Ingeniero Chanourdie: subsidios cruzados, parentescos y la “suerte” de ser de Unidos
Un hecho demasiado conveniente ocurrió en la localidad santafesina de Ingeniero Chanourdie, donde supuestos programas de asistencia financiados por el Senado provincial terminaron beneficiando curiosamente a familiares y parejas de un candidato del espacio Unidos para Cambiar Santa Fe. El reparto de subsidios no pasó desapercibido, sobre todo por las conexiones políticas detrás de los afortunados elegidos.
Subsidios que parecen favores
El protagonista del caso es Fernando Solari, candidato a presidente comunal en Chanourdie, cuyo entorno íntimo parece haber tenido mucha suerte. Su hermano, Esequiel Alfredo Solari, fue beneficiado con un subsidio del plan Potrero Rural, un programa que se supone está destinado a fomentar oportunidades para jóvenes rurales sin vínculos partidarios.
Pero la fortuna no termina ahí. También se otorgó otro subsidio bajo el programa Bienestar Animal: Salud y Nutrición para Todos, y en este caso la favorecida fue nada menos que la pareja del mismo candidato. En una localidad pequeña y con recursos limitados, la repetición de apellidos y vínculos en el reparto de fondos no pasa desapercibida.
El senador de la “casualidad” permanente
El senador departamental responsable de canalizar estos programas es radical de Unidos, parte del mismo espacio que Solari. Y aunque en el norte santafesino el relato radical suele construirse como el “antikirchnerismo con buenos modales”, la lógica de la casta parece repetirse sin rubor. Porque si los nombres cambian, las prácticas siguen siendo las mismas.
El caso recuerda a lo ocurrido recientemente con el senador Orfilio Marcón, señalado por encubrir a un fiscal de su entorno acusado de abuso sexual, y que además fue vinculado al escandaloso caso de robo millonario de hacienda, en el que fueron imputados empresarios, funcionarios y políticos locales. La promesa de transparencia que hace tiempo se agotó en discursos de comité no resiste el menor contraste con la realidad.
Kirchnerismo de buenos modales, pero con las mismas mañas
Lo que ocurre en Chanourdie no es una anécdota aislada. Es una muestra más de cómo el viejo radicalismo y el socialismo norteño han reciclado las peores prácticas del poder. Se indignan ante el populismo explícito del kirchnerismo, pero sostienen una estructura de favores, acomodos y cajas políticas subsidiadas, que opera con la misma impunidad.
Lo verdaderamente escandaloso no es solo que existan fondos públicos destinados a fines supuestamente sociales. Lo grave es el mecanismo clientelar disfrazado de progreso rural, que termina financiando a los parientes del poder local.
Ingeniero Chanourdié revela una matriz que se repite en muchos rincones del país: el subsidio no como ayuda, sino como recompensa de fidelidad política, y el Estado usado como fondo personal de campaña. Lo que se vende como inclusión es, una vez más, un festival de privilegios repartidos entre los de siempre.
En este caso, la familia Solari sonríe. Y la ciudadanía paga.
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