Milei modificó ese esquema mediante transferencias directas a los beneficiarios y la eliminación de intermediarios. Esa decisión redujo la capacidad de los movimientos sociales para condicionar el acceso a la ayuda pública y explica buena parte de la confrontación con el Gobierno.
Respaldo a Kicillof y rechazo al capitalismo
Pérsico también aprovechó la entrevista para definir su posición dentro de la interna peronista. Consideró que Axel Kicillof es actualmente el único candidato presidencial públicamente instalado por el espacio y el dirigente con mayores posibilidades de competir en 2027.
El jefe del Movimiento Evita sostuvo que el peronismo deberá evitar peleas internas prematuras y concentrarse en debilitar al oficialismo. A su entender, una eventual crisis política o una transición desordenada favorecería la reunificación de las distintas facciones opositoras.
Además, volvió a cuestionar el capitalismo por considerar que concentra la riqueza y amplía las desigualdades. No obstante, admitió que incluso los países gobernados por fuerzas socialistas abandonaron la pretensión de eliminar por completo ese sistema.
Su alternativa consiste en fortalecer la denominada economía popular y ampliar los derechos de quienes se encuentran fuera del empleo formal. Sin embargo, no explicó cómo financiar ese esquema sin volver a depender de los planes y estructuras estatales cuyo fracaso reconoció durante la misma conversación.
Una declaración incompatible con la normalidad democrática
En una democracia, los gobiernos son reemplazados mediante elecciones o a través de los mecanismos expresamente contemplados por la Constitución. Desear que un presidente sea “sacado” y que su salida resulte deliberadamente desordenada introduce una lógica diferente: la de utilizar el conflicto social para alterar el funcionamiento institucional.
Pérsico no presentó un plan concreto de violencia ni llamó explícitamente a desconocer el resultado electoral de 2023. Sin embargo, su vocabulario exhibe una voluntad de desestabilización que no puede ser reducida a una simple diferencia ideológica.
Las declaraciones también revelan el enojo de una dirigencia que perdió simultáneamente el manejo de los planes y el control de las calles. Durante años, los piquetes funcionaron como una herramienta de negociación política frente a gobiernos que preferían financiar a las organizaciones antes que garantizar la libre circulación.
La política de Milei modificó esa relación. La protesta continúa siendo un derecho, pero cortar una ruta o impedir que otro ciudadano llegue a su trabajo dejó de ser una práctica tolerada.
Pérsico parece haber comprendido ese cambio. Su respuesta, sin embargo, no fue proponer una alternativa capaz de convencer a los votantes, sino anticipar que buscará desgastar al Gobierno y conseguir que abandone el poder en el mayor desorden posible.
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