Ian Moche: uso político y comercial de un niño con discapacidad por sus propios padres y terapeuta
Ian Moche, niño de 12 años con diagnóstico de autismo e hiperexpuesto en medios por sus críticas al gobierno nacional, quedó en el centro de un vendaval de denuncias y revelaciones. Una investigación de La Derecha Diario, firmada por Rodrigo Safdiye, señala al psicólogo Matías Cadaveira como operador K y describe un circuito de diagnósticos exprés → CUD → prestaciones con financiamiento estatal. A la vez, surgieron pagos públicos por presentaciones del menor y un testimonio familiar que cuestiona el uso económico y político de su imagen. Este informe integra lo publicado por LDD, los datos de El Disenso y el caso mediático que escaló tras el cruce con la ANDIS.
Ian Moche se volvió figura pública por su discurso sobre autismo e “inclusión” en redes, entrevistas y actos oficiales. La madre, Marlene Spesso, es su representante y vocera; el padre, Rodrigo Hernán Llanos, aparece gestionando cobros cuando la normativa impide pagar a nombre del menor. La polémica se potenció luego de que Spesso atribuyera al titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, la frase: “Si tuviste un hijo con discapacidad es problema de la familia, no del Estado. ¿Por qué yo tengo que pagar peaje y vos no?”. La difusión de esa supuesta frase desató un terremoto político y pedidos de renuncia aunque fue la palabra de una familia militante con fuertes intereses políticos y económicos que los hechos terminaron demostrando y devaluando su palabra.
A la par del cruce político, El Disenso publicó un decreto municipal de San Fernando del Valle de Catamarca que documenta $240.000 en honorarios por una jornada sobre autismo: $160.000 fueron transferidos a Rodrigo H. Llanos (padre de Ian), por la imposibilidad legal de pagar a nombre de un menor, y $80.000 a otra disertante. El acto lo justificó el municipio por el rol de Ian como “influencer” y disertante. El dato abre preguntas sobre el rol de los adultos responsables, el uso de fondos públicos y el límite entre activismo y exposición infantil.
En ese contexto, La Derecha Diario (nota de Rodrigo Safdiye) publicó el reportaje “El operador K detrás de Ian Moche: quién es Matías Cadaveira”. Allí se sostiene que Cadaveira, psicólogo con matrícula en CABA, atendía en Castelar sin habilitación provincial y habría sido quien moldeó la figura pública de Ian, tendiendo puentes con el kirchnerismo (accesos a Casa Rosada y al entorno de Cristina Kirchner). El artículo cuestiona su metodología diagnóstica por apartarse de estándares como ADOS, promoviendo tests online y “diagnósticos exprés”. Según LDD, el corazón del negocio sería un circuito diagnóstico → CUD → prestaciones (terapias/acompañantes) pagadas por el Estado y canalizadas dentro de una misma red. Se trata de acusaciones periodísticas con parte de fuentes en off y no judicializadas a la fecha.
La hermana de Ian denuncia aprovechamiento de su propia madre con la discapacidad de Ian
Morena es hija biológica de Marlene Spesso y hermana de crianza de Ian. En una entrevista con Tomás Díaz Cueto (Laca Stream), rompió el silencio con un testimonio que golpeó el relato oficial: describió manipulación emocional, un relato fabricado sobre la historia familiar y afirmó: “Estoy segura de que lucra con mi hermano”. Es un testimonio periodístico (no una sentencia), pero su impacto obligó a preguntar quién gestiona la imagen de un menor y si existe aprovechamiento económico o simbólico en su exposición.
Antecedentes en Uruguay: pedidos de dinero y “descanso” previo
En Uruguay, un grupo de mamás de niños neurodivergentes denunció públicamente que la madre de Ian exigió para una actividad honorarios por US$ 2.200, estadía, comida y pasajes, cuatro días antes del evento, con el argumento de que el niño “debía descansar antes del evento”. En los hechos, se interpretó como una suerte de vacaciones pagas por familias que buscan contención y herramientas, no financiar giras. Estas denuncias —difundidas por las propias organizadoras— se presentan como pruebas del carácter lucrativo de la agenda y refuerzan la sospecha de que Marlene Spesso no procura ayudar a otras madres, sino aprovecharse de su necesidad, lucrando con la discapacidad y con el trabajo infantil de su propio hijo. Son acusaciones públicas que, como toda denuncia, requieren prueba documental plena y derecho a réplica de la parte señalada.
Más allá de la grieta: el punto ético
Aun si mañana algunas acusaciones se cayeran o se probaran, hay un piso profesional ineludible: un niño en tratamiento no puede ser trofeo mediático ni ariete político. La psicología infantil exige previsibilidad, baja exposición y decisiones centradas en el interés superior del menor. La hiperpolitización, las giras y la monetización de presencias van en dirección contraria.
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