Camioneros en guerra: la feroz interna del clan Moyano que desnuda el ocaso del sindicato intocable

Batallas campales, una causa por fraude millonario, sueldos en cuotas, obra social al borde del colapso y una familia quebrada. La interna de Camioneros ya no es sólo un problema gremial: es la radiografía de un modelo sindical agotado, construido sobre cajas multimillonarias, privilegios y poder político.

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Del gremio temido a la pelea a trompadas

La imagen dio la vuelta al país: dos grupos de afiliados a Camioneros se cruzan durante un torneo de fútbol en el estadio de Argentino de Merlo y todo termina en una salvaje batalla campal, con patadas en la cabeza y barras bravas mezcladas entre los sindicalistas. El trasfondo, coinciden los medios, es la disputa entre los sectores alineados con Pablo Moyano y los que responden a Hugo y Jerónimo Moyano.

El episodio no es aislado. Llega en medio de una investigación judicial por un presunto fraude de alrededor de 10 millones de dólares en el hotel “15 de Diciembre” que administra el gremio en Mar del Plata, y de denuncias de empleados que aseguran haber empezado a cobrar sus sueldos en cuotas.

Es la postal perfecta de un sindicato que durante décadas se vendió como “defensor de los trabajadores”, pero que hoy exhibe un combo de violencia interna, caja en rojo y afiliados desprotegidos.


Feúcho vs Teta: la guerra en la rama de la basura

En el corazón de la crisis aparece la rama históricamente más rica y poderosa del gremio: Recolección de residuos. Allí se libra la pelea entre Marcelo “Feúcho” Aparicio, histórico número 3 de Camioneros y hombre muy cercano a Hugo y Pablo, y José “Teta” Garnica, el referente que bendijo Moyano para manejar el sector.

La interna se disparó cuando, tras la denuncia por sobreprecios en el hotel de Mar del Plata, fueron desplazados el tesorero Paulo Villegas y el secretario administrativo Claudio Balazic, dirigentes ligados a Aparicio y señalados en la causa.

A partir de allí se desató una guerra abierta:

  • volanteadas anónimas acusando a Aparicio de “robarle a Hugo”,
  • asambleas de recolección divididas entre “aparatistas” y “garnicistas”,
  • y un clima de sospecha que llegó incluso a vincular la interna con la presencia de barras de River y de Argentino de Merlo en la pelea del torneo de fútbol.

Para un sindicato acostumbrado a una verticalidad absoluta, ver a dos lugartenientes disputarse la caja de la recolección es una señal inequívoca de desgaste.


Hugo vs Pablo: ruptura familiar y caja en crisis

Detrás de las trompadas, lo que se desmorona es el propio clan Moyano. Distintos informes coinciden en que la relación entre Hugo y su hijo Pablo está prácticamente quebrada: el heredero histórico ya no pisa su despacho del sindicato, se refugió en la presidencia del Club Camioneros y quedó corrido de las negociaciones con empresarios y del manejo de la obra social.

La conducción cotidiana se concentra en Hugo, en su círculo de confianza y en otro de sus hijos, Jerónimo, mientras la esposa del líder, Liliana Zulet, es señalada como la arquitecta del entramado de empresas alrededor del gremio y de la obra social OSCHOCA, hoy con fuertes problemas financieros.

La crisis no es sólo política:

  • la obra social recorta prestaciones y arrastra deudas,
  • hay denuncias de sueldos atrasados y pagos en cuotas a trabajadores del propio sindicato,
  • y se habla abiertamente de un “rojo alarmante” en las cuentas de Camioneros.

El modelo del “sindicato rico y afiliado pobre” muestra sus costuras.


La “Ley Moyano” como arma en la interna y presión sobre CABA

En paralelo, Hugo Moyano volvió a sacudir el tablero con una jugada que mezcla interna gremial y presión política: reflotó la llamada “Ley Moyano” en la recolección de residuos de la Ciudad de Buenos Aires, exigiendo una indemnización masiva para 6.000 trabajadores pese a que ya había firmado un acuerdo para no reclamarla.

El reclamo –equivalente a unos 200 millones de dólares según cálculos difundidos en su momento– no sólo apunta al gobierno de Jorge Macri: también busca seducir a los recolectores y restarle base a Aparicio, que tiene fuerte llegada en esa rama. Para analistas cercanos al sector, se trata de un intento de mostrar quién sigue teniendo el poder real en Camioneros.

Es decir: los mismos mecanismos extorsivos que durante décadas se aplicaron a empresas y Estados se ponen ahora al servicio de una disputa doméstica por la caja.


Las provincias también arden: el caso Corrientes

La descomposición no se limita a Buenos Aires. En Corrientes, la seccional de Camioneros atraviesa su peor crisis en años, con denuncias de malversación de fondos, desplazamientos de autoridades, obra social al borde del colapso y un conflicto que ya llegó a la Justicia Federal y al Superior Tribunal de Justicia provincial.

La Justicia ordenó la restitución del secretario general desplazado, Emilio Rotela, y suspendió asambleas, pero las resoluciones fueron desobedecidas por la conducción interna. El resultado es una parálisis gremial casi total, con afiliados que ven empeorar día a día las prestaciones de salud mientras las distintas listas se pelean por el control de la seccional.

El propio artículo que describe la crisis en Corrientes reconoce que todo esto ocurre en un contexto de “creciente desgaste del liderazgo del clan Moyano” a nivel nacional.


Camioneros, la CGT y el cambio de época

La interna de Camioneros estalla justo cuando la CGT intenta reorganizarse hasta 2029 con un nuevo triunvirato (Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo) para negociar la reforma laboral del gobierno de Javier Milei.

Pablo Moyano, que había sido uno de los tres jefes de la central obrera, quedó afuera del esquema desde fines de 2024, cuando renunció al triunvirato y su propio padre prefirió que lo reemplazara Octavio Argüello, hombre del riñón camionero.

El gremio que durante años marcó el ritmo de la calle, paraba el país y hacía y deshacía alianzas con el kirchnerismo, hoy aparece debilitado, fragmentado y cuestionado justo cuando más se discute la necesidad de modernizar reglas laborales y sindicales.


Lo que revela la interna: un modelo sindical agotado

Lo que ocurre en Camioneros no es un simple “problema de conducción”. Es la consecuencia lógica de un modelo basado en:

  • Monopolios sindicales protegidos por ley,
  • cuotas obligatorias que financian estructuras gigantescas sin control real de los afiliados,
  • cajas multimillonarias administradas por familias eternizadas en el poder,
  • y una relación simbiótica con el Estado y la política (peronismo y kirchnerismo, principalmente) que convirtió a los gremios en socios del sistema, no en contrapesos.

Mientras el discurso oficial habla de “defender conquistas”, las noticias muestran otra cosa: obra sociales fundidas, sanatorios con sueldos sin pagar, violencia interna, negocios paralelos, fraudes investigados y sindicatos que se disputan la caja a los golpes.

La feroz interna de Camioneros es, en definitiva, la metáfora perfecta de un sindicalismo argentino que se resiste a transparentar sus cuentas, democratizar su funcionamiento y aceptar que los trabajadores elijan libremente quién los representa y a qué sindicato quieren aportar.

Hoy la pregunta ya no es sólo quién ganará la pelea dentro del clan Moyano. La pregunta de fondo es otra:

¿Cuánto más puede soportar el país un sistema sindical construido sobre el miedo, la coerción y la caja antes de que la libertad de asociación laboral deje de ser una consigna y se convierta, por fin, en realidad?

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