Pullaro convocó a la inauguración de una escuela a las 19hs, pero la adelantó a las 17hs para evitar el abucheo

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El gobierno provincial difundió una convocatoria abierta para inaugurar la Escuela Técnica Profesional N° 392 “Juramento a la Bandera” en Rosario: jueves 26 de febrero, 19 hs, en Av. San Martín 5702. Pero, temiendo un nuevo escrache, Pullaro y su comitiva hicieron el acto antes y se fueron: para cuando muchos llegaron al horario anunciado, la inauguración ya había terminado.

“Pullaro tiene miedo”

Lo más revelador ocurrió antes de las 19, pero después de que el gobernador se retiró. Se acercaron vecinos y empleados estatales —entre docentes, personal de salud y algunos policías de civil— y estallaron los cánticos: “Pullaro tiene miedo”, entre otros reclamos. La protesta no fue solo por el salario: apuntó, sobre todo, a que el gobierno miente en los medios sobre lo que realmente ganan los trabajadores públicos provinciales.

Una racha de abucheos que no para

Este episodio se suma a una seguidilla que expone el deterioro de la imagen del gobernador. En los últimos días, Pullaro fue abucheado de manera consecutiva en:

  • Barrancas (semanas atrás),
  • la visita del presidente Javier Milei por la conmemoración del Combate de San Lorenzo (mientras se escuchaba la ovación al presidente),
  • la inauguración de la tercera vía de la autopista Rosario–Santa Fe (obra que llega solo hasta San Lorenzo y tardó dos años),
  • Esperanza,
  • y ahora Rosario, con un acto adelantado y un reclamo que igual lo alcanzó.

El mensaje es claro: si un gobernador necesita correr horarios y esconderse para evitar el contacto con la gente, el problema ya no es la seguridad del acto, sino la falta de respaldo en la calle.

La señal política: cuando un gobernador “se esconde”, el problema no es el protocolo, es la legitimidad

El oficialismo puede argumentar “cuestiones de organización”. Pero lo que queda en la percepción pública es otra cosa: un gobernador que evita exponerse. Y eso, para cualquier gestión, es veneno. Porque una inauguración de una escuela —símbolo de comunidad, futuro y Estado presente— termina mostrando lo contrario: un Estado que se protege de sus propios ciudadanos.

Más aún cuando el gobierno provincial atraviesa conflictos con policías, docentes y personal de salud, sectores donde se mezclan reclamos salariales, condiciones de trabajo y desgaste acumulado. Sumado a una oposición que huele sangre, el combo es el peor para la imagen: un gobierno que ya no controla la calle y que, por eso, intenta controlar el horario.

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