Se descubren múltiples contrataciones directas de la UBA al socio de Yacobitti

El vicerrector de la UBA montó un esquema de negocios donde su círculo íntimo adjudica millones sin licitación a empresas vinculadas entre sí. Mientras tanto, los estudiantes salen a defender la «universidad pública» sin saber que la están financiando con sus impuestos.

Yacobitti termo ucr

La Universidad de Buenos Aires no es un templo del saber: es una caja fuerte manejada por una camarilla de funcionarios que se reparten el botín entre socios y amigos. Una investigación de El Disenso —que El Liberador amplía con documentación exclusiva— destapa el mecanismo alrededor de Emiliano Yacobitti, hoy vicerrector de la UBA, y su socio Adolfo Rubén Reichemberg, actual Subsecretario de Gestión Operativa.

El circuito cerrado de los socios

Reichemberg no es solo funcionario: es empresario. Es socio de Lokarcat S.R.L., constituida en 2011 junto a Alfredo Moisés Cardozo. El domicilio social: Olazábal 5201, piso 3, departamento C, Capital Federal.

El mismo Alfredo Moisés Cardozo figura como gerente de A.B.R. Desarrolladora S.R.L. en el Boletín Oficial. ¿Dónde fija sede? Olazábal 5201, piso 3, departamento C, Capital Federal. Mismo edificio, mismo piso, mismo departamento. Casualidad, dirán los defensores del statu quo.

Millones sin licitación, firmados por el círculo de Yacobitti

Entre 2020 y 2024, ABR Desarrolladora S.R.L. recibió contrataciones directas millonarias desde la Secretaría de Hacienda del rectorado de la UBA —el área que en 2015 manejaba Yacobitti y hoy está en manos de Matías Ruiz, otro de su círculo íntimo.

Los documentos que obran en poder de este diario lo confirman:

  • Contratación Directa N° 04/2020: ABR Desarrolladora se lleva $1.588.500,00 por reparación de la puerta del Rectorado, en Viamonte 444.
  • Contratación Directa por Urgencia, Acta N° 009/2021: ABR Desarrolladora se adjudica $4.416.460,00 para una obra de cercamiento en Uriburu 950. El presupuesto oficial era de $3.711.312,00, pero la oferta de ABR superaba el monto oficial en un 18,9%. La comisión «estimó conveniente» adjudicarle igual. ¿Por qué? Porque había que pagarle sí o sí.

¿Quién firma estas adjudicaciones? Matías Ruiz, a cargo de la Secretaría de Hacienda, el mismo área que le trajo dolores de cabeza a Yacobitti en 2015.

El antecedente enterrado por el kirchnerismo universitario

En 2015, la PROCELAC denunció a 40 funcionarios de la UBA por negociaciones incompatibles, administración infiel, enriquecimiento ilícito y lavado de activos. La investigación detallaba que los imputados desviaban millonarias contrataciones hacia proveedoras vinculadas a ellos mismos.

Emiliano Yacobitti, entonces Secretario de Hacienda, era una de las tres principales autoridades denunciadas. La causa penal tramitó en Comodoro Py y, como por arte de magia, desapareció del radar en 2017. Nadie fue condenado. Nadie devolvió un peso. El sistema siguió intacto.

Hoy Yacobitti es vicerrector. Su área quedó en manos de Matías Ruiz. Y el esquema de negocios denunciado en 2015 sigue vigente: mismas prácticas, mismas áreas, mismos beneficiarios.

La opacidad como método de gobierno

Esto no es un hecho aislado. Es la punta del iceberg de una universidad que se niega a ser auditada. La UBA no publica las declaraciones juradas de sus funcionarios. No hay nóminas públicas. No hay presupuestos accesibles. De 450 auditorías que deberían estar online, solo se pueden consultar 5. El resto devuelve un «error de servidor» que parece calculado.

¿Saben por qué los directivos de la UBA no quieren que se metan en sus cuentas? Por esto. Porque manejan una caja multimillonaria sin control, porque desvían fondos a empresas de sus socios, porque el «autonomía universitaria» se convirtió en un escudo para delinquir impunemente.

Contra molinos de viento

Y mientras tanto, ¿qué hace el alumnado? Sale a la calle a defender la «universidad pública» contra un supuesto desfinanciamiento que no existe. Se pelea contra molinos de viento, convencido por los directivos corruptos de que cualquier intento de auditoría es un ataque a la educación.

La verdad es otra: la plata no falta. Falta control. Falta transparencia. Falta voluntad de terminar con los curros de los directivos.

La UBA no se toca, dicen. Claro que no se toca: porque si se toca, se cae el negocio de Yacobitti y sus socios.

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