Supermercadistas emiten un comunicado: un freno al intervencionismo y una apuesta al orden espontáneo
La Cámara Argentina de Supermercados (CAS) y la Federación Argentina de Supermercados y Autoservicios (FASA) emitieron un comunicado en el que respaldan las recientes medidas del Poder Ejecutivo tendientes a desregular la economía: unificación cambiaria, eliminación del cepo y retorno progresivo a precios libres. Las entidades reconocieron el efecto inmediato de estas decisiones en los mercados —especialmente en la estabilización del tipo de cambio— como una señal positiva de cara a una reconfiguración institucional de corte liberal.
En línea con esta transición hacia un marco de reglas claras y previsibilidad, CAS y FASA subrayaron que no convalidarán listas de precios con aumentos injustificados. Esto implica una toma de posición frente a proveedores que, en un contexto de apertura, aún operan con lógicas heredadas del esquema de economía dirigida.
“Defender el poder de compra del consumidor es también defender el rol que cumple en la formación de precios”, señalaron las entidades. En otras palabras, se reconoce que la única fuente legítima de precios es la imputación subjetiva que el consumidor hace en el margen, principio fundamental de la teoría del valor desarrollada por Carl Menger y continuada por la Escuela Austriaca.
El comunicado, lejos de ser un gesto aislado, refleja una comprensión más profunda de la dinámica de mercado: en ausencia de expansión monetaria descontrolada, la inflación no tiene sustento. Por tanto, los aumentos generalizados y arbitrarios pierden fundamento técnico y económico.

Este comportamiento contrasta con el de ciertos sectores del empresariado que, ante la pérdida de privilegios concedidos bajo esquemas prebendarios, optan por obstaculizar el proceso de reforma. En palabras de Luigi Zingales, profesor de la Universidad de Chicago: “La verdadera amenaza al capitalismo no viene del socialismo, sino de los capitalistas que no quieren competencia. Buscan rentas, no mercados”. Este fenómeno, conocido como crony capitalism o capitalismo de amigos, fue moneda corriente en los últimos años, donde la cercanía al poder político definía la rentabilidad más que la innovación o la eficiencia.
Hoy, con reglas de juego que privilegian la competencia y castigan los privilegios, el empresariado enfrenta una disyuntiva: adaptarse a la lógica del mercado o seguir apostando a una lógica rentista que ya no tiene lugar en este nuevo orden.
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