Fallece Miguel Uribe en Colombia asesinado por la extrema izquierda, tras dos meses de pelear por su vida
El asesinato de Miguel Uribe Turbay en Colombia, bajo un gobierno encabezado por un exguerrillero de extrema izquierda como Gustavo Petro, expone el preocupante avance de la violencia política en América Latina.
Colombia es, desde hace décadas, una de las capitales del narcotráfico sudamericano, superada en la última década solo por Venezuela, convertida en una verdadera narcodictadura. La infiltración del crimen organizado en todos los niveles del Estado colombiano no es un secret: guerrillas, bandas y carteles han moldeado el mapa político y social del país.
Pero el dato que incomoda —y que muchos medios internacionales prefieren pasar por alto— es que hoy Colombia está gobernada por un exguerrillero del M-19, Gustavo Petro. El M-19 fue una organización armada de extrema izquierda que, entre los años 70 y 80, protagonizó secuestros, asesinatos, asaltos y el asalto sangriento al Palacio de Justicia en 1985, hecho que terminó con más de un centenar de muertos. Petro, detenido en esa época por porte ilegal de armas, formaba parte de esa estructura cuando estos crímenes ocurrieron.
En su biografía política, Petro ha intentado reescribir su paso por el M-19 como una “juventud de lucha” que culminó con el acuerdo de paz de 1990. Sin embargo, su nombre vuelve a aparecer asociado a controversias, como las que señalan medios de investigación —por ejemplo, El Expediente— sobre supuestos vínculos indirectos con el asesinato del candidato ecuatoriano Fernando Villavicencio, perpetrado por sicarios colombianos. Aunque no existen pruebas judiciales que lo incriminen, la sombra de la sospecha se alimenta de su pasado y del actual clima de impunidad en la región.
La muerte de Uribe no solo es una tragedia política: es también un síntoma de un país donde el narcotráfico sigue dictando las reglas, la violencia socialista cobra vidas, y la presidencia está en manos de un hombre cuya trayectoria se forjó en una agrupación que no dudó en utilizar la violencia armada para alcanzar sus fines.
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