Chaco: cae preso el abogado del clan Sena por abigeato
La detención por abigeato del abogado Ricardo Osuna, vinculado a la defensa del clan Sena, vuelve a sacudir una causa atravesada por polémicas, revictimización y descrédito institucional, y expone cómo las redes de intereses y dinero contaminan incluso los expedientes judiciales más sensibles en la provincia de Chaco.
La causa que conmocionó a la provincia sumó un capítulo insólito: Ricardo Ariel Osuna, uno de los abogados vinculados a la estrategia defensiva del clan Sena, fue detenido en el marco de una investigación por abigeato (robo de ganado), un delito históricamente asociado al entramado más rústico —y a la vez más rentable— de economías paralelas en el interior del país.
Un giro que golpea de lleno a la credibilidad de la defensa
Según reportes locales, el procedimiento terminó con Osuna privado de la libertad y, posteriormente, habría recuperado la libertad bajo fianza, con restricciones como la prohibición de salir de la provincia por un período.
Para el caso Sena, el dato no es menor: no se trata de un personaje “lateral”, sino de un abogado que ganó notoriedad pública por su exposición mediática y por un estilo de intervención que, en distintos momentos, generó rechazo social.
El antecedente que encendió el repudio: de la defensa técnica a la provocación
Osuna ya había quedado en el centro de la polémica por expresiones consideradas agraviantes hacia la víctima y su familia, en un tono que muchas voces interpretaron como revictimización y que activó repudios en la calle y en redes. Sin entrar en la discusión de simpatías o antipatías, el punto político-institucional es más profundo: cuando un expediente de alto impacto queda rodeado por figuras que operan al límite de lo ético, la confianza pública se erosiona y el proceso se contamina.
Un equipo legal en permanente turbulencia
En las últimas semanas también se reportaron episodios llamativos alrededor de la defensa, como la detención de otro abogado vinculado al caso, Nicolás Boniardi Cabra, en un episodio que volvió a tensionar el clima judicial y mediático.
En ese marco, la detención de Osuna acelera lo inevitable: la necesidad de reconfigurar la estrategia legal, con el costo reputacional que eso implica para los acusados y con un efecto colateral evidente: más dudas sobre el ecosistema de poder que rodea al caso.
Abigeato: el delito “silencioso” que muestra cómo funciona la impunidad en el interior
El abigeato no es un delito menor “de campo”: en muchas zonas funciona como una economía criminal aceitada, con logística, reventa y protección informal. Cuando quien cae en esa investigación es un abogado de alto perfil, el mensaje es brutal: no hay fronteras claras entre ciertos mundos que deberían estar separados.
El punto de fondo: sin instituciones firmes, manda la red
El drama argentino —y Chaco es un espejo crudo— es que la política y sus satélites suelen construir zonas grises de impunidad: operadores, intermediarios, “gestores”, vínculos, favores, aprietes. Y cuando todo eso se mezcla con causas judiciales sensibles, el resultado es el mismo de siempre: la ciudadanía mirando desde afuera un sistema que parece blindado para los de adentro.
Lo que ocurra ahora con Osuna (su situación procesal, la investigación y sus derivaciones) será clave no solo para su futuro, sino para medir si la Justicia está dispuesta a atravesar la niebla de nombres pesados, relaciones y estructuras que, durante años, en el interior del país se comportaron como si fueran intocables.
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