Intendente de La Cámpora de Lanús de extorsionador a extorsionado por empleados municipales izquierdistas

Tras los disturbios por los “trapitos” en Quilmes —con enfrentamientos, represión y un audio cruzado entre Mayra Mendoza y Juan Grabois— la tensión se trasladó a Lanús, otro distrito gobernado por La Cámpora. La postal del conurbano en vísperas de fin de año expone una guerra por poder, cajas y territorio dentro del mismo universo kirchnerista: cuando no hay acuerdo, la presión callejera pasa a ser método de negociación.

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En menos de 48 horas, dos municipios gobernados por La Cámpora quedaron en el centro de escenas que el kirchnerismo conoce de memoria… pero esta vez como víctima de su propio método: presión callejera, intimidación y violencia. Primero fue Quilmes, con enfrentamientos, represión y detenidos en una protesta vinculada a la regulación de los “trapitos”. Después le tocó a Lanús: manifestantes prendieron fuego el árbol de Navidad frente al palacio municipal y dejaron una amenaza grabada en video.

Del Concejo Deliberante al fuego: qué pasó y dónde

El 22 de diciembre de 2025, en Quilmes, militantes identificados con el MTE, organización fundada por Juan Grabois, protestaron contra una ordenanza municipal que busca ordenar (y regular) la actividad de cuidacoches. La movilización derivó en enfrentamientos con la Policía, con heridos y detenidos, y disparó un cruce político abierto entre Mayra Mendoza y Grabois.

Al día siguiente, 23 de diciembre de 2025, el conflicto se mudó a Lanús, municipio gobernado por el camporista Julián Álvarez: organizaciones vinculadas a UTEP y Movimiento Evita se movilizaron frente al edificio municipal, y la escena escaló cuando prendieron fuego el árbol de Navidad ubicado en la puerta. En los videos se escucha la frase: “Si no viene Julián, acá no hay Navidad para nadie”.

La amenaza explícita y el mensaje mafioso

Lo más revelador no fue solo el fuego: fue el mensaje. Mientras el municipio amanecía vallado y con fuerte custodia, uno de los manifestantes lanzó una advertencia textual: “Si no baja el intendente, va a pasar lo de Quilmes”. Es decir: o negocian, o hay disturbios. El intendente nac&pop, el del pueblo, no se animó a bajar.

Los reclamos declarados incluyeron mejoras salariales (se mencionaron ingresos alrededor de $130.000–$140.000) y asistencia alimentaria para comedores, además de pedidos de caja navideña y aguinaldo. Pero el método elegido volvió a ser el mismo: cortar, presionar y escalar el conflicto frente a la comunidad.

La interna del peronismo, al rojo vivo

Lo que hasta ayer era “militancia” en territorios ajenos, hoy se convirtió en guerra interna. En Lanús hubo presencia del Movimiento Evita, al que ubica “alineado” con Axel Kicillof dentro de la interna bonaerense, y que desde sectores municipales leyeron la protesta como un piquete con “intencionalidad política”.

Y el dato político clave: en La Cámpora ya hablan abiertamente de operación. En el corazón camporista sostienen que detrás de la movida de Grabois/Evita/UTEP estaría el gobernador, mientras desde La Plata lo niegan y dicen concentrarse en la gestión y en el armado del Movimiento Derecho al Futuro (MDF).
En paralelo, el propio MDF aparece en notas recientes como el instrumento de Kicillof para alinear intendentes y construir poder territorial.

“Alinear” también por caja mediática

En el kirchnerismo, la disciplina muchas veces no se construyó con debate: se construyó con caja. Y la pauta es una de las cajas más eficaces. Entre enero y septiembre de 2025 la Provincia adjudicó cifras millonarias en publicidad oficial a plataformas vinculadas a El Destape (medio dirigido por Roberto Navarro).
Más allá de las lecturas políticas, lo verificable es que en listados oficiales publicados en el sitio de normas bonaerenses aparecen órdenes con destinos como.

Pobre Quilmes, pobre Lanús: el vecino siempre paga

Al final, el ciudadano queda atrapado en una escena absurda: paga impuestos para sostener municipios sobredimensionados y, a la vez, debe convivir con un esquema donde la calle se usa como palanca de negociación. En Quilmes, el vecino termina con dos “opciones” igual de malas: o paga al sistema municipal de Mayra Mendoza o paga al sistema paralelo de los trapitos. Y cuando la interna estalla, el costo vuelve a caer sobre el de siempre: el laburante.ocial”. En la práctica, se pareció más a un mensaje interno hacia intendentes del propio espacio: sin mesa, sin respuesta y sin caja, el conflicto se empuja con presión callejera.

El dato incómodo: Lanús discutía “tasas” y presión fiscal mientras llegaba el apriete

Lanús venía de estar en el centro de otra polémica: la presión fiscal municipal. En una sesión extraordinaria, el Concejo Deliberante aprobó un aumento de tasas y se mantuvieron gravámenes como el 6% a supermercados y el 2% a combustibles, además de habilitar ajustes por inflación para la Tasa de Servicios Generales.

La discusión escaló a nivel nacional en redes: La Nación registró el cruce entre el intendente Álvarez y el ministro Luis Caputo, en el marco del relevamiento de tasas municipales. Allí se menciona a Lanús como uno de los distritos con mayor carga sobre ciertas actividades (por ejemplo, el 6% en el relevamiento citado).

Y es ahí donde la contradicción política se vuelve evidente: los intendentes que construyeron su identidad denunciando “ajuste” y “represión” hoy se ven forzados a vallar municipios y poner Infantería para contener a organizaciones que también orbitan el mismo universo político. Todo, además, en distritos donde la discusión de fondo es siempre la misma: ¿quién paga la cuenta?

Cuando el piquete se vuelve “herramienta” dentro del propio peronismo

Lo que se vio entre Quilmes y Lanús no es solo un choque personal entre dirigentes. Es una radiografía de un modelo que termina devorándose a sí mismo: años de construcción de intermediación —punteros, cooperativas, organizaciones sociales con poder territorial— derivan en que, ante un “no” o ante una puerta que no se abre, la herramienta de negociación no sea institucional sino la calle.

En Quilmes, el disparador fue el intento de ordenar (y tocar intereses) alrededor de la actividad de cuidacoches y el estacionamiento medido; en Lanús, el reclamo fue salarial y alimentario, pero el clima quedó explicitado con amenazas “estilo Quilmes” y con un hecho de alto impacto simbólico: el incendio del árbol navideño.

“Pobre Quilmes”: la caja, el vecino y la extorsión cotidiana

Para el vecino, la interna tiene una traducción muy concreta y brutal: paga impuestos y tasas, financia estructuras municipales, y al mismo tiempo queda rehén de circuitos paralelos que muchas veces operan como peajes informales en el espacio público.

En Quilmes, el conflicto dejó una sensación de “doble mostrador” que no se disimula: si la política no ordena, el territorio lo ordena otro. Y cuando dentro del mismo peronismo se disputan quién controla esa caja y ese poder, el contribuyente queda en el medio.

Así, el vecino termina con dos opciones igual de malas: o banca el costo del aparato municipal, o banca —por miedo o por desgaste— el costo de la calle tomada. Pobre Quilmes. Y pobre Lanús.

Lo que estas jornadas dejaron a la vista es que el problema no es solo de nombres: es un sistema. Y cuando el sistema entra en crisis, la “negociación” deja de ser política para volverse, directamente, intimidación.

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