Clarens declara que recolectaba US$ 300.000 de coimas por semana por orden y para Néstor y Cristina Kirchner

En la tercera audiencia del juicio de los Cuadernos se leyó la confesión del financista Ernesto Clarens, pieza clave en la ruta de las coimas que, según la justicia, integraron Néstor y Cristina Kirchner junto a sus funcionarios y empresarios amigos. El propio arrepentido admitió que fue contratado para transformar sobornos en dólares, ordenar la recaudación semanal de la obra pública, intervenir en licitaciones direccionadas y canalizar dinero para campañas y favores políticos. Un nuevo capítulo de cómo el Estado kirchnerista funcionó como caja privada del poder.

ryeDBLJdX_1256x620__2

Un testigo central de la “ruta de las coimas”

Ernesto Clarens “conoció una parte determinante de la ruta de las coimas” que recaudaban integrantes del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner de empresarios de distintos rubros. Su declaración fue leída en la tercera audiencia del juicio de los Cuadernos, donde comparece como imputado colaborador.

En uno de los pasajes más gráficos de su testimonio, se leyó la frase que lo coloca en el centro de la maquinaria financiera del esquema:

“Yo me ocupaba por cambiar los pesos por dólares”.

El caso se originó en los cuadernos manuscritos del chofer Oscar Centeno, donde se registraban recorridos, bolsos y entregas de dinero. Sobre esa base, el Ministerio Público Fiscal sostuvo que Cristina Kirchner, Julio De Vido, Roberto Baratta, Claudio Uberti, José López, el propio Clarens y otros “integraron una asociación ilícita” que operó al menos entre 2003 y 2015, con el objetivo de montar un sistema de recaudación de fondos ilegales para enriquecerse y financiar otros delitos.


El origen: la “Camarita” y la elección del financista

A mediados de 2005, Carlos Wagner —entonces presidente de la Cámara de la Construcción— convocó a Clarens a una reunión en la Cámara Argentina de Empresas Viales, la famosa “Camarita”. Allí, según relató, le explicaron que el Gobierno nacional había decidido obtener fondos de la obra pública mediante una operatoria que requería de su intervención: él debía recibir el dinero de las constructoras “en concepto de aportes o retornos” y asegurarse de que llegara al secretario de Obras Públicas, José López, o a quien éste indicara.

Carlos Wagner y Cristina Kirchner

Clarens explicó por qué lo eligieron:

“Para Kirchner yo era el financista de Báez”.

Tras ese contacto inicial, Wagner lo vinculó con López y con Lázaro Báez, quienes a su vez le pasaron el teléfono de Daniel Muñoz, secretario privado de Néstor Kirchner. Muñoz le indicaba dónde encontrarse para las entregas, según el monto de dinero a trasladar.


La operatoria: oficinas, bolsos y nombres propios

“Conmigo comenzó la siguiente operatoria”, declaró Clarens. Desde ese momento, los representantes de las empresas empezaron a desfilar por sus oficinas: primero en Maipú 311, piso 2, y luego en Manuela Sáenz 323, piso 7, ambas en la Ciudad de Buenos Aires.

Las empresas enviaban a sus dueños u hombres de máxima confianza: gerentes financieros, contadores, apoderados. Clarens recordó, entre otros, a Collazo por HELPORT, Santiago Altieri por IECSA, Eduardo Kennel por CHEDIACK, el propio Losi en persona, Tito Biaggini por CARTELLONE, Copola por ESUCO, Aznar por DECAVIAL y Gerbi por COARCO. En muchos casos —aclaró— venían los mismos titulares de las firmas a entregar la plata.

Algunas empresas “de confianza” del poder, como CPC de Cristóbal López o Electroingeniería, ni siquiera pasaban por él: tenían línea directa con el circuito político y la recaudación no se canalizaba por su oficina.


“Pesos por dólares”: así funcionaba el corazón del lavado

El mecanismo que describió el financista fue simple y brutal:

  1. La Camarita le dejaba dinero en pesos, junto con una anotación de qué obra se había cobrado, monto y concepto.
  2. Cada entrega representaba alrededor del 10% de lo facturado, es decir, el clásico “retorno” de la obra pública.
  3. Los montos llegaban a unos 300.000 dólares por semana, con frecuencia semanal, aunque con el tiempo fueron bajando porque muchas empresas tenían dificultades para juntar el dinero.

Sobre la situación de las constructoras, Clarens dejó una frase que pinta de cuerpo entero el sistema de extorsión estatal:

las empresas eran “rehenes del sistema, porque Vialidad no les pagaba los certificados”.

Su rol clave era transformar esos pesos en divisas:

“Básicamente, yo me ocupaba por cambiar los pesos por dólares en el mercado informal”, explicó, aclarando que cobraba una comisión que era su propia ganancia en negro.

Para hacerlo, dijo que trabajaba con un corredor llamado Vallarino, operando en cuevas, y en ocasiones utilizaba la mesa de dinero del Banco Finansur como nexo con casas de cambio. Más adelante, Muñoz le pidió que tratara de conseguir euros de 500, porque ocupaban menos espacio físico.


Entregas en el Panamericano y en Juncal & Uruguay

El dinero ya “blanqueado en billete” se entregaba a Daniel Muñoz en dos lugares emblemáticos del poder K:

  • el Hotel Panamericano, donde Muñoz tenía una habitación a disposición;
  • el edificio de Juncal y Uruguay, domicilio del matrimonio Kirchner.

Según Clarens, cuando se trataba de sumas más importantes, Muñoz lo esperaba en el hall de planta baja en Juncal y Uruguay: el financista remarcó que nunca subió al departamento.


La Camarita como mesa de cartelización de la obra pública

Clarens también detalló cómo funcionaba la cartelización de la obra pública coordinada por la Camarita.

Vialidad Nacional llamaba a licitación, las empresas compraban pliegos y luego eran convocadas a una reunión en la cámara. Allí se “cobraban el pase”: si una firma le había cedido una obra a otra en el pasado, reclamaba ahora que esa empresa renunciara a una nueva licitación para compensar. Se discutían los turnos, el ranking de empresas y, si quedaban dos finalistas, muchas veces se armaba una UTE para compartir la obra. Las reuniones podían durar de 10 a 18 horas.

Una vez elegido el ganador, empezaba la discusión por el precio. Clarens contó que las ofertas siempre se iban por encima del presupuesto oficial, en torno al 20% de sobreprecio. De ese plus:

“diez para la coima y diez para generar dinero negro”.

Los adicionales de obra también generaban más coimas, aunque esa recaudación ya no pasaba por sus manos. En total, estimó que el esquema movilizó alrededor de 30 millones de dólares.


Cristina Kirchner, Cristóbal López y la obra “ya adjudicada”

En uno de los tramos más comprometedores, Clarens relató cómo apareció el nombre de Cristina Kirchner en la operatoria.

Dijo que la expresidente ordenó que se adjudicara una obra en el sur —un tramo de la Ruta 40, entre Perito Moreno y Bajo Caracoles— a Cristóbal López, aun cuando la licitación ya se había abierto formalmente.

Según su testimonio, José López lo llamó y le dijo que era un pedido directo de la mandataria. Clarens tuvo que comunicarse con todas las empresas que habían comprado pliegos para explicar que esa obra tenía dueño y que:

“la obra era para Cristóbal López” y que el resto “se tenían que hacer a un lado o acompañar”.

Es decir, la competencia de mercado se sustituía por un simple trámite político: la voluntad de la Presidente.


Salvar a GOTTI, campañas y Sueños Compartidos

Tras la muerte de Néstor Kirchner, Clarens contó que “Cristina quiere salvar a GOTTI”, la constructora que había sido absorbida por el grupo de Lázaro Báez y que estaba en situación desesperada. Por orden de la Presidente, López le transmite que debía darle apoyo financiero para que pudiera trabajar como subcontratista de otras firmas con obras adjudicadas.

Como GOTTI tenía las cuentas cerradas, se firmó un convenio de gestión financiera con COFICRED y, más adelante, la empresa fue comprada por ROVELLA, interesada en su capacidad de obra y equipamiento para entrar en la Patagonia.

La confesión también avanza sobre el financiamiento de la política kirchnerista. Clarens afirmó que, durante 2012 y 2013:

“López me dijo que algunas empresas traerían dinero para la campaña del kirchnerismo”.

Nombró a ESUCO, CARTELLONE, LOSI, CHEDIACK y ROGGIO como aportantes. El circuito era el mismo: cambio a dólares en el mercado informal y entrega de la recaudación a López en un departamento cercano al Hotel Faena, en Puerto Madero.

En 2014-2015, los pedidos continuaron. Ante la consulta de Clarens, López le explicó que había recibido un reclamo “muy fuerte” de Hebe de Bonafini por el programa Sueños Compartidos y que necesitaba 70 millones de pesos para derivarlos a un estudio jurídico de Mendoza. En ese tramo, el financista calculó que recaudó otros 30 millones de dólares para López.

Además, corroboró que:

“José López preparaba el listado del pago de Vialidad con Cristina”,

dejando claro que la entonces presidenta estaba informada de quién cobraba primero.


La bóveda del sur: dinero en efectivo y vuelos oficiales

En el cierre de su declaración, Clarens aportó la imagen que sintetiza el carácter casi feudal del esquema:

Muñoz le comentó que todo ese efectivo se guardaba en “archivos metálicos dentro de una bóveda en el subsuelo de la casa de El Calafate”, propiedad del matrimonio Kirchner, donde se percibía un fuerte olor a tinta por la cantidad de billetes almacenados.

Según el relato, el dinero viajaba los viernes en aviones oficiales que despegaban del sector militar de Aeroparque y aterrizaban en Río Gallegos o directamente en El Calafate. El destino final siempre era la residencia patagónica de los Kirchner.


Un Estado convertido en máquina de recaudar para la política

Lo que surge de la confesión de Clarens no es “un exceso” ni una “desviación”, sino la consecuencia lógica de un modelo que hizo del Estado una empresa de recaudación política:

  • La obra pública se convirtió en una caja de coimas institucionalizada.
  • La competencia empresarial fue reemplazada por carteles coordinados desde la Camarita.
  • Las decisiones sobre quién ganaba una licitación o se salvaba de la quiebra se tomaban por orden directa de la Presidente, no por mérito ni eficiencia.
  • La recaudación ilegal financió campañas, favores a organizaciones amigas y rescates de empresas alineadas, mientras el resto de la sociedad pagaba la fiesta con impuestos, inflación y deterioro de servicios.

El testimonio de Clarens confirma, con nombres, direcciones, montos y diálogos, que durante los años kirchneristas el Estado no fue un “árbitro neutral”, sino el botín de una asociación ilícita de políticos y empresarios amigos.

Para quienes creemos en la libertad, la competencia y el límite al poder estatal, la lección es clara: cuanto más grande y discrecional es el Estado, más fácil es que se convierta en la bóveda privada de quienes lo manejan. Y cuanto más se naturaliza el estatismo, más se condena a los argentinos a financiar —con su trabajo— la corrupción de siempre.

Vikingo logo
El Vikingo
+ posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *